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UE y Turquía no logran detener el flujo de refugiados

4 de abril de 2017

Un año después de que el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía entrara en vigor, miles de refugiados siguen varados en Grecia. Los más desesperados tratan de llegar a Europa a través de cualquier medio.

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Imagen: DW/D. Tosidis

El año pasado Idomeni, una pequeña localidad en la frontera entre Grecia y Macedonia se convirtió en un símbolo de esperanza para miles de refugiados. Unos días antes el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía entró en vigor, pero miles de personas todavía esperaban que se abrieran las fronteras.

Actualmente, Idomeni está vacío, solo un cartel con el mensaje "Esperanza” y la valla entre los dos países recuerdan que una vez este lugar fue el mayor campo de refugiados de Europa. 

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Recientemente, Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación en Fronteras Exteriores de la Unión Europea) desplegó oficiales con el objetivo de ayudar a las autoridades griegas a evitar los cruces ilegales de frontera en la zona. La misión actual de Frontex tiene 40 oficiales que incluyen especialistas que identifican documentos falsos y oficiales que patrullan a lo largo de la frontera entre Grecia y Macedonia, así como los trenes de mercancías que pasan con el objetivo de localizar a personas que intenten cruzar la frontera al país vecino.

"Hay cierto movimiento hacia el norte de Europa, los números no son muy altos. En los primeros pares de meses de este año estamos hablando de algunos miles de personas”, dijo a DW la vocera de Frontex, Ewa Moncure.

Cruzar con GPS

Mohamed, un estudiante de ingeniería de Siria, está esperando su traslado al norte de Europa. Sus amigos lo llaman "Sr. Sonrisa" porque siempre sonríe, a pesar de su sufrimiento. Llegó a Grecia con su hermano antes del cierre de fronteras. Cuando llegaron, cada uno tomó un papel con un número que indicaba su turno para cruzar la frontera. Su hermano entró en Macedonia, pero la frontera cerró al día siguiente y Mohamed se quedó detrás. Después de estar en Idomeni durante una temporada, decidió cruzar la frontera ilegalmente para encontrar a su hermano.

"Crucé la frontera con la ayuda de algunos amigos y usando el GPS de mi teléfono. Caminamos durante nueve horas, cruzamos el río cerca de la frontera y una vez llegamos a Macedonia fuimos a la ciudad de Gevgelija pero había demasiados policías en la ciudad. Como pronto encontramos las vías del tren lo seguimos y llegamos al campo de refugiados de Gevgelija”, dijo a DW.

Después de meses de espera, Mohamed y su hermano decidieron volver a Grecia y aplicar a un programa de traslado. Cumplen los requisitos porque son sirios, pero otros no tienen tanta suerte. 

Ein Jahr EU-Türkei Abkommen
Muchos refugiados arriesgan su vida tomando trenes para llegar a Europa. Imagen: DW/D. Tosidis

El arte del contrabando

A pesar del acuerdo de la Unión Europea y Turquía y de la vigilancia policial en las fronteras europeas, el cierre de la ruta de los Balcanes ha ayudado al negocio de los contrabandistas a florecer de nuevo.

Un edificio abandonado cerca del centro de Tesalónica se ha convertido en un centro para los refugiados sin hogar que no pueden acceder a los campamentos y para aquellos que tienen que esperar la señal de los contrabandistas para ponerse en marcha.

Abdullah, un estudiante afgano de 23 años, creció en Pakistán pero su familia huyó de los talibanes antes de que él naciera. Cuando el gobierno de Pakistán tomó una línea más dura hacia los afganos en el país, volvió a Afganistán, pero dos meses después decidió irse. Tras un viaje peligroso, llegó a Grecia a través del río Evros, la frontera natural entre Grecia y Turquía.

Al principio, intentó ir a Italia en barco desde el puerto de Patras, en el sur de Grecia, pero fue detenido y estuvo en la cárcel durante algunos días. Cuando fue liberado, la policía le dio un papel que le permitía estar en Grecia durante un mes y le prohibía ir a las zonas fronterizas y a Atenas. Su única oportunidad ahora es aplicar para un asilo en Grecia, aunque él todavía quiere llegar a Europa Central.

 

"Fui a Atenas y pagué a un contrabandista 3.400 euros (3.260 dólares) con el objetivo de tener un pasaporte, pero todavía estoy esperando que me llame”, dice. "Esperaré y lo seguiré intentando, es la única opción que tengo. Quiero ir a Francia, y encontrarme con mi primo con el que crecí”, continua.

Abdullah está estresado y preocupado. Han pasado 15 días desde que pagó los miles de euros para recibir su pasaporte falso pero no ha recibido ninguna noticia del traficante. El memorándum que recibió de la Policía para estar solo un mes legalmente en Grecia expiró el día anterior y teme que las autoridades lo detengan. Está desesperado por tener noticias sobre su estatus.

"Si alguien me pide consejo para hacer este viaje, le diría que no viniera. Aquí es muy peligroso”, dice con voz temblorosa. 

 Marianna Karakoulaki y Dimitris Tosidis (ja/jov)