Elecciones en Bolivia: la clave es la economía | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 18.10.2019
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América Latina

Elecciones en Bolivia: la clave es la economía

Este domingo Bolivia elegirá un presidente para el periodo 2020-2025. Evo Morales buscará una nueva reelección apoyado en el sostenido progreso económico. La oposición, fragmentada, impugna la candidatura.

El domingo Bolivia elegirá un nuevo presidente para el período 2020-2025. El actual mandatario Evo Morales, en el poder desde 2006, buscará una nueva reelección. La oposición, dividida, intentará que haya segunda vuelta. Fue una campaña marcada por la guerra de encuestas en la que sectores opositores impugnan la candidatura de Morales y el Gobierno se muestra como el único capaz de mantener la estabilidad económica.

Las encuestas anuncian un final cerrado, pero todas coinciden en que Morales saldrá primero. La pregunta es si le alcanzará para superar el 50 por ciento o si logra obtener más de 40 puntos con una diferencia de 10, como establece la Constitución como requisitos para alzarse con una victoria en primera vuelta. 

En opinión del economista y también coordinador de la fundación Konrad Adenauer en Bolivia Iván Velásquez, durante la campaña "se debatieron más encuestas que programas”. Y en diálogo con DW agrega que mientras el oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) puso el acento en su exitosa gestión económica en estos 13 años, "la oposición no ha presentado una propuesta programática sólida que haga contrapeso: esa fue su debilidad. No pudieron mostrarle a la población que son un opción diferente”, asegura.

Un nuevo orden

El eslogan de campaña del MAS es la estabilidad y la prosperidad económica. El propio Morales destaca que al momento de ganar las elecciones en 2005 la inestabilidad reinaba no solo en Bolivia, sino en otros países de la región como Ecuador y Argentina. A su llegada al poder, sus prioridades fueron la nacionalización de los hidrocarburos y la redacción de una nueva Constitución. El hecho de que un indígena y cocalero asumiera la presidencia y llevara adelante ambas medidas dio forma a lo que el oficialismo llamó "Revolución Democrático Cultural”. 

Eran tiempos duros, en los que ningún proyecto prevalecía sobre otro. "Empate catastrófico”, llamaba el vicepresidente Álvaro García Linera al período que comenzó en 2006 y se extendió hasta 2009. El presidente no podía aterrizar en algunas zonas del país, había constantes hechos de violencia e incluso focos de rebelión armada. 

Luego de poner en orden lo político llegó el tiempo de la economía y de la administración. Hoy el gobierno muestra índices notables: baja de la pobreza y de la pobreza extrema (de 38% a menos del 15) baja en los índices de desigualdad, crecimiento sostenido del PBI, control de la inflación y bolivianización de los ahorros. 

Tras tres reelecciones, en 2016 se le preguntó a la población boliviana en un referendo si estaban de acuerdo con modificar la Constitución para habilitar la reelección indefinida. Perdió, pero luego la Justicia lo habilitó a presentarse y hoy Morales tiene serias chances de continuar en el poder. 

Sin embargo, para Marcelo Arequipa, politólogo y docente de la Universidad Católica de La Paz, la idea de que hoy Morales se presente como la única garantía de estabilidad encarna también ciertos riesgos: "Es un mensaje que se está cimentando en una lógica tecnocrática de la administración del poder y ese no es el fuerte simbólico de Morales. Al presentarlo así, no explotan lo que simboliza Evo sino lo que puede significar una buena administración pública. Sirve para la coyuntura, pero no para algo de largo aliento”, asegura. 

Si las encuestas no están muy equivocadas y luego del 49 por ciento que el oficialismo obtuvo en 2016, se puede pensar que el apoyo al MAS sea de entre 40 y 45 puntos. Si así fuera, seguiría siendo con diferencia la primera fuerza del país. Pero hay un dato clave para pensar el futuro: en 2005 Morales obtuvo casi el 54 por ciento, en el referéndum revocatorio de 2008 el 67, en las presidenciales de 2009 el 64 y en las de 2014 el 63. Estos números le dieron también el control de los dos tercios del congreso, escenario que difícilmente se repita después del domingo.

Las dificultades

Varias razones explican el desgaste del oficialismo. Por un lado, el mismo paso del tiempo. Luego, la derrota en el referéndum de 2016 y, en el último tiempo de la campaña, hechos como los incendios en la Chiquitania, también contribuyeron en parte al deterioro de su imagen. 

Bolivien Morales Protest (Reuters/D. Mercado)

Manifestación en La Paz, el 10 de octubre.

"Se dice que se han quemado un tamaño igual al departamento de Cochabamba”, explica Velásquez. Sectores de la opinión pública responsabilizan al gobierno de haber avalado de modo indirecto estos incendios mediante una serie de medidas con el fin de expandir la frontera agrícola y ganadera. "Siempre hay chaqueos y quemas de agosto en adelante. Pero en este periodo este año hubo más: caña de azúcar para etanol, pastizales para la ganadera o soja para el biodiesel; y se piensa que también para la hoja coca”, agrega. No obstante, en las encuestas, el daño electoral de estos hechos parece marginal. 

Hoy son varios los frentes que cuestionan al Ejecutivo, a veces con violencia. Recientemente hubo disturbios en Santa Cruz y en Potosí, en el marco de actos de campaña de Morales. Sin embargo, las demandas de cada región son diversas y no están articuladas entre sí. "La fractura histórica regional es de larga data. No se trata de desconocer a Morales sino de una pugna por ver quién gobierna a las élites de esas regiones”, afirma Arequipa, en relación a las tensiones que se viven en la próspera Santa Cruz.  

"En Potosí fue diferente, porque las protestas datan de problemas del comité cívico con el gobierno”, añade Velásquez. Son sobre cuestiones más concretas: "Los problemas tienen que ver con promesas incumplidas por regalías, conflictos mineros con cooperativistas y sobre el litio”, añade.

Sin embargo, mirando hacia el futuro, Arequipa ve posibilidades para la derecha. "La izquierda está detenida en el tabú de pensar la sucesión de Morales”, afirma.  

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