Comentario: Continuidad en lugar de progreso | Economía alemana | DW | 16.12.2013
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Economía alemana

Comentario: Continuidad en lugar de progreso

La economía alemana es considerada la locomotora de Europa. Pero Henrik Böhme duda que pueda continuar siéndolo con la Gran Coalición.

A partir de esta semana, Alemania volverá a tener un Gobierno en condiciones de actuar. Ya era hora, puesto que la cantidad de tareas pendientes para la Gran Coalición es enorme. En principio, las condiciones son buenas: la economía alemana es la única de Europa que pasó la crisis sin sufrir grandes heridas. Las exportaciones van bien, el mercado de trabajo continúa robusto y los ingresos fiscales fluyen. A estos éxitos han contribuido muchos: empresas inteligentes, sindicatos flexibles y también el anterior Gobierno formado por la Unión Cristianodemócrata - Cristianosocial (CDU - CSU) y los liberales del FDP.

Hojeando el pacto de coalición en el que CDU, CSU y los socialdemócratas del SPD fijaron los objetivos y las bases para los próximos cuatro años, debería preocuparnos que la historia de éxito de Alemania no continúe. La base del trabajo del Gobierno rojinegro anticipa más una inmovilidad que un vance, sin señales reales para posicionar a Alemania como pionera en tecnología frente a la gran competencia de Asia. Más que eso: su plan se limita a la mera continuidad.

“Súperministros” no son suficientes

Cuatro asuntos son claves: cambio demográfico, infraestructuras, educación y cambio energético. Este último representa un gran avance que se encuentra prácticamente congelado. Pero a partir de ahora, un súperministro se encargará de ello. El presidente del SPD, Sigmar Gabriel, recibirá el Ministerio de Economía y Energía. Aunque no llego a descubrir que hay de bueno en eso. ¿Un Ministerio de Economía, afín a la industria, ha de ser el lugar propicio para la conversión de los grandes consorcios energéticos? La próxima semana comenzará la tensión si Bruselas se decide a iniciar un proceso contra Alemania por las subvenciones a la energía ecológica que, a su juicio, distorsionan la competencia. Nada más asumir el cargo, comienzan las dificultades.

Prácticamente lo mismo sucede con los demás problemas. En cuanto a infraestructuras, Alemania vive de la sustancia heredada. Aunque el nuevo Gobierno está decidido a actuar para solucionarlo, el capital previsto no basta para adaptar calles, vías y redes digitales de cara al futuro. También el cambio demográfico es un problema que hay que abordar urgentemente para poder soportar la prevista pérdida de millones de trabajadores. Pero… ¿qué se propone hacer el nuevo gobierno en Berlín? Lo primero, dedicarse a la “beneficencia” con medidas como la renta a los 63 años sin reducciones. Los escenarios progresistas tienen una apariencia muy distinta.

No puedo quitarme de encima la sospecha de que la Gran Coalición no quiere llevar a Alemania hacia adelante. Hay muchos recelos en juego y, sobre todo, los socialdemócratas miran de reojo hacia 2017, año en el que se celebrarán las próximas elecciones. Habría que cambiar muchas cosas para que el balance final no rece: "han sido cuatro años perdidos para Alemania”.

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