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Alemania

Víctimas de la ingenuidad

El Parlamento alemán fue víctima de un ciberataque masivo. Ahora no solo se debe cambiar gran número de computadoras. El Parlamento debe empezar a cambiar su forma de pensar, opina Jens Thurau.

Todos somos demasiado despreocupados en el manejo de nuestros datos en Internet. Eso es lo que dicen todas las estadísticas. Pasamos de una red social a otra y revelamos mucho sobre nosotros en ellas. Hacemos compras y transferencias bancarias en en línea, somos negligentes con nuestras claves y no siempre contamos con programas de seguridad. ¿Por qué entonces deberían los políticos comportarse de otro modo?

Deberían hacerlo porque el ataque cometido por piratas informáticos al Parlamento alemán tiene una dimensión mayor, de la que habría que hablar. ¿Quiénes son estos hackers? Sobre eso solo se puede especular por el momento. La mayoría de los políticos a los que se pregunta al respecto presumen, como mínimo, que se trata de de una gran organización criminal, probablemente del este de Europa. Y hasta suponen que hay otros países detrás del ciberataque.

Acceso a datos altamente secretos

Jens Thurau, de DW.

Jens Thurau, de DW.

Es probable que ahora se deban cambiar los programas y los equipos, incluso por completo, pero eso está por verse, ya que el ciberataque llegó hasta las más profundas estructuras de la red del Parlamento alemán, y afectó también los derechos de administración. Lo peor: todavía continúa.

No es broma. La Comisión de Defensa del Parlamento se ocupa, por ejemplo, de exportaciones de armamento. La Comisión de Relaciones Exteriores, de la estrategia de Alemania, de sus intereses frente a otros países, tanto frente a amigos como frente a los que no lo son. Allí se intercambian informaciones altamente sensibles, y, sin embargo, se tiene la impresión de que no hay conciencia acerca de que la red a través de la cual se intercambian esos datos debe ser protegida de acuerdo con los últimos estándares de la tecnología.

Desde hace cuatro semanas, los diputados no tienen idea de cuán grave es el ataque, ni de lo que deben hacer exactamente. El presidente del Parlamento alemán, Norbert Lammert, de la Unión Democristiana (CDU), se oculta tras un manto de silencio. La Oficina Federal de Seguridad Informática (BSI, por sus siglas en alemán), así como la Oficina Federal de Protección a la Constitución, hacen lo mismo. Tal vez, porque tampoco saben qué hacer. Y si esto es cierto, sería muy preocupante.

Y todo esto ocurre en un momento en el que queda claro que la Agencia Nacional de Seguridad de EE. UU. (NSA) espió masivamente a los ciudadanos alemanes, y que hasta cooperó impecablemente con los Servicios Secretos Alemanes (BND). Las reacciones al divulgarse esa noticia fueron las mismas que ahora: tanto los alemanes como muchos políticos se mueven entre el fatalismo (“Los estadounidenses son así, y eso nadie podrá cambiarlo”) y la ingenuidad (“Quien no tiene nada que ocultar, no debe preocuparse”), matizado con un poco de regocijo con la desgracia ajena, cuando se enteran de que se realizaron escuchas al teléfono móvil de la canciller alemana, Angela Merkel.

Una canciller despreocupada e ingenua

A propósito de Merkel: de algún modo, la noticia del ciberataque al Parlamento encaja con su conducta. Merkel está presente desde hace poco en Instagram y postea alegremente, por lo cual algunos troles rusos comenzaron a acosarla con sus respuestas, la mayoría discursos llenos de odio sobre la política alemana en Ucrania. Nadie en el Parlamento se preparó para ese tipo de reacción, y finalmente, lo único que hicieron fue borrar histéricamente los mensajes en cirílico.

Despreocupación, negligencia, tal vez también ingenuidad. Eso es lo que reina en el gobierno y el Parlamento alemanes. Pero muchos diputados están indignados por que ahora probablemente se concrete, a corto plazo, lo que ya debería haber sucedido hace mucho: se empleará a más personal, se pondrá a disposición más dinero para software de seguridad y se trabajará con mucha más cautela. Los ciberataques no se podrán evitar, ni siquiera los más graves, pero sí habría que tomárselos en serio.