Aldeas fantasma de India: abandonadas por escasez de alimentos y de agua | Global Ideas | DW | 06.08.2019
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Global Ideas

Aldeas fantasma de India: abandonadas por escasez de alimentos y de agua

Las aldeas indias se vacían debido a las sequías. Para las mujeres y los ancianos que se quedan es una lucha constante. Las temperaturas siguen aumentando, pero no así la esperanza de que sus familiares regresen.

Meera Sadagar no ve a su marido desde hace tres meses. Hace diez años, él tuvo que recoger sus pertenencias y mudarse a trabajar a una fábrica a más de 200 kilómetros de distancia. Desde entonces, rara vez ha vuelto a casa. La madre de cinco hijos y 35 años de edad no parece afectada por ello. Los maridos ausentes son, después de todo, algo habitual en Hatkarwadi, una pequeña aldea enclavada en la rocosa ladera del estado de Maharashtra, en India.

"Ocurre lo mismo en todos los hogares”, cuenta Meera, mientras carga a un niño a un lado de la cadera y un recipiente de agua vacío al otro lado. "Aquí solo vivimos gente mayor y mujeres. Todos los demás se van a buscar trabajo fuera”, explica.

Es difícil obtener datos oficiales, pero los aldeanos mayores estiman que hace unas décadas Hatkarwadi tenía una población de más de 1.200 habitantes. Esa cifra se ha reducido a 250. Las recientes y sucesivas sequías, así como una crisis hídrica continua en la región han causado pérdidas de cosechas y pobreza generalizada, lo que ha obligado a la gente a abandonar sus hogares.

Una mujer sentada en una cama con sus dos hijos.

Meera Sadagar, de 35 años, con dos de sus hijos en casa. El marido de Meera dejó la aldea hace 10 años para trabajar en una fábrica a más de 200 km de distancia, y rara vez regresa a casa.

"Antiguamente, llovía mucho, a veces dos o tres veces al día”, recuerda Ganpat Bandgar, de 80 años, que vive solo en la aldea desde que murió su esposa. "Ahora ya no llueve más”, lamenta.

Hatkarwadi se vacía durante el verano. La mayoría de los vecinos se muda a las grandes ciudades, a cientos de kilómetros de distancia, en busca de trabajo temporal en la construcción o en la industria de la caña de azúcar.

Bandgar a menudo se siente solo y triste porque el pueblo se vacía, pero no considera marcharse. "He vivido aquí toda mi vida, todo lo que conozco está aquí”, cuenta. Sus dos hijos trabajan en una fábrica a varios cientos de kilómetros de distancia.

Cuando el agua deja de fluir

En todas las aldeas de Maharashtra se repite la misma historia. Este año, la sequía y las malas cosechas han afectado al 72 por ciento de los distritos del estado. Según el Departamento Meteorológico de India (IMD, por sus siglas en inglés), el distrito de Beed, en el que se encuentra la aldea de Hatkarwadi, ha experimentado una disminución de las precipitaciones en la última década.

Dos hombres de pie frente a una pared.

Ganpat Bandgar, 80 años, izquierda, con un amigo en la aldea de Hatkarwadi. Su esposa murió hace 25 años y sus dos hijos trabajan en una ciudad a más de 200 kilómetros.

En la actualidad, la mayor parte de la migración es principalmente estacional. La gente se muda en busca de trabajo temporal a otros lugares durante seis a nueve meses al año y regresa durante el monzón para la temporada de siembra.

Sin embargo, en las zonas más afectadas por la sequía, las aldeas se van vaciando poco a poco, incluso durante la temporada del monzón. En Hatkarwadi, alrededor del 80 por ciento de los vecinos ha encontrado trabajo permanente en otros lugares, y solo regresan de vacaciones para visitar a sus familiares.

El pueblo cuenta con unos veinte pozos, que se han ido secando. La única fuente de agua potable que queda es un pozo perforado a más de 122 metros de profundidad. La electricidad necesaria para bombear el agua es mayor que la existente a diario en la aldea. Las mujeres solo disponen de unos minutos para ir a buscar agua antes de que se interrumpa el suministro eléctrico y el agua deje de fluir.

Para empeorar las cosas, los camiones cisterna no pueden atravesar los estrechos caminos llenos de curvas que conducen a la aldea. De modo que cuando el agua se agota, los aldeanos se quedan sin refuerzo.

Un lecho de río seco cerca de la aldea de Chakur, en Maharashtra.

