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El Mundo

Una coalición difícil contra Estado Islámico

Occidente anunció que podría colaborar con la armada siria en la lucha contra Estado Islámico. ¿Pero cuán realista podría ser luchar al lado de un ejército, cuando hasta ahora se había apoyado a sus enemigos?

Tras los atentados de París, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, mencionó la posibilidad de tener que trabajar conjuntamente con las tropas sirias para luchar contra Estado Islámico (EI). Es decir, luchar al lado de los soldados que apoyan al presidente Asad en la guerra civil siria, pero también con los rebeldes que hasta ahora habían recibido apoyos de occidente.

Ursula von der Leyen, ministra alemana de Defensa, también apuntó a una posible colaboración con las tropas sirias. Sin embargo, no precisó la forma de hacerlo para no combatir del lado del Gobierno de Asad en el contexto actual. ¿Quién sería entonces el socio de coalición? ¿Y qué papel jugarían las lealtades y la confianza en un frente común, compuesto por partes que se han enfrentado entre sí en la guerra civil apoyadas por diferentes bandos como Rusia u Occidente?

Un nuevo mando militar

Una cooperación de tales características es difícil de imaginar, opina Muriel Asseburg, experta en Oriente Próximo de la Fundación Ciencia y Política. Sin embargo, continúa, la idea es llegar a un Gobierno de transición inclusivo y creíble (donde estén representadas todas las partes), que reciba el mandato para dirigir a las fuerzas armadas. Entonces ya no serían tropas del Gobierno actual, sino de un nuevo Gobierno. Además, la coalición internacional contra EI es grande y no solo interviene Occidente, sino también otros países árabes y Rusia, principal del Gobierno de Asad en la guerra civil.

Muriel Asseburg, experta en Oriente Próximo.

Muriel Asseburg, experta en Oriente Próximo.

Por esta razón, no sería un cambio de bando tan radical. Además, muchos de los soldados no combaten voluntariamente por Asad, sino que vienen del servicio militar obligatorio y las acciones de reclutamiento para la guerra. Es decir, muchos no pudieron decidir en qué bando iban a pelear y hubo muchos desertores. Según el Observatorio de Derechos Humanos para Siria, cercano a los rebeldes, habrían desertado cerca de 70.000, una cifra no confirmada. Muchos otros cambiaron de bando. Entre otras cosas, por la cantidad de víctimas que se cobró la guerra. Desde sus inicios en 2011, habrían fallecido unos 80.000 soldados y de los 300.000 iniciales y solo quedarían 180.000.

Actualmente, el régimen de Asad refuerza el sector alauita del ejército. Estos representan solo el 12% de la población y profesan la corriente chiita del islam. Pero su proporción entre altos mandos militares es mucho mayor, aclara Asseburg. Históricamente fueron menospreciados y el ejército era una empresa atractiva para ellos, además de haber sido apoyados por el régimen de Asad. Por otra parte, la mayoría del pueblo llano es sunita. “Estos elementos confesionales reflejan que el Gobierno solo confía en su propia gente. Por eso, gran parte del ejercito regular no intervienen en la guerra”, aclara la experta en Oriente Medio, mientras las tropas sunitas estarían dirigidas por el servicio secreto.

Ataques aéreos contraproducentes

Un sistema tan complejo de relaciones y vigilancia recíproca no genera precisamente confianza y lealtad. Por eso, habrá que esperar cómo intervendrán los soldados alauitas en una coalición contra los sunitas de EI. Hasta ahora, el ejército sirio tuvo más interés en luchar contra los kurdos que contra EI. Y sobre todo será relevante cómo integrar a todas estas etnias y confesiones en un nuevo Gobierno. En especial los sunitas árabes, que representan al 74% de la población del país.

Por otra parte, en la guerra contra EI "no solo será decisiva la parte militar, sino también ganarse a la sociedad civil”, aclara Asseburg. Actualmente, está sucendiendo todo lo contrario, puesto que es el pueblo el que sufre el aumento de los ataques aéreos contra EI. Y eso no es una buena estrategia para luchar contra Estado Islámico.

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