Enzima artificial podría disociar toxinas en el cuerpo humano | Eurodinámica | DW | 08.04.2011
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Eurodinámica

Enzima artificial podría disociar toxinas en el cuerpo humano

En un futuro no tan lejano enzimas creadas artificialmente podrían eliminar toxinas y grasas del cuerpo humano. Científicos daneses ponen exitosamente en práctica un principio novedoso.

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Estructura cristalina de la Quimotripsina, una enzima digestiva.

Investigadores en el mundo entero trabajan en sus laboratorios con sustancias y componentes sintéticos y frecuentemente descubren así estructuras biológicas inexistentes en la naturaleza. Químicos en Copenhague elaboraron una enzima que podría disociar las toxinas en el cuerpo humano. Los científicos daneses esperan que en el futuro estas enzimas encuentren aplicación en las más diversas áreas.

Según Mikael Bols, director del Instituto de Química, de la Universidad de Copenhague, crear moléculas en el laboratorio no es algo tan abstracto como parece.

“Queremos probar si podemos alterar las propiedades de las enzimas, al igual que lo hace la naturaleza. Para ello combinamos moléculas y otorgamos determinadas características a nuestra enzima sintética. Aspiramos también a crear así rasgos distintivos, que hasta ahora no existen en la naturaleza, pero pueden ser de gran utilidad en muchas áreas.”

Gracias a una enzima sintética podría ser posible ya dentro de muy poco desatar reacciones bioquímicas hasta ahora impensables en el cuerpo humano, opina Bols. Esto permitiría, teóricamente, diseñar una generación completamente nueva de medicamentos, que trabajen al igual que las moléculas propias al cuerpo humano. Pero, para realizar este sueño el científico danés tuvo que encontrar primero la herramienta adecuada, es decir, el elemento químico con el cual se pueden determinar y variar las características de las enzimas.

“La idea básica de nuestra síntesis química radica en el trabajo con las ciclodextrinas, que son moléculas que pueden fijar otras moléculas. Apenas entran en contacto con determinadas moléculas, interactúan con ellas y las transforman. Es así que creamos las enzimas artificiales.”

Las enzimas sintéticas miden apenas diez ångström – la unidad de medida para expresar longitudes de onda. Comparadas a las enzimas presentes en la naturaleza, aquellas en versión artificial son realmente diminutas. Lo cual también se refleja en su aún reducida capacidad de reacción, ubicada actualmente en tan sólo el uno por ciento, frente al rendimiento de una enzima natural. Mikael Bols, sin embargo, no duda en poder aumentar este valor con el correr del tiempo. En los últimos diez años Bols y su equipo ya lograron obtener una disponibilidad de reacción 25 veces mayor y probar así que el principio funciona. Basados en el mismo, los científicos pudieron con éxito hacer de la esculina, una sustancia inofensiva. La esculina es un glucósido tóxico, que se encuentra sobre todo en la castaña de indias y puede causar malestar, espasmos, vómitos e incluso la muerte.

“Nuestros enlaces pueden llegar a disociar azúcar de moléculas, pero aún queda mucho camino por recorrer. Por primera vez logramos llevar a la práctica el principio y teóricamente podríamos utilizarlo para destruir toxinas, al menos en algunos casos.”

El científico ya está reflexionando sobre otras posibilidades más, como, por ejemplo, la creación de enzimas que logren disociar efectivamente la grasa en el cuerpo humano. Estas enzimas podrían ser añadidas a distintos alimentos, ya durante el proceso de producción. Pero eso aún es utopía y, por lo general, pasan unos diez años hasta que productos de este tipo estén aptos para ser comercializados. Sin embargo, Mikael Bols no pierde el optimismo:

“Mi sueño es que algún día utilicemos las enzimas artificiales como nueva forma de medicamentos. Las enzimas en general actúan como catalizadores, sería pensable entonces, por ejemplo, que ataquen directamente las toxinas en la sangre, volviéndolas inocuas. Una pequeña cantidad de enzimas artificiales ya podría ser muy beneficiosa para un paciente.”

Autora: Valeria Risi

Editor: Enrique López Magallón

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