El principio del fin | Alemania | DW | 27.09.2009
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages
Publicidad

Alemania

El principio del fin

Angela Merkel logró su objetivo: podrá formar una coalición entre cristiano-demócratas y liberales. Esto sin embargo no es mérito propio sino producto del catastrófico resultado de la socialdemocracia.

default

La victoria no puede ocultar la realidad: éste es el comienzo del fin del gobierno de Angela Merkel. Su partido, la Unión Cristiano Demócrata, no le perdonará por mucho tiempo haber cosechado uno de los peores resultados desde la fundación de la República. La canciller podrá regir dos, tal vez tres años, antes de tener que retirarse. No sólo porque el ala económica y el ala derecha dentro del partido olfatean los vientos de cambio después de que el sistema de poder interno de Merkel los neutralizó por mucho tiempo: Merkel misma es responsable de las complicaciones. Ella, una de las políticas más social-democráticas de la Unión, se definió a favor de una coalición con el Partido Liberal Demócrata. Ahora ya no logrará aplacar a los espíritus invocados. Los liberales lograron un resultado sensacional, el mejor en la historia de las elecciones alemanas. Y el FDP cobrará caro este resultado. No se le puede reducir simplemente a un partido que abre la puerta a una mayoría. Al contrario, intentará convertir su difuso mantra de reducción de impuestos en política real. Cómo lo harán, es algo que los electores no se podían explicar antes de las elecciones y hay pocas esperanzas de que lo logren aclarar después de ellas. Y aún así, el éxito del FDP no llega de forma sorpresiva: con su simple receta anticrisis -"reducción de impuestos"- respondió, a diferencia de la CDU y el SPD, a uno de los temas que mueve a los ciudadanos y ofreció una solución que se puede o no aceptar.

Los partidos de amplio espectro, por su parte, hicieron una campaña tan distante como nunca antes en la historia de la República; slogans estériles y anuncios tibios caracterizaron las presentaciones tanto de Merkel como de Steinmeier - demasiado poco incluso para los alemanes amantes de la estabilidad y la seguridad. No son partidarios de conflictos, mucho menos en el ámbito político, pero demandan por lo menos algo de perspectiva, algo de dirección y cercanía a la realidad. La gran coalición de cristiano demócratas y socialdemócratas no respondió ni lejanamente a esta necesidad. Por el contrario, se fomentó una política basada en el mínimo denominador común, y tanta mediocridad no da lugar a grandes planes. En el nicho abierto por los grandes partidos logran abrirse paso los pequeños. Alemania llega finalmente al sistema de cinco partidos y posiblemente sea aquí en donde se encuentre la oportunidad para un cambio decisivo.

A esto puede aportar especialmente la ruina sin precedentes de la socialdemocracia. Las bases del SPD se erosionan, la socialdemocracia en su actual forma debe preguntarse si ha pasado su era. Si el SPD quiere volver a recuperarse, deberá repensar su relación con el partido de La Izquierda de Lafontaine. Limitarse únicamente a deslindarse de la política agresiva de la izquierda extrema perjudicó al SPD más que beneficiarlo. Los próximos años serán para el candidato Steinmeier y el SPD también una oportunidad para pensar sobre nuevas propuestas sociales. Visto así, los socialdemócratas pueden respirar después de esta catastrófica derrota: ya no cargan la responsabilidad, se pueden volver a formar en calma y no tienen que enfrentarse ya a los problemas que encara Alemania. Justo lo que tendrá que hacer Angela Merkel y su coalición cristianodemócrata-liberal. El que realmente cuentan con un concepto convincente no lo demostraron, por lo menos no durante la campaña electoral. La canciller ya no puede apoyarse en la suavidad de una gran coalición. Estas elecciones podrían representar el principio del fin, no sólo para Angela Merkel.

Autor: Marc Koch
Editor: Emilia Rojas

Publicidad