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¿Dónde quedó la misericordia divina en Auschwitz?

Christoph Strack (MS/ERS)25 de julio de 2016

Las Jornadas Mundiales de la Juventud llevarán a Auschwitz-Birkenau a miles de jóvenes. Allí surgen cuestiones sobre el mal, la culpa y la misericordia, sobre las que DW habló con el sacerdote Manfred Deselaers.

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Imagen: picture-alliance/dpa/G. Momot

Más de medio millón de jóvenes de todo el mundo se reunirán en los próximos días en Cracovia en el marco de la trigésimo primera edición de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Alrededor de 300.000 visitarán el antiguo campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Allí vive desde hace 25 años Mandred Deselaers, un sacerdote de Aquisgrán que trabaja en el Centro para el Diálogo y la Oración de Oswiecim, un sitio de encuentro situado cerca del lugar del horror. En entrevista con Deutsche Welle, Deselaers se pronuncia sobre el inminente récord de visitantes y la visita del papa Francisco.

DW: Padre Deselaers, cientos de miles de jóvenes vienen a las Jornadas Mundiales de la Juventud en Cracovia. Auschwitz-Birkenau recibirá también a muchos de ellos. ¿Cómo deben acercarse a un lugar así?

Manfred Deselaers: Sí, muchos aprovecharán la ocasión para visitar este lugar conmemorativo. Calculamos que serán unos 30.000 por día, es decir, unos 300.000 a lo largo de diez jornadas. Para controlar tanta afluencia de gente, habrá lugares concretos que no podrán verse, como la exposición que actualmente se exhibe en los bloques o casetas. A cambio habrá octavillas con información y paneles con grandes fotos. Si no fuera así, sería imposible canalizar tanta afluencia.

¿Cree que tiene sentido hacer una visita tan corta?

Por supuesto que sí. Siempre conmueve estar en el lugar auténtico, en el sitio en el que todo ocurrió. Incluso el papa Francisco subraya la atmósfera de silencio y recogimiento de este lugar. Y los jóvenes sienten e interiorizan lo que aquí ha pasado. Pero para eso es necesario que haya una preparación previa y una elaboración posterior. Por ese motivo, hemos puesto en marcha una página de Internet a disposición de los participantes. En este lugar emergen preguntas, también en un sentido espiritual, que tienen que ver con el mal, con la culpa y con el perdón. Cuestiones sobre de qué es capaz el ser humano y las naciones y sobre dónde reside nuestra responsabilidad. Y también la gran pregunta: ¿dónde estaba Dios entonces y dónde está hoy? Esas cuestiones están aquí en el aire y conmueven los corazones.

¿Cree que para los jóvenes de otros continentes Auschwitz tiene el mismo significado que para nosotros?

No subestime el significado internacional que tiene Auschwitz. La conmemoración del septuagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz hace año y medio fue transmitida en vivo para casi todo el mundo. Apenas hubo medio de comunicación que no lo mencionara. Un ejemplo: en Argentina, la patria del Papa, fue un evento muy importante, no solo para el pontífice, sino para toda la Iglesia y para la comunidad judía relativamente grande que allí vive, con muchos supervivientes del Holocausto. Auschwitz no es solo un tema europeo.

El propio Francisco visitará Auschwitz el próximo viernes (29.07.2016). El pontífice ya ha anunciado su deseo de guardar silencio, de callar durante su estancia…

Siempre hay que comenzar desde el silencio y escuchar la voz que emana de la Tierra. Eso es algo que suele decirse en Polonia. Hay que dejarse estremecer por este lugar. Es algo que sobrepasa al mismo lenguaje. El papa Juan Pablo II creció bajo la sombra de Auschwitz. Muchos de sus amigos fueron asesinados allí. El antiguo campo de concentración estaba antiguamente en su diócesis, así que él estaba preparado cuando vino a Auschwitz como pontífice y habló. El papa Benedicto era alemán y tenía, por supuesto, conexión biográfica con lo aquí ocurrido. Pero prefirió callar y anduvo en silencio por todo el recinto de Auschwitz I. Cuando hacia el final de su visita tuvo que hablar, dijo: “En este lugar no sirven las palabras, aquí solo puede haber un silencio estremecedor”. Creo que también se impondrá el silencio durante la visita de Francisco. Es la primera vez que viene y sería muy difícil encontrar las palabras adecuadas para describir la magnitud del sufrimiento. Me alegra que los periodistas tengan que escribir sobre el silencio. ¿Cuándo si no? Es una forma de hacer entender al creciente turismo masivo que Auschwitz es un lugar sagrado y de recogimiento. Por eso el silencio es lo más adecuado, porque el silencio nos abre a la escucha.

Polen Priester Manfred Deselaers in Oswiecim
Mandred Deselaers trabaja cerca de Auschwitz-Birkenau.Imagen: picture alliance/Kyodo

¿También los jóvenes debieran guardar silencio durante su visita a Auschwitz-Birkenau?

Sí, esperamos que sean capaces de captar esta atmósfera.

El lema de las Jornadas Mundiales de la Juventud es “Misericordia”. ¿Es una palabra adecuada para Auschwitz?

Las primeras preguntas que emerge en este lugar son: ¿dónde estaba Dios en Auschwitz? ¿Dónde su misericordia? Y debemos tener cuidado de tomarlas en serio y no darnos respuestas demasiado rápidas sobre nuestra relación con Dios.

Usted lleva viviendo aquí más de 25 años. ¿De qué manera se toma usted en serio estas cuestiones?

Quienes hicieron posible Auschwitz, rechazaron expresamente las lecciones de misericordia del cristianismo. Se decantaron por la fuerza y contra lo débil en la cultura de la guerra. Pero eso no responde todas las preguntas, pues no ocurrió solo aquí, sino también en otros lugares de la Europa cristiana. Hay signos de misericordia en Auschwitz: pruebas de que hubo aquí víctimas que no se dejaron deshumanizar por este sistema inhumano. Un ejemplo de ello es el padre Maximilian Kolbe, cuya acción última fue un acto de amor por otro interno. Y finalmente venció su acto de bondad. Juan Pablo II utilizó el ejemplo de Kolbe a menudo para decir que debemos responder al mal haciendo el bien. Lo mismo se puede decir de la hermana Faustina, la santa de la Misericordia de Cracovia. En ese sentido, la misericordia está presente en Auschwitz.