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América Latina

Venezuela: la mesa de diálogo se tambalea

Faltando horas para que comience la tercera ronda del diálogo oficialismo-oposición en Venezuela, el antichavismo y el Vaticano, uno de los auspiciantes de la negociación, le reprochan al Gobierno no cumplir lo acordado.

Pietro Parolin Kardinalstaatssekretär Vatikan (picture-alliance/dpa/J. Kaczmarczyk)

Un reproche de Pietro Parolin (foto) atiza tensiones en Caracas.

Enfrentando a opositores dentro y fuera de Venezuela, al Gobierno del presidente Nicolás Maduro no le va bien esta semana. Este lunes (5.12.2016), los representantes del país caribeño ante el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) celebraron la primera reunión del Protocolo de Olivos para la Solución de Controversias en el seno del organismo; pero ninguno de los miembros plenos y fundadores de ese foro envió emisarios a la cita. Sólo Bolivia, que está en proceso de adhesión, atendió a la invitación de Venezuela.

El embajador de Venezuela ante el MERCOSUR y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), José Félix Rivas, aseguró que el pasado 30 de noviembre la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, convocó a los demás países miembros del bloque regional a esta reunión. En materia de relaciones interiores la situación no luce mejor para el sucesor de Hugo Chávez. Faltando horas para que comience la tercera ronda del diálogo oficialismo-oposición en Caracas, a Maduro se le reprocha el no haber cumplido lo acordado hasta ahora.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la mayor coalición de partidos opositores del país, insiste en que no se sentará a negociar con el oficialismo para resolver la guerra de poderes públicos y la crisis de gobernabilidad que aflige al país si el Ejecutivo no honra los compromisos adquiridos en las conversaciones previas, auspiciadas por el Vaticano y la UNASUR. La tensión se intensificó cuando el secretario general de la MUD, Jesús "Chúo” Torrealba, informó sin dar detalles que el Vaticano se había comunicado con Maduro.

Fue el dirigente opositor Henry Ramos Allup, presidente del Parlamento, quien acotó que Maduro había respondido airadamente a una carta "confidencial” en la que un vocero de la Santa Sede lo exhortaba a hacer valer la palabra empeñada durante diálogos previos. "Como el Vaticano ha emplazado al régimen a cumplir los compromisos adquiridos en la mesa de diálogo, ahora Maduro lo acusa de infiltrado y saboteador”, dijo Ramos Allup. Quien ha reaccionado públicamente es el segundo "hombre fuerte” del chavismo, Diosdado Cabello.

En un acto político celebrado en el estado oriental de Anzoátegui, Cabello dijo que la carta en cuestión no fue enviada por el papa Francisco, sino por el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin. "Es un falta de respeto, irresponsable, creer que desde el Vaticano van a tutelar a Venezuela. No aceptamos tutelaje de nadie”, señaló el primer vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), subrayando que los enviados de la Santa Sede deben respetar su papel de facilitadores del diálogo.

"El Vaticano no es ningún intermediario, ni ningún mediador. (Sus representantes) están allí como invitados y facilitadores. No tienen derecho a hacer propuestas, ni a inclinar su posición. ¿Oyó, señor Prieto Parolin?”, agregó Cabello antes de acusar al funcionario vaticano de haber asistido a una reunión privada de la MUD cuando éste se desempeñaba como nuncio apostólico en Caracas. En la misma línea, recomendó que "nadie del Vaticano se meta” en los asuntos internos de Venezuela.

La oposición acordó en noviembre crear un ambiente de convivencia política más pacífica que el prevalente. Para ello, aceptó desmovilizar sus protestas y detener el juicio político contra Maduro en la Asamblea Nacional; pero exigió del Gobierno la liberación de un grupo de presos políticos, el respeto a la autonomía de la Asamblea, la aceptación de una salida electoral a la crisis del país y la apertura de un canal humanitario para poner coto a la escasez de alimentos y medicinas. Son estas las condiciones que el Gobierno no ha cumplido.

ERC ( EFE / dpa )

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