Fischer-Dieskau, el adiós de un viajero mítico | Música | DW | 19.05.2012
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Música

Fischer-Dieskau, el adiós de un viajero mítico

Ha muerto un barítono excepcional y un mito de la interpretación del siglo XX. En la memoria de todos los aficionados quedan las estremecedoras actuaciones y la entrega al arte de Fischer-Dieskau.

Der Bariton Dietrich Fischer-Dieskau, aufgenommen am Montag (16.05.2011) in seinem Haus in Berlin. Foto: Britta Pedersen

Dietrich Fischer-Dieskau

“Llegué como un extraño, como extraño me marcho”. Con este verso arranca el ciclo de poemas Winterreise (Viaje de invierno) puesto en música por Franz Schubert e inmortalizado en el siglo XX por la voz del barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau. La serie narra en 24 canciones las desventuras de un viajero tras una decepción amorosa que tiene lugar durante el mes de mayo, un mes de mayo cualquiera. Ese es precisamente el mes en el que Fischer-Dieskau vino al mundo en el año 1925 y en el que se ha marchado para siempre, a los 86 años de edad.

El desolador viaje emocional del protagonista de Winterreise poco tiene que ver con la vida de Fischer-Dieskau. El barítono gozó de un aura de mito en vida. Convertido en celebridad internacional, gracias sobre todo a sus actuaciones durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta, Alemania llora hoy su muerte.

Un artista de otros tiempos

Fischer-Dieskau perteneció a una categoría de artistas capaces de convertir sus actuaciones en algo mágico. No solo por su voz irisada y varonil, su infinita capacidad para la inflexión vocal y el matiz, su nítida dicción y su profunda penetración psicológica de los textos que cantaba. Fischer-Dieskau tenía una forma tan honda como alada de trasladar al oyente las pequeñas joyas del género del lied, todo un alarde de poesía canora. El público gozaba de sus interpretaciones carentes de artificio, recreando los lieder de manera tal, que parecía que solo de esa manera y no de otra podían ser cantados. Su conocimiento no solo musical, sino filológico lo convirtieron en el intérprete por excelencia para la entonación del lied romántico.

Dietrich Fischer-Dieskau dedicó su vida con apasionada entrega al arte del canto

Dietrich Fischer-Dieskau dedicó su vida con apasionada entrega al arte del canto

Para la historia de la fonografía quedará para siempre su grabación en 1963 del Winterreise junto al pianista Gerald Moore, que a su vez acompañó a Hans Hotter, otro insigne barítono alemán cuyo arte vocal fue siempre un ejemplo para Fischer-Dieskau. Grabó prácticamente todo el repertorio liederístico de Schubert y descubrió al mundo canciones desconocidas de muchos otros compositores de la tradición romántica. Su labor de divulgación del género al género de lied no se limitó al disco. El barítono estudió concienzudamente la técnica del canto tal y como fue transmitida en manuales de referencia del siglo XIX. Sus interpretaciones y su magisterio quedaron impregnados por esas lecturas.

Un artista polifacético

Pero el cantante alemán no fue solo un sobresaliente intérprete de lied. De imponente presencia escénica, fue también un reputado cantante de ópera, destacando su participación en el Festival de Bayreuth y en Salzburgo. También frecuentó los teatros de Berlín, Múnich y Hamburgo. Aunque obtuvo su primer papel operístico en el Don Carlo, de Verdi, donde realmente logró relevancia fue en papeles wagnerianos y straussianos.

Fischer-Dieskau (izquierda) recibe instrucciones de Wieland Wagner sobre su personaje de Wolfram en el Tannhäuser de Wagner en el Festival de Bayreuth de 1961

Fischer-Dieskau (izquierda) recibe instrucciones de Wieland Wagner sobre su personaje de Wolfram en el Tannhäuser de Wagner en el Festival de Bayreuth de 1961

Trató de componer, aunque pronto abandonó esta ocupación, y escribió varios libros relacionados con la música. Además, abordó la dirección de orquesta y, desde su retirada en 1992, ocupaba su tiempo en la pintura, un arte en el que encontraba grandes paralelismos con la música. Quienes lo conocieron ponderan su integridad, su rectitud y su entrega a un arte que él mismo consideraba en peligro de extinción. Fischer-Dieskau, que también cantó la música de compositores de su tiempo y participó en el estreno del Réquiem de Guerra de Britten, se preguntaba cuál sería el futuro del lied.

Rodeado de grandes figuras

El canto presidió siempre la vida de Fischer Dieskau, también durante su época en el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial. Apresado por los aliados en Italia, su voz entretuvo a soldados de uno y otro bando durante los dos años que duró su arresto.

Tras la contienda, se subió al escenario para abordar el Réquiem Alemán de Brahms, una obra que le emocionaba y que lo acompañó hasta el final de su carrera. Vivió siempre rodeado de nombres míticos de la interpretación del siglo XX, desde directores como Ferenc Fricsay, Bruno Walter y el mismísimo Furtwängler, pasando por cantantes como Elizabeth Schwarzkopf y Victoria de los Ángeles y pianistas como Gerald Moore, Daniel Barenboim y Sviatoslav Richter. Pero, a pesar de su celebridad, supo recrear fielmente, cual humilde caminante con mal de amores, la inmensidad del género liederístico.

Autora: María Santacecilia
Editor: Enrique López

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