Cuando los niños van a la guerra… | El Mundo | DW | 12.02.2013
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El Mundo

Cuando los niños van a la guerra…

En casi todas las guerras, los niños terminan convirtiéndose simultáneamente en víctimas y victimarios. El 12 de febrero fue nombrado Día de la Mano Roja para llamar la atención hacia el destino de los niños soldados.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que 250.000 niños son usados como soldados en enfrentamientos bélicos tanto por ejércitos nacionales como por tropas de rebeldes armados. Ninja Charbonneau, del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), cita un informe de la ONU según el cual 52 grupos utilizan a los pequeños como combatientes, espías, mensajeros y cargadores en veintitrés países. Uno de ellos es Siria, en donde los niños cumplen órdenes bajo el temor de que los asesinen si desobedecen.

La tortura y la violación de menores no son raras, dice Charbonneau en entrevista con Deutsche Welle. “Por desgracia, el reclutamiento de niños le ofrece muchas ventajas a los grupos armados porque generan pocos costos y son fáciles de manipular. Con frecuencia se les expone a materiales propagandísticos mientras están bajo el efecto de ciertas drogas para que lleven a cabo las tareas que se les asignan”, sostiene esta vocera de Unicef, acotando que los niños pobres y huérfanos son los más vulnerables al reclutamiento.

“Algunos niños son secuestrados y obligados a hacer uso de armas; pero otros sopesan que unirse a un grupo fuerte –como una tropa de hombres armados– es la mejor oportunidad para sobrevivir ante condiciones de vida hostiles”, explica Charbonneau. La psicoterapeuta Elisabeth Kaiser añade que quienes sobreviven a la experiencia de ser niños soldados suelen quedar marcados por traumas muy serios, depresiones, adicciones y enfermedades psicosomáticas. Bajo la presión de la tristeza, la culpa o la vergüenza, muchos terminan quitándose la vida, dice Kaiser.

Vidas destrozadas

En otros casos, los niños soldados se transforman en adultos incapaces de adaptarse a la vida civil o fundar familias libres de violencia. “En algunas de las comunidades, más de la mitad de las personas presentan patologías mentales o físicas derivadas de pasadas experiencias bélicas y eso termina destruyendo la estructura comunitaria”, señala Kaiser. De hecho, al crecer, algunos niños soldados se dejan reclutar de nuevo porque perciben que en la sociedad civil no hay lugar para ellos. Cabe aclarar que cuando se habla de niños soldados, se habla también de las niñas.

Las niñas atraviesan situaciones aún más difíciles que los varones. Los embarazos que resultan de las violaciones a las que están expuestas les imposibilita conseguir una pareja y salir de la situación de pobreza en que se hallan. 150 Estados ratificaron el protocolo de la Convención de la ONU sobre el Involucramiento de Niños en Conflictos Armados, que entró en vigor el 12 de febrero de 2002. Esa fecha ha sido nombrada el Día de la Mano Roja para llamar la atención hacia el destino de los niños soldados.

Críticas a Alemania

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Al crecer, algunos niños soldados se dejan reclutar de nuevo porque perciben que en la sociedad civil no hay lugar para ellos.

También Alemania ratificó ese protocolo. Sin embargo, varias organizaciones han criticado al Gobierno germano por no comprometerse lo suficiente en esta materia. “Uno de los déficits que le reprochamos al Estado es la poca ayuda que se le ofrece a los niños que fueron soldados y ahora buscan asilo en territorio alemán; Alemania no reconoce el temor de los refugiados a ser reclutados en sus países de origen a la hora de conceder los asilos”, lamenta Charbonneau.

También se critica el reclutamiento de jóvenes de 17 años por parte de las Fuerzas Armadas alemanas mediante material propagandístico que se reparte hasta en los colegios y la falta de claridad en torno a las armas de fabricación alemana que podrían estar siendo utilizadas por niños soldados en cualquier parte del mundo. Después de todo, Alemania es uno de los países que más armas exportan a escala global.

Autores: Christina Ruta / Evan Romero-Castillo
Editor: Pablo Kummetz

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