El pianista David Helfgott: entre genialidad y enfermedad | Música | DW | 30.05.2005
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Música

El pianista David Helfgott: entre genialidad y enfermedad

Acaba de finalizar su gira por Europa con un concierto en Bonn. La Deutsche Welle tuvo la oportunidad de hacerle una entrevista exclusiva.

David Helfgott tocando y susurrando

David Helfgott tocando y susurrando

Entre el 24 de abril y el 20 de mayo, Helfgott dio diez conciertos en Noruega, Suiza, Austria y Alemania.

Nació en Melbourne, en 1947. A los 5 años empezó a estudiar el piano con su padre. A los 19, fue becado para estudiar en la Academia Real de Música de Londres. En 1970, padeció un colapso nervioso en su examen final con el 3er Concierto de Rajmaninof y regresó a Australia. Pasó unos 10 años en clínicas psiquiátricas y en 1984 volvió al escenario.

David Helfgott

Una de sus típicas miradas extraviadas

Desde entonces, a pesar de sus trastornos mentales, da conciertos con la ayuda de su esposa Gillian. Con la aparición de la película “Shine” sobre su vida, Helfgott se hizo famoso internacionalmente.

Un día antes del concierto en Bonn, estuvimos charlando con David y Gillian.

DW: ¿Cuántas horas estás practicando?

Helfgott: Bueno, bueno, bueno, digamos, 2 ó 3.

DW: ¿Y en tu casa?

Helfgott: Cuanto más tiempo, mejor. Calidad, calidad. Es bueno para tí, tocar el piano. Es tu identidad. La piscina y el piano, eso dice Gillian.

DW: ¿Siempre estás estudiando obras nuevas?

Helfgott: Pienso que necesitas variedad. La variedad es el sabor de la vida.

Helfgott se dedica casi exclusivamente al repertorio romántico. A veces toca obras clásicas.

DW: ¿No te gusta la música barroca?

Helfgott: Bueno, es un poco como computadoras o escribir a máquina. Pero algunas obras me gustan.

Helfgott vive en su mundo, en estado nervioso alterado, hablando sin parar a gran velocidad, sin diálogo coherente, repitiendo palabras o frases. Durante el concierto, habla, canta o emite sonidos extraños.

DW: ¿David, realmente tocaste con un dedo fracturado en tu gira anterior? ¿No te dolía?

Helfgott: ¡Oh sí, sí, sí! Y realmente estuve muy contento, casi todo el tiempo, casi todo el tiempo. Lo que quiero decir es que...y fue muy...bueno, estaba disminuido, estaba disminuido. Dolía un poquito...bueno, no tanto, no tanto, no tanto.

Sin embargo, su música no se ve afectada en absoluto. Después de unos minutos, uno se acostumbra a los sonidos colaterales y se sumerge en un mundo de genialidad. No es perfecto, por cierto, a veces su fraseo o sus matices son algo arbitrarios. Pero toca con alma. Al terminar una obra, muestra su alegría con gestos de niño que conquistan la simpatía del público.

David und Gillian Helfgott

David con su esposa Gillian, su protectora en todo momento

DW: Gillian dice que vas a tocar en Sudamérica.

Helfgott: Ese es el plan, ése es el plan, finalmente. Ya estuve en todo el mundo, excepto Sudamérica.

DW: Si vas a Brasil, debes ir a Argentina.

Helfgott: ¡Oh, seré privilegiado! Me siento muy privilegiado. Es imponente, es imponente, Martha, sí, es imponente (por Martha Argerich). Me encantaría ir a Argentina y a Chile.

La película “Shine” aparentemente diverge de la historia verdadera. Esto provocó tensiones con los hermanos de David.

DW: ¿Finalizó la controversia familiar?

Gillian: Estoy decidida a no guardar rencor. Las relaciones familiares muestran más amor recíproco que antes.

DW: ¿Cuáles son los planes para el próximo año?

Gillian: Recitales en Polonia y el 3er Concierto de Rajmaninof en Suiza y Austria.

Los críticos han sido implacables con él: no le perdonan las faltas, los matices, los fraseos heterodoxos. ¿Por qué a Helfgott no y a otros pianistas sí? Creo que Helfgott tiene doble mérito justamente por su alteración mental. Gould cantaba todo el concierto; Horowitz a veces tocaba sucio; Sviatoslav Richter erraba las ocatavas de la mano izquierda; Rajmaninoff no respetaba ni los matices ni las velocidades que escribía en sus propias composiciones; Kissin toca a velocidades irracionales, todo pianísimo o fortísimo. Sin embargo, las críticas son estupendas.

Pero el público de Helfgott responde siempre con ovaciones de pie.

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