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El Mundo

Violencia de género: el lado oscuro de la revolución egipcia

Los grupos de derechos humanos dan la voz de alarma: solo esta semana casi un centenar de mujeres han sido víctimas de agresiones sexuales. La cifra podría ser mucho mayor. Pero las mujeres rompen ahora su silencio.

En la noche del viernes (05.07.2013), se produjo una nueva escalada de violencia en Egipto. Al menos 30 personas perdieron la vida y más de mil fueron heridas, según cifras del Ministerio egipcio de Sanidad. Partidarios y opositores del depuesto presidente Mohamed Mursi batallan por hacerse con el futuro del país. La mayoría de ellos son hombres. “Cuanto más patrullamos y defendemos los derechos de las mujeres, más nos golpean los agresores y los violadores”, dice Nihal Saad Zaghloul, que explica así por qué no se encuentra en los manifestantes de la plaza Tahrir. “Es demasiado peligroso”, asegura.

Mi cuerpo me pertenece, reza la pancarta que porta la activista Nihal Saad Zaghloul

"Mi cuerpo me pertenece", reza la pancarta que porta la activista Nihal Saad Zaghloul.

Esta mujer egipcia de 27 años no quiere correr el riesgo de ser víctima de lo que se ha dado en llamar como “el lado oscuro de la revolución egipcia”. En 2012, durante una manifestación en El Cairo, sufrió un ataque violento. Fue una experiencia tan traumática, que despertó en ella el espíritu de lucha. Zaghloul es en realidad programadora de tecnología informática. Tras la agresión sufrida, fundó Bassma, (“huella”, en español), un grupo que tiene como objetivo denunciar que la violencia sexual en Egipto está a la orden del día y debe ponérsele fin.

Violaciones en masa entre la multitud

Los grupos de derechos humanos están haciendo sonar la alarma: hay cada vez más mujeres víctimas de agresiones y violaciones durante las protestas. A menudo son atacadas por varios hombres. A veces, son incluso rodeadas por un centenar de hombres. Los asaltos pueden durar pocos minutos o varias horas. Según Human Rights Watch, solo esta semana en que las turbulentas protestas derrocaron al presidente Mursi, fueron violadas unas 91 mujeres en cuatro días. Y eso son solo los casos registrados oficialmente.

Hania Moheeb explica en un video de Human Rights Watch cómo las protestas pacíficas de la plaza Tahrir se convirtieron para ella en una pesadilla: “De repente, me vi rodeada por un grupo de personas que me sobaban por todas partes. Me tocaron cada centímetro del cuerpo, hirieron todo mi ser. Estaba tan traumatizada, que solo podía gritar”. A cientos de mujeres egipcias, aunque también extranjeras, les ha ocurrido lo mismo que a Hania Moheeb. El caso de la reportera sudafricana de la CBS Lara Logan atrajo la atención mundial sobre el tema por primera vez. Logan fue víctima de una brutal violación en masa cuando informaba sobre las manifestaciones en la plaza Tahrir.

No se persigue a los culpables

Desde noviembre de 2011, la policía egipcia no está presente en la plaza Tahrir durante las protestas, con el fin de evitar enfrentamientos con los manifestantes. Por ese motivo, las mujeres no son protegidas por los oficiales. Según Human Rights Watch, los violadores saben que sus actos quedarán impunes.

En esta zona sin ley se mueven patrullas de voluntarios que tratan de proteger mínimamente a las mujeres. Pero las dos más grandes, “Tahrir Bodyguard” y "OpAntiSH" (Operación Antiacoso Sexual), no salieron a patrullar el viernes por la noche, por miedo a poner a sus voluntarios en peligro, tal y como informaron en su cuenta de Twitter. Con demasiada frecuencia son heridos cuando intentan frenar asaltos o poner a salvo a las mujeres.

“Resulta extremadamente frustrante y deprimente”, dice Nihal Saad Zaghloul en entrevista con Deutsche Welle. Muchos miembros de Bassma participan como voluntarios en ambas patrullas. “Pero recibimos muchos comentarios de aliento, que nos dicen que lo que hacemos es positivo e importante. Seguir en la lucha es frustrante, pero estamos motivados. Cada día comprendemos mejor la problemática".

Un círculo vicioso

Nihal Saad Zaghlou dice que parte del problema radica en que la sociedad egipcia ha permanecido demasiado tiempo bajo la opresión de Mubarak. “Cuando se oprime a los hombres, estos abusan de quienes –a sus ojos– son más débiles, es decir, las mujeres”. Es un círculo vicioso, que ha arraigado profundamente en la sociedad egipcia y al que Mursi no puso fin. Así lo demuestran declaraciones como las del general Adel Afifi, miembro del Consejo de la Shura por parte de los Hermanos Musulmanes y, hasta hace poco, parlamentario egipcio. En febrero de 2012, Afifi dijo: “Las mujeres son cien por cien responsables de sus violaciones, por meterse donde no las llaman”.

Mujeres egipcias se manifiestan en El Cairo contra Mursi.

Mujeres egipcias se manifiestan en El Cairo contra Mursi.



Pero sería injusto echar a Mursi y los islamistas toda la culpa de la violencia contra las mujeres, dice Zaghlou. “Ha cometido muchos errores y no ha luchado por nuestros derechos, pero tampoco lo hizo el régimen anterior”, explica. Zaghlou prefiere no comentar los rumores de que los Hermanos Musulmanes han pagado matones para mantener a las mujeres alejadas de las manifestaciones y de la vida política: “No hay pruebas. No puedo acusar a nadie sin pruebas”, dice.

Los hombres deben participar

Nihal Saad Zaghloul impulsa campañas de sensibilización desde Bassma, su grupo. Ahora mismo tiene entre manos un proyecto para informar con pancartas sobre los derechos de las mujeres en autobuses, escuelas y guarderías. “Cada vez más mujeres hablan sobre sus experiencias con la violencia sexual y nuestro movimiento crece. Las agresiones contra mujeres van tropezando con el rechazo de más personas y los medios comienzan a hablar del tema”, dice la activista.

En Bassma también hay hombres. De hecho, son mayoría. “Hay que involucrar a los hombres y decirles que el feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres no es un derecho exclusivamente femenino”, dice Zaghloul. “Deben participar. Los hombres tienen madres y hermanas y deben comprender que las mujeres también son personas”. Zaghloul cree que, al margen de las manifestaciones, está en marcha un importante proceso de aprendizaje, no solo para las féminas, sino también para los hombres. “Naturalmente, lleva mucho tiempo. Cambiar necesita tiempo”, concluye.

Autora. Nina Haase/ MS
Editor: Diego Zúñiga

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