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Ecología

Un tsunami de chatarra electrónica en África

El reciclaje ilegal de chatarra electrónica es una amenaza para los seres humanos y el medio ambiente. Los más afectados son los pobladores del sur del planeta. Y las montañas de basura siguen creciendo.

Televisores que arrojan vapor, neveras que se incendian y ríos contaminados son parte del panorama rutinario en Agbogbloshie, un barrio de Accra, la gran metrópoli de Ghana. Esa zona se ha transformado en un símbolo de las consecuencias del consumo global de aparatos electrónicos. La mayoría de los jóvenes usan gomas de neumáticos o placas de materiales espumosos como combustible para las fogatas en las que funden cobre y otros metales. “Suponemos que la expectativa de vida de estas personas se reduce claramente”, afirma Matthias Buchert, del Instituto Ecológico de Darmstadt.

A causa de las emisiones tóxicas que surgen de las fundiciones rudimentarias, Agbobloshie fue incluida en la lista de los diez sitios más contaminados del mundo que elabora el Instituto Blacksmith. Ahí viven 40.000 personas, pero las autoridades medioambientales de Ghana calculan que el fenómeno afecta a unas 250.000 pobladores en total.

Una escena de la rutina en la capital de Ghana

Una escena de la rutina en la capital de Ghana

Según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el mismo panorