1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

Alemania y su política latinoamericana

Evan Romero-Castillo (DZC)25 de marzo de 2016

La última estrategia de Alemania para acercarse a Latinoamérica fue presentada en 2010 por Guido Westerwelle. Tras la muerte del político liberal (18.3.2016), dos especialistas comentan su importancia y sus limitaciones.

https://p.dw.com/p/1IHMB
Guido Westerwelle (izq.) fue precedido y sucedido en el Ministerio de Exteriores de Alemania por Frank-Walter Steinmeier.
Guido Westerwelle (izq.) fue precedido y sucedido en el Ministerio de Exteriores de Alemania por Frank-Walter Steinmeier.Imagen: Getty Image/AFP/J. MacDougall

Desde el fallecimiento del político liberal alemán Guido Westerwelle (18.3.2016), la prensa viene pasando revista a los hitos de su vida y enumerando los motivos por los cuales probablemente será recordado. Lo que suele omitirse, incluso en las hagiografías más extensas, es el papel que este exministro de Exteriores (2009-2013) jugó en la definición de una nueva estrategia latinoamericana para Berlín. “Yo asistí a la presentación del flamante concepto en 2010”, cuenta Nikolaus Werz, de la Universidad de Rostock.

“A Alemania, que llevaba más de una década sin diseñar una política para América Latina, le preocupaba la posibilidad de perder el tren impulsado por los ‘poderes emergentes del mundo multipolar’; el auge de las economías sudamericanas gracias al boom de las exportaciones de materias primas ya había comenzado”, recuerda el experto de Rostock, acotando que los planes expuestos por Westerwelle fueron criticados por la izquierda germana, debido a su sesgo mercantilista, pero también por analistas independientes.

“Entre otros, Günther Maihold y Claudia Zilla, de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín, manifestaron reservas de cara al concepto”, comenta Werz. En entrevista con DW, el propio Maihold explica: “Cuando salió del ensimismamiento en que la sumieron los procesos de reunificación nacional, de integración europea y de posicionamiento económico frente a Asia, Alemania se trazó una meta importante: acercarse de nuevo a los países latinoamericanos y encontrar maneras más efectivas de cooperar con ellos”.

Visión limitada

Se dice que Westerwelle defendió a capa y espada la candidatura de Hamburgo como sede de la Fundación Unión Europea-América Latina y Caribe.
Se dice que Westerwelle defendió a capa y espada la candidatura de Hamburgo como sede de la Fundación Unión Europea-América Latina y Caribe.Imagen: picture-alliance/dpa/H. Schmidt

El subdirector de la SWP aclara que esa reaproximación ya había comenzado hacia el final de la primera gestión del socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier como ministro de Exteriores (2005-2009). “Westerwelle le dio continuidad a esa política, con otros acentos, cuando sucedió a Steinmeier en el cargo. La falla fundamental de esa estrategia era que, cuando hablaba de tomar en serio a Latinoamérica, en realidad aludía a Brasil y, en mucho menor grado, a México y a Colombia”, sostiene Maihold .

“El empeño de Alemania en establecer sociedades estratégicas con los ‘poderes emergentes’ hizo que perdiera de vista a muchos otros países de la región”, enfatiza el especialista de Berlín. No obstante, en noviembre de 2011, cuando se inauguró la Fundación EU-LAC con miras a estrechar los lazos entre el Viejo Continente y los Estados al sur del Río Bravo, Westerwelle celebró el hecho de que ésta estuviera asentada en Hamburgo, señalando que la política latinoamericana de Alemania debía adquirir una dimensión europea.

Se dice que él defendió a capa y espada la candidatura de la ciudad hanseática como sede de ese organismo frente a las de París y Milán. “Con la Fundación EU-LAC se buscó crear un foro que incluyera a los actores de la sociedad civil para que el vínculo interregional no se fortaleciera solamente a escala gubernamental. El problema de esa institución es que sus limitadas fuentes de financiamiento –los fondos son proveídos por la Comisión Europea y otros pocos organismos– le impiden desarrollar su potencial”, apunta Maihold.

Política inconsistente

Werz: “Merkel, que ejerce gran influencia sobre la política exterior alemana, tiene los ojos puestos al otro lado del Mediterráneo y no al otro lado del Atlántico”.
Werz: “Merkel, que ejerce gran influencia sobre la política exterior alemana, tiene los ojos puestos al otro lado del Mediterráneo y no al otro lado del Atlántico”.Imagen: picture-alliance/dpa/Kornmeier

Con todo y sus defectos, ¿no terminó la política latinoamericana de Berlín por adquirir un rango europeo? “Pero es que, a pesar de lo dicho por Westerwelle, yo no creo que Alemania realmente haya querido o quiera jugar un rol protagónico en lo que respecta a las relaciones del bloque comunitario con América Latina. Cuando Alemania estaba ocupada con su proceso de reunificación, la moción que se impuso fue: ‘Dejemos que los españoles se hagan cargo de esos nexos’. Y eso hizo España hasta la explosión de su crisis fiscal”, argumenta Werz.

Maihold lo secunda: “La estrategia latinoamericana de los Veintiocho siempre fue llevada, de facto, por Madrid”. Sin embargo, ahora que España tiene las manos llenas con los embrollos de su política interior, y considerando el peso de Berlín en Bruselas, cabe preguntarse si Alemania no es, por descarte, el principal interlocutor de América Latina en Europa. Joachim Gauck, presidente federal de Alemania, y Steinmeier, quien desde 2013 lidera de nuevo el Ministerio de Exteriores germano, visitaron varios países de la región en 2015.

“Sí, pero la cuestión de los refugiados ha hecho que la canciller Angela Merkel –que ejerce una gran influencia sobre la política exterior de su país– tenga los ojos puestos al otro lado del Mediterráneo y no al otro lado del Atlántico, pese a que las circunstancias comienzan a verse más auspiciosas allí”, observa Werz. “Steinmeier ha mostrado más presencia en América Latina que Westerwelle, pero ese es un factor coyuntural que no compensa la falta de una política latinoamericana consistente y sostenida en Berlín”, opina Maihold, subrayando, eso sí, que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) tampoco ha sido eficiente a la hora de articular los intereses de sus Estados miembros.