Hosni Mubarak: “La historia me juzgará por mis méritos” | Política | DW | 01.02.2011
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Política

Hosni Mubarak: “La historia me juzgará por mis méritos”

El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, anunció que no se presentará a la reelección, pero dejó entender que no dimitirá ni abandonará el país; mientras tanto, los egipcios siguen clamando en las calles por su renuncia.

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Hosni Mubarak pronunció un discurso televisado en la noche del 1 de febrero.

En un discurso transmitido por televisión en la noche del 1 de febrero, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, anunció que no se presentará a la reelección cuando concluya su mandato en septiembre. En las palabras dirigidas a los manifestantes que desde hace ocho días exigen su renuncia, Mubarak aseguró que garantizará un traspaso pacífico del poder y que, hasta el final de su presidencia, allanará el camino para las elecciones libres y la enmienda de la Constitución.

Continúa el clamor por la dimisión de Mubarak

El mandatario egipcio agregó que pidió a su vice presidente, Omar Suleiman, iniciar el diálogo con todas las fuerzas políticas. "Los acontecimientos de estos días demandan de nosotros que elijamos entre el caos y la estabilidad", dijo Mubarak, dejando entender que no abandonaría Egipto. "Este país es mi patria y voy a morir en suelo egipcio (...) La historia me juzgará por mis méritos", declaró el presidente.

Sin embargo, las decenas de miles de personas reunidas en la Plaza Tahrir de El Cairo siguieron clamando por su dimisión después de escuchar su discurso. Un portavoz del movimiento juvenil egipcio 6 de abril desestimó la posibilidad de que la oposición llegue a un compromiso político con Mubarak. "Nosotros lo rechazamos porque no cumple con nuestros reclamos", acotó el vocero del movimiento y subrayó que lo que se espera del presidente egipcio es que dimita de inmediato.

Evocando la caída del Bloque del Este

A estas alturas, no faltan los analistas que establecen paralelismos entre la desintegración del Bloque del Este y la actual situación en el Magreb y Oriente Próximo: una revolución surgida desde dentro y desde abajo que reclama libertad y democracia, sorprendiendo al mundo, a sus propios políticos y generando un efecto dominó.

Entre uno y dos millones de personas se calcula que participaron en las protestas convocadas para hoy martes (01.02.2011) en todo Egipto. “¡Despierta, hoy es tu último día!”, le gritaban manifestantes a Hosni Mubarak en la Plaza Tahrir de El Cairo. Hasta el próximo viernes le ha dado la oposición de plazo al todavía presidente para que se retire. A partir de ese momento, exigen que se convoque un gobierno de unidad nacional, que se disuelvan las Cámaras y se cree un grupo de trabajo para redactar una nueva Constitución.

La encrucijada egipcia

“La posibilidad de que se forme una mesa redonda como sucedió en las transiciones de los regimenes comunistas me parece factible”, opina Stephan Stetter, politólogo de la Universidad del Ejército Alemán en Múnich.

Entwicklung der Unruhen in Ägypten Flash-Galerie

Se pidió una "marcha millonaria" contra Hosni Mubarak, y lo fue.

Existe, sin embargo, otra comparación posible que resulta menos grata a los ojos de Occidente: la que se traza con la revolución iraní. Ésta no termina en transformaciones pacíficas que desembocan en Estados de derecho, sino con las esperanzas democráticas del pueblo ahogadas en el fundamentalismo religioso. “Mubarak es historia, pero la partida acaba de empezar”, dice Cilja Harders, profesora en la Universidad Libre de Berlín.

¿República islámica?

Si en Egipto se celebraran elecciones libres, ganarían los Hermanos Musulmanes, dan por sentado los expertos. No obstante, esta formación no lograría hacerse con la mayoría absoluta, y tampoco es equivalente a las que implantaron la república islámica iraní: sus dirigentes no son clérigos, sino intelectuales; su base no son las clases bajas, sino las medias; y carece de un líder con el poder de convocatoria del ayatolá Ruhollah Jomeini.

Los Hermanos Musulmanes no se atreverían a anular el acuerdo de paz firmado con Israel, asegura el africanista Thomas Hasel. En general, no está entre los objetivos de los egipcios el “sustituir una dictadura por otra”, considera. Lo único que en opinión de Hasel podría fertilizar el suelo para el establecimiento de un sistema religioso sería una represión violenta del movimiento democrático que radicalizase la situación. Y en esto, el ejército juega un papel fundamental.

Ausschreitungen in Ägypten Flash-Galerie

El ejército juega en las transformaciones egipcias un papel fundamental.

El ejército, la figura clave

“Esperamos que todo transcurra pacíficamente”, declaró la canciller alemana, Angela Merkel, desde Tel Aviv, donde se encuentra de visita oficial, al tiempo que calificaba de “señal importante” el que las fuerzas armadas “hayan dicho que los ciudadanos tienen derecho a manifestarse”. El ejército estuvo presente durante el transcurso de las protestas, pero no intervino. En las estrecheces por las que pasa Mubarak, esta actitud parece haber sido decisiva. Ahora la pregunta es cómo piensan comportarse en lo sucesivo los círculos castrenses egipcios.

“No creo que la casta militar se vaya a retirar tan fácilmente”, advierte Hasel. “Y en una apertura democrática está sólo relativamente interesada”, añade Cilja Harders, “aunque es cierto que el hecho de que renuncie a disparar contra manifestantes pacíficos es un indicio positivo”.

Proteste in Ägypten gegen Mubarak Regime Forderung nach Rücktritt Demonstration Kairo

Una renuncia de Mubarak es lo únco que los manifestantes se dicen dispuestos a aceptar.

Nueva era… ¿más allá de Egipto?

Así las cosas, para los que no creían que Egipto pudiera desestabilizarse como Túnez y no veían a Hosni Mubarak subido a un avión camino del exilio, la realidad estará superando toda ficción imaginable. Amr Mussa, el secretario general de la Liga Árabe y ex ministro de Exteriores egipcio, hablaba hoy del comienzo de una “nueva era” y descartaba que una vuelta al estado anterior a las protestas sea posible.

Y de nuevo aparece la incógnita, en esta ocasión acerca de las repercusiones que los sucesos a orillas del Nilo puedan tener en el conjunto de la región, que no se perfilan pocas: en Jordania, el rey Abdulá II ha destituido al primer ministro, ordenado la formación de un nuevo Gobierno y asegurado que habrá reformas. También el presidente sirio se apresura a prometer cambios, en respuesta a las manifestaciones que contra la corrupción y la represión han sido convocadas en el país para los próximos viernes y sábado. En Argelia, los sindicatos anuncian, siguiendo el ejemplo egipcio, la declaración de huelgas masivas.

LB/ rtrd/ dpa/ ap

Editor: Pablo Kummetz

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