Bosques en lugar de carne: Brasil y la nueva protección del medioambiente | Ecología | DW | 17.03.2011
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Ecología

Bosques en lugar de carne: Brasil y la nueva protección del medioambiente

La tala, degradación y quema ilegal de bosques para tierra cultivable están amenazando los pulmones verdes del planeta. El pacto REDD apunta a reducir las emisiones de carbono conservando los árboles.

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El pacto REDD permite trocar CO2 por créditos.

El acuerdo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Evitadas (REDD por sus siglas en inglés) será parte central de un nuevo protocolo de protección del clima que remplazará al de Kyoto en 2013.

El pacto REDD es un acuerdo que permite pagar a los países en desarrollo o a sus comunidades para que conserven sus bosques, para de ese modo lograr reducir la cantidad de emisiones de CO2 en todo el mundo derivadas de la deforestación, que es una de las causas del calentamiento global.

Brasil posee la selva tropical más grande del globo, el Amazonas, y las autoridades de ese país anunciaron que quieren reducir la deforestación en más de un 60 por ciento, pero los medioambientalistas piensan que la posición del Gobierno brasilero en cuanto a la protección de bosques no es del todo convincente.

La lucha por la preservación de la naturaleza

Verde sin fin hasta donde alcanza la vista: ese era, hasta hace unos años, el paisaje de la Amazonia profunda. El Mato Grosso, la frontera exterior de una batalla entre el desarrollo y la preservación de la naturaleza. Brasil es uno de los mayores productores del mundo de porotos de soja y carne, y la tala de la selva tropical se ha llevado a cabo en este país principalmente para contar con superficies para el cultivo y el pastoreo de animales.

“Existe una mentalidad de ocupación en el Mato Grosso. La gente considera que el bosque es un obstáculo. Hasta acostumbraban a decir que un buen bosque es uno que ha sido cortado”, explica Paulo Moutinho, director ejecutivo del Instituto de Investigación Forestal de la Selva Amazónica. Moutinho piensa que un nuevo pacto internacional de reducción de emisiones – el acuerdo REDD- podría lograr cambiar esta forma de pensar.

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Producción de madera, también cultivos y ganadería están acabando con la Amazonía.

El REDD presta servicios al medioambiente

De acuerdo con Paulo Moutinho, en el nuevo contexto climático, la preservación forestal puede generar un valor agregado. El acuerdo REDD compensa medidas dirigidas a reducir las emisiones provocadas por la deforestación tropical, creando un mercado de servicios que no se ven a simple vista: el oxígeno y el equilibrio del ecosistema que brinda el bosque. Así como Brasil exporta soja y carne, también provee de servicios medioambientales al mundo, señala el experto.

En 2010, Brasil prometió reducir la deforestación en un 80 por ciento hasta el 2020, y rechazó la injerencia de otros países para monitorear los progresos logrados. Thelma Krug, quien negocia el pacto REDD para Brasil, arguye que ese país se ha vuelto líder en el seguimiento y el reporte de la destrucción de bosques. “En Brasil hemos aumentado significativamente la vigilancia usando sistemas de monitoreo en tiempo real”, señala Thelma Krug.

El Instituto Espacial envía al Gobierno brasilero y al fiscal de la agencia gubernamental información con referencia geográfica acerca de dónde se están produciendo exactamente los cambios en el Amazonas, pudiéndose así canalizar esfuerzos humanos y económicos a lugares específicos de la selva, indica la experta.

Moratoria para la soja

Según Thelma Krug, también se ha establecido una moratoria para la soja producida por el sector privado, que posibilita que los productores privados de soja sostengan un acuerdo para no vender la cosechada en bosques que han sido deforestados. “Y esos acuerdos han tenido mucho éxito”, subraya Krug.

Mientras todavía se debaten los detalles del pacto REDD, muchos países ya están creando alternativas para reducir la tala indiscriminada. Noruega, por ejemplo, anunció en 2010 una donación de más de mil millones de dólares a fin de colaborar con el objetivo de reducir la deforestación en la Selva Amazónica. Las autoridades brasileras están tratando de evitar que se repita lo que sucedió en la Mata Atlántica, una selva que alguna vez cubrió el 15 por ciento del territorio de ese país y ha sido destruida casi por completo, debido al crecimiento económico y poblacional de Brasil. Sólo queda en pie un 10 por ciento del bosque, a pesar de que algunas zonas fueron recuperadas gracias a los programas del REDD.

Tropischer Regenwald in Brasilien

La Selva Amazónica en todo su esplendor: un 20 por ciento ha sido talado.

Programas para campesinos

El pacto REDD también ofrece una serie de proyectos para propietarios de terrenos. En Paraná, la Sociedad de Investigación en Vida Salvaje y Educación Medioambiental (SPVS por sus siglas en portugués), brinda recursos a quienes poseen tierras para que puedan reforestarlas y no utilizarlas para el cultivo.

Muchos de ellos no sabían, hasta el momento de iniciar el proyecto, lo importante que es preservar los bosques. “Fue una gran lección para mí”, dice Antonio Gonsalves, que trabajaba como peón en una granja ganadera y ahora lo hace en una reserva ecológica administrada por la SPVS.

Sistema de intercambio de emisiones

Mientras estos proyectos independientes están ganando la batalla contra la deforestación, en concordancia con el pacto REDD, el Gobierno de Brasil quiere que el REDD se convierta en un sistema de apoyo económico, y no en una política que favorezca la transacción de carbono. La transacción de carbono permite a los países industrializados líderes y a las compañías privadas compensar sus emisiones financiando programas para reducirlas. “Si los países ricos compran fondos para compensar las emisiones tóxicas que ellos mismos están produciendo y no son capaces de reducir, entonces, a nivel climático, no se produce ningún beneficio”, explica Thelma Krug.

Pero Paulo Moutinho, del Instituto de Investigación Medioambiental, piensa que la objeción de Brasil al intercambio de emisiones podría terminar socavando el acuerdo. “Es un obstáculo enorme para el REDD, porque de ese modo no hay mercado de emisiones”, dice Paulo Moutinho.

Eso quiere decir que Brasil no puede vender sus esfuerzos en reducir las emisiones a un país que quiera comprar créditos a fin de alcanzar sus objetivos de disminución de emisiones. “Si no contamos con un mercado de transacción de carbono, REDD sólo dependerá de las donaciones, y su futuro está en peligro”, añade Moutinho.

“Un ochenta por ciento de la Selva Amazónica está intacta. Es el área de bosque tropical más grande del mundo y contamos con la única asociación del planeta que tiene la posibilidad de concretar el sueño de un desarrollo sostenible, con la conservación de los recursos naturales como motor. Soy muy optimista. Si no, no estaría trabajando en esto”, concluye el medioambientalista.

Autor: Milton Bragatti/ Cristina Papaleo

Editora: Luna Bolívar Manaut

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