Ferromodelismo: para Märklin, todo sigue sobre rieles | Economía alemana | DW | 13.12.2013
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Economía alemana

Ferromodelismo: para Märklin, todo sigue sobre rieles

Märklin es una de las grandes marcas alemanas, y el ferromodelismo es su especialidad. La empresa cayó en la insolvencia pero se recuperó, y sigue produciendo los trenes favoritos de los coleccionistas.

La marca de ferromodelismo Märklin pertenece a una de las empresas familiares alemanas de más éxito, con más de 150 años de tradición. En 2012, esta compañía con sede en Göppingen, registró ganancias por cerca de 10 millones de euros.

El reino de los trenes está a casi media hora de Stuttgart, en el sur de Alemania. Mejor dicho, el reino de los trenes en miniatura, tan preciados por los coleccionistas de ferromodelismo. La firma Märklin produce sus locomotoras y vagones en Göppingen desde hace mucho tiempo. Pero hace cuatro años –justo para su aniversario 150- tuvo que declararse insolvente.

Florian Sieber, einer der Geschäftsführer bei Märklin

Florian Sieber, uno de los gerentes de Märklin.

La bancarrota, sin embargo, ya se veía venir hace tiempo. Los propietarios de esa época no lograban ponerse de acuerdo y encontrar un curso unificado para la empresa, y así fue como ésta tuvo que ser vendida a una financiera en 2006. Pero eso tampoco fue de mucha ayuda. En 2009 se declaró insolvente, pero no tuvo que cerrar. “Märklin estaba en muy buenas condiciones, y el ambiente laboral era bueno, a pesar de todo”, dice Florian Sieber, cuyo padre asumió la dirección de la empresa. Desde que se otorgó más responsabilidad al personal ya existente, experto en el rubro y en el producto, todo parece ir viento en popa, añade. O mejor dicho, sobre rieles.

Clientela fiel al ferromodelismo

Mientras que en el directorio de la compañía hubo muchos cambios, la clientela siguió fiel a los trencitos Märklin. Los coleccionistas son, sobre todo, de hombres de cerca de 40 años. Una locomotora cuesta aproximadamente 300 euros. Los verdaderos fans del ferromodelismo están organizados en clubs y asociaciones, y visitan la fábrica en Göppingen para ver de cerca cómo se fabrican los modelos. El amor al detalle y la precisión en la producción son algunos de los motivos de su alta calidad, además de los materiales que se utilizan.

En la sección de planeamiento nacen las mejores ideas, dice Seiber. En especial en lo que se refiere a trenes históricos, como el “Big Boy”, del cual aún sólo quedan 25. Para construirlo, se envió personal a EE. UU., donde se fotografiaron los originales, explica Eric-Michael Peschel, empleado de la empresa. Se tomaron cerca de 2.000 fotografías. Además, los empleados viajaron en el “Big Boy” y grabaron los sonidos originales que luego se colocaron en piezas electrónicas en el trencito modelo.

Sede de Märklin, en Göppingen.

Sede de Märklin, en Göppingen.

Una vez concluida la fase de planificación, se fabrican los moldes para la fundición, en los cuales se vierte zinc para obtener el formato básico del tren, cuidando mucho de los detalles, por más pequeños que sean. “En los últimos años desarrollamos un procedimiento gracias al cual es posible elaborar los detalles ya durante el fundido, incluso en los remaches”, explica Peschel. “Nuestros clientes los cuentan”, asegura.

Después del fundido se liman las piezas, se laquean y se les realizan inscripciones. Una gran parte del trabajo se hace a mano, e incluso las inscripciones, que a veces son tan pequeñas que hay que leerlas con lupa, corresponden exactamente con las del original. Los fanáticos del ferromodelismo notarían cualquier diferencia. En la fase final se fabrican las partes de plástico y se colocan los cables.

Los trenes modelo de Märklin se han vuelto cada vez más complejos y ricos en detalles, dice Florian Sieber: “Actualmente construimos locomotoras con alrededor de 300 piezas, con partes electrónicas y mecánicas muy complejas, además del engranaje”. Dado que para cada una de esas partes hay que fabricar un molde aparte, no es posible utilizar los moldes de otros modelos, lo cual encarece la producción. Eso explica que la construcción de una locomotora lleve casi dos años y tenga un costo de 900.000 euros.

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