Cada vez llueve menos y ríos como este se están secando.

"El problema es muy grave. Hace diez años llovía poco, pero en los últimos dos o tres años apenas ha llovido”, lamenta Melvin Pangya, oficial del Estado de Maharashtra para Caritas, una ONG que trabaja para mitigar la migración relacionada con la sequía a través de soluciones locales de almacenamiento de agua. "En algunos pueblos solo quedan ancianos, porque familias enteras han tenido que emigrar. Sin lluvia ni agua, ¿qué pueden hacer? Solo pueden marcharse en busca de trabajo a otro lugar. No hay más opciones”, señala Pangya.

Se culpa a la mala gestión del agua y a las políticas por exacerbar las sequías existentes. El gobierno apoya los cultivos comerciales con subsidios, inversiones y sistemas de riego intensivo. La caña de azúcar, por ejemplo, requiere 2.000 milímetros de lluvia durante un ciclo de crecimiento, unas cinco veces más que los cultivos tradicionales típicos para la autosuficiencia. La industria de la caña de azúcar, que emplean a muchos de los aldeanos, ha sido acusada de consumir la poca lluvia y agua subterránea que queda.

Pero los aldeanos de Hatkarwadi están convencidos de que el único problema es la falta de precipitaciones y no las deficientes políticas. En los campos que rodean la aldea solo crece mijo, un alimento básico tradicional que se ha utilizado para la autosuficiencia durante siglos. "No podemos arriesgarnos a plantar cultivos comerciales”, explica un residente.

Un primer plano de manos sosteniendo recipientes de agua de colores bajo una bomba de agua.

Las mujeres de la aldea solo tienen unos minutos al día para recoger agua antes de que se interrumpa el suministro.

Una vida solitaria

Una ola de calor barrió el país a principios de este año, con más de 50 grados centígrados, causando nueve muertes solo en el estado de Maharashtra. Y las condiciones pueden empeorar. Según un informe publicado el año pasado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es probable que el cambio climático aumente la frecuencia y la gravedad de las sequías en todo el subcontinente, y que las temperaturas netas anuales en India aumenten entre 1,7 y 2,2 grados centígrados para 2030.

En junio, el Primer Ministro Narendra Modi anunció un plan para abastecer de agua potable a todos los hogares indios de aquí a 2024. Desde su reelección a principios de año, el gobierno ha prometido que la mitigación de la crisis del agua en el país será una prioridad absoluta. Pero cinco años de espera podrían ser demasiado largos para los residentes de Hatkarwadi.

Tres mujeres con saris de colores de pie en un campo. Una cabra negra en primer plano.

Principalmente los hombres van a trabajar a las ciudades, dejando a las mujeres con la carga de mantener los campos familiares además de sus tareas domésticas.

Ganesh Sadgar, un graduado universitario de 27 años que creció en la aldea, ha estado buscando esposa durante los últimos tres años, pero casi ha perdido la esperanza de encontrar una. Ninguna de las mujeres que le interesaban estaban dispuestas a mudarse a su aldea, como es tradicional en los matrimonios indios. Sus padres se preocupan por lo que les podría pasar a sus hijas en una aldea sin agua.

Una vez convenció a una mujer para que viniera a visitarlo, pero ni siquiera tenía agua suficiente para que esta pudiera lavarse las manos. "Me visitan una vez y no regresan jamás”, lamenta con un suspiro. Hace un año, se mudó a una ciudad a 150 km de distancia para trabajar en una fábrica de mantequilla. Ahora solo regresa una o dos veces al año a casa para visitar a sus padres y revisar los campos.

Las mujeres que se casan con hombres de Hatkarwadi a menudo se quedan solas cuando sus maridos se ven obligados a abandonar la aldea en busca de trabajo. Las mujeres se encargan de cuidar a los suegros ancianos y a los niños que son demasiado pequeños para viajar. Para Meera Sadagar, vivir sola conlleva la doble carga de mantener los campos familiares además de sus tareas domésticas tradicionales.

"Tengo que hacer todo el trabajo sola, ir a buscar agua, preparar a los niños para la escuela y cocinar”, explica. "Nunca hay suficiente comida. Nunca hay tiempo suficiente”, lamenta.

Cuando se le pregunta cuándo volverá a ver a su marido, hace un gesto evasivo hacia las tierras resecas más allá de su casa. "Volverá a casa”, dice sin mucha esperanza en la voz, "cuando llueva”.

(ar/er)

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