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Política

Unión Europea: así no se puede seguir

Inmediatamente después de conocerse el "no" irlandés al Tratado de Lisboa de la Unión Europea, arrecian las críticas contra Dublín. La UE le exige perentoriamente a Irlanda una propuesta para salir del atolladero.

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Jose Manuel Durao Barroso (izq.) abandona la conferencia de prensa posterior al referéndum en Irlanda: evidente desilusión.

Las papas están que arden. El presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Durao Barroso, inició inmediatamente después de conocerse el voto negativo irlandés una serie de conversaciones con gobiernos europeos.

Barroso pasará todo el fin de semana y los días siguientes analizando con los jefes de Estado y de gobierno del bloque cómo salir de la crisis en que Irlanda sumió a la UE. Ya el viernes se reunió con miembros del gobierno de España, aprovechando que estaba en el país para la inauguración de la Expo de Zaragoza.

En una primera declaración, el presidente de la Comisión Europea instó a los 27 Estados miembros a buscar de forma conjunta una solución. "No puedo decir ahora cómo será esa solución", dijo Barroso, evitando meterse en camisa de once varas. No obstante, recordó que "los países firmaron el Tratado juntos y por lo tanto tienen una responsabilidad común en sacarlo adelante. Los Estados que aún no lo ratificaron deberían hacerlo a pesar del rechazo irlandés, agregó.

Coro de los lamentos: "la culpa la tiene Irlanda"

A diferencia de Barroso, otros políticos europeos, partiendo de que el resto de los 26 países aprobarán el Tratado, concentraron sus críticas en Irlanda. Hasta ahora, 16 países lo han ratificado. En otros cinco ha sido ratificado en las cámaras bajas y se da por hecha la aprobación en las cámaras altas. En España, Italia, la República Checa, Chipre y Suecia aún no se ha votado, pero se parte también que será ratificado en los Parlamentos. Justamente en el único país donde era imprescindible un referéndum popular, Irlanda, la reforma se da dado de bruces contra el suelo.

El ministro alemán de Relaciones Exterior, Frank-Walter Steinmeier, dijo que una posible salida al dilema es que Irlanda manifieste su voluntad de quedar voluntariamente al margen del proceso, permitiendo que el resto de la Unión Europea (una UE de los 26, en lugar de 27 países), implemente el Tratado de Reforma sin Irlanda. "Pero ello deben decidirlo los propios irlandeses, no es nuestra tarea decirle a los irlandeses qué tienen que hacer", agregó.

El presidente del Parlamento Europeo, el alemán Hans-Gert Pöttering, reflotó la idea de un núcleo europeo. "Necesitamos un debate sobre el futuro de Europa, en el que seguramente desempeñará un importante papel la idea de una Europa con dos velocidades, en la que un núcleo marcha a la cabeza", dijo el político alemán, sin bien recalcando que no es su opción predilecta.

El retorno de la Europa de las dos velocidades

Otro antiguo adversario de la "Europa de las dos velocidades", Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, después de la debacle irlandesa se manifestó también propenso a revisar su posición: "Parece que no queda otra alternativa que crear un núcleo de países dispuestos a llevar adelante las reformas políticas y que el resto se vaya adhiriendo así quiera y pueda", dijo visiblemente enojado.

El secretario de Estado de Europa del Reino Unido, Jim Murphy, llegó incluso a instar al gobierno irlandés a proponer una solución a la crisis generada con la negativa al Tratado de Lisboa y comunicar la semana que viene en Bruselas cómo se puede solucionar el problema.

Murphy insinuó además que los irlandeses se pueden ver aislados si todos los demás Estados llevan adelante el proceso de ratificación hasta fin de año. "Si llegamos al final de este proceso, posiblemente a fin de año, entonces es importante reflexionar sobre por qué 26 gobiernos ratificaron y uno no, y debatir cómo seguimos adelante".

El que paga los platos rotos ahora es el gobierno irlandés, que habiendo abogado por un "sí" en el referéndum, se siente no sólo defraudado, sino también ahora aislado en Europa y es objeto de críticas de todos lados. Por cierto, su situación no es nada cómoda. Al caso parecen venir las palabras de Bertolt Brecht: "lo mejor sería que el gobierno se eligiera otro pueblo".

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