África víctima de la arrogancia occidental | Alemania | DW | 09.06.2007
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Alemania

África víctima de la arrogancia occidental

La canciller alemana, Angela Merkel, advirtió contra la "arrogancia occidental" frente a África y exhortó a no querer "imponer" la experiencia europea al continente africano.

Angela Merkel y Mohamed Yunus en el Congreso Evangélico en Colonia.

Angela Merkel y Mohamed Yunus en el Congreso Evangélico en Colonia.

"La globalización sólo saldrá adelante si se logran estándares sociales y medioambientales básicos", dijo la jefa del Gobierno alemán, ante el Congreso de la Iglesia Evangélica, en Colonia, después de que los líderes del G-8 aprobaran la víspera, en Heiligendamm, un paquete de 60.000 millones de euros para la lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis en África.

Los resultados de la cumbre, que Merkel calificó de exitosa, han sido criticados por numerosas organizaciones humanitarias, que lo consideran insuficientes y critican que no concretan cómo se canalizarán estas ayudas o quién aportará qué y cuándo.

Se requiere inversión privada

Merkel compartió un foro de debate en el Congreso Evangélico con el Premio Nobel de la Paz Mohamed Yunus, el denominado "banquero de los pobres", como impulsor de los microcréditos en países como Bangladesh.

Yunus se pronunció a favor de impulsar esta fórmula de ayudas también en África, para lo que es imprescindible la implicación activa de la población. Recomendó un esfuerzo doble en el impulso por el desarrollo de África. El gobierno alemán debe proseguir con su apoyo, pero se requiere también la cooperación de la industria privada. Recomendó concentrar los proyectos de ayuda por país.

Por el bien común

La canciller alemana indicó que los países pobres sólo tendrán una oportunidad de introducir sus propios productos si se les dota de condiciones comerciales justas.

El presidente alemán, Horst Köhler, también presente en el evento, indicó que los países del G-8, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial deben contar con un mandato que los obligue a servir al bien común de toda la humanidad y no sólo al de los accionistas estadounidenses y europeos.

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