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América Latina

Yasmín S. Portales: "La nación es para todos o no es de nadie"

"Mi vida es un fino equilibrio entre la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico", advierte la intelectual y activista "queer" cubana Yasmín Silvia Portales, fundadora de Proyecto Arcoiris.

"Mi primer ejercicio de marxismo es buscarme los frijoles", confiesa, pues "sin autonomía material es muy difícil pretender tener autonomía política". Yasmín se gana la vida como crítica literaria. Parte de lo que gana escribiendo sobre ciencia ficción y fantasía cubana, sumado a su gestión de financiamientos puntuales de fundaciones o redes de académicos afines en Europa o Estados Unidos, le permite desarrollarse como investigadora social independiente (sobre políticas públicas y usos de Internet en Cuba). Con el resto, no sólo se "autogestiona" su familia sino también parte de los proyectos políticos que co-anima.

Entre 2005 y 2006, fue webmaster y reportera del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), asociado al ministerio de Salud y dirigido por

Mariela Castro

, hija del actual presidente cubano. Hasta que una beca de estudios en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), en Ecuador, alimentó su militancia feminista y queer, su convicción de que más allá de la valiosa labor de "visibilización" y "acompañamiento" de la comunidad LGBT, y de "sensibilización" de la sociedad cubana, desarrollada por este centro estatal, el "semillero de activistas" generado por el propio centro tenía que "salir a las calles a exigir derechos".

Proyecto Arcoiris

Primero, se incorporó a la Red Observatorio Crítico, "un grupo político horizontal y anticapitalista" de redes y de activistas ecologistas, anarquistas, antirracistas, por los derechos LGBT, la no violencia, entre otros. A finales de 2011 impulsó la fundación del Proyecto Arcoiris: "un proyecto LGBT, anticapitalista e independiente, autofinanciado, horizontal", y −como el resto de las organizaciones de todo el espectro político cubano− sin un marco legal que le permita constituirse como una entidad de la sociedad civil autogestionada con independencia del Estado.

Proyecto Arcoiris "cree que es necesario luchar, porque todavía hoy, en Cuba, es difícil salir a la calle cada día y vivir como personas no heterosexuales", aseguran sus miembros en su web. "Defendemos el derecho de negarnos a mentir a nuestras familias, comunidades, colectivos de trabajo, amistades; defendemos también el respeto a aquellas personas heterosexuales que nos apoyan contra la homofobia cotidiana", precisan.

Arcoiris se ocupa del "análisis crítico de políticas públicas que genera el CENESEX y el Gobierno" para la comunidad LGBT. Ha denunciado, por ejemplo, el sesgo homofóbico del Censo de Población y Viviendas de 2012 −sobre el que el CENESEX se negó a pronunciarse− y la exclusión de la identidad de género o la condición de seropositivo como causas punibles de discriminación laboral en la Ley 116 del Código de Trabajo. Reclama por el retraso en una reforma al Código de Familia que permita, al menos, reconocer uniones civiles homosexuales (ya que el matrimonio igualitario solo sería posible con una aún más retrasada reforma constitucional).

Informa a la comunidad LGBT cubana sobre las luchas de sus pares en el resto del mundo. Reúne y ofrece "las voces de intelectuales y activistas LGBT que publican en diversos espacios, no siempre visibles para la misma comunidad". Recupera y publica "denuncias de ejercicios de discriminación" en todo el país e intenta servir de puente entre los afectados y el servicio de asesoría legal del CENESEX.

Su esposo Rogelio y su hijo RJ comparten el activismo de Yasmín.

Su esposo Rogelio y su hijo RJ comparten el activismo de Yasmín.

Entre la web y la calle

Arcoiris se basa en la labor de diez activistas: siete en La Habana y tres en la central provincia de Villa Clara. Son conscientes de que aun con un blog alojado en un servidor de la llamada

"Intranet" cubana

(una red local de acceso menos restringido que

Internet

), menos del 50% de la población puede acceder a la infomación que gestionan en línea.

No obstante, los medios digitales siguen siendo la alternativa al "discurso oficial", en un país donde los medios tradicionales "están en manos del Estado" y responden a políticas del Partido Comunista (único legal en la isla). Por eso, Proyecto Arcoiris, que tiene entre 40 y 60 visitas diarias en la red, circula un boletín digital vía correo electrónico (enviado a listas de unas 500 direcciones, accesible desde la Intranet cubana y replicado en memorias flash), o envía esporádicamente SMS con convocatorias a acciones públicas (a listas de unos 600 números de teléfonos celulares).

Además, se incorporan y defienden su visibilidad en espacios públicos controlados por el Estado como las

Jornadas contra la Homofobia

, organizadas

anualmente

por el CENESEX. O se toman el espacio público por su cuenta, para celebrar, por ejemplo, el aniversario de la rebelión de Stonewall Inn con Besadas públicas por la Diversidad y la Igualdad, en las que han reunido entre 20 y 50 personas, "todo un éxito" en las condiciones cubanas, asegura Yasmín.

"A la izquierda del Gobierno"

Arcoiris y Observatorio Crítico, son parte de una disidencia que se sitúa "a la izquierda del Gobierno" cubano, que comparte su "antimperialismo, su defensa teórica de la igualdad", pero critica abiertamente su "autoritarismo", exige mayor socialización de los medios económicos, promoción de cooperativas, más derechos para la ciudadanía e igualdad para las minorías: "más socialismo", resume Yasmín.

Esas claras militancias, advierte, son para ella el lugar desde el que se relaciona con el resto de sus coterráneos (incluido el Gobierno y lo que llama la "disidencia de derecha"); y no el lugar desde el que los excluye. Como faro, un presupuesto fundamental: "El espacio de la nación es para todas las personas de la nación, no sólo para las personas de la nación que defiendan una ideología, o una religión o un gusto estético. La nación es para todo el mundo o no es de nadie. Y, si no es de nadie, alguien se la ha robado".

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