¿Una Bolivia atómica? | América Latina | DW | 07.12.2014
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

América Latina

¿Una Bolivia atómica?

Energía nuclear con fines pacíficos y medicinales quiere una Bolivia que pretende convertirse en centro energético regional. Teniendo energías renovables, ¿merece la pena optar por esta tecnología altamente nociva?

“¿Le da miedo la energía nuclear? La queremos con fines pacíficos y con fines medicinales. Estamos en la etapa de investigación”, respondía a DW David Choquehuanca, durante su reciente visita a Bruselas, en donde resaltaba uno de los logros del gobierno boliviano: “Ahora podemos vender energía. Y tenemos un gran potencial”.

Todo tipo de energía

Los recursos naturales del país le permiten, al parecer, que su diversificación energética no deje campo por hollar: eólica, solar, geotérmica, fósil. Y ahora, con sus reservas de uranio en Santa Cruz, Potosí y Tarija, también la nuclear. Esta, en cuanto a emisiones, pasa por una fuente de energía limpia.

Pero sus residuos altamente radioactivos, los altos costos de las centrales, el impacto en el entorno y el riesgo de escapes radioactivos y catástrofes como las de Chernóbil y Fukushima hacen que países como Alemania y Suecia -cuarto y noveno consumidor de energía de procedencia nuclear- hayan decidido abandonarla. La pregunta es clara: ¿por qué optar por una fuente de energía peligrosa cuando, por ejemplo, el potencial en renovables es tan alto?

Geopolítica, no necesidad

“Si la pregunta es si la necesita, la respuesta es no. Bolivia en este momento cuenta con un leve excedente de energía eléctrica”, explica a DW Isabella Radhuber, politóloga y miembro del grupo de investigación “Ecología y Política Internacional”, de la Universidad de Viena.

Radhuber, con varios estudios publicados sobre el tema en Bolivia y Ecuador, afirma: “La ambición es convertirse en el corazón energético regional. Los planes nucleares del actual gobierno tienen que ver más bien con el rol de Bolivia en el escenario regional y global”. En el discurso oficial actual, la producción de energía nuclear se ve como un derecho, como un acto de liberación de las dependencias tecnológicas.

David Choquehuanca, ministro de Exteriores de Bolivia.

David Choquehuanca, ministro de Exteriores de Bolivia.

Además, así Radhuber, “es interesante la constelación geopolítica que se evidencia: Rusia, Irán y Argentina cooperarán en este tema con Bolivia”. También Francia, que con sus 59 centrales nucleares produce el 75 por ciento de su electricidad.

¿Buen Vivir con residuos radioactivos?

Que el asunto es polémico, y no solo en Bolivia, está claro. Con todo, a la hoguera del debate en el caso del país andino se suma otro elemento: su propia constitución. El desarrollo de esta forma de energía tan tóxica entraría en contradicción con la protección de la “Madre Tierra” y con la armonía del “buen vivir”.

“En la Constitución se define Buen Vivir como el derecho a vivir en un territorio limpio, a practicar formas de vida propias, de vivir en armonía con la naturaleza. Pero, entretanto, hay otros frentes que defienden la minería y el extractivismo como fase previa. El buen vivir, entonces, se entiende como redistribución financiera”, explica Radhuber.

Bolivien Gas Behälter

Por otro lado, está el problema de los residuos: “Bolivia tiene mucha experiencia tanto con la explotación de recursos naturales como viviendo con sus efectos negativos. A los urgentes problemas que hay ahora con los residuos de la minería -cuyos desechos tóxicos en Huanuni, por ejemplo, van al río-, se sumaría el desafío de los desechos radiactivos”.

Se abre el debate

Así las cosas, el movimiento antinuclear se está formando en Bolivia. Y para el 15 de enero convoca a un foro en Cochabamba para estudiar las implicaciones de este tipo de energía.

“Quieren lograr que, si no un referéndum, por lo menos haya un debate en la sociedad acerca de los riesgos”, dice Radhuber. Aunque no muy optimista, no descarta que la presión logre frenar esta decisión por una tecnología peligrosa, de la cual varios de los países “desarrollados” van ya de vuelta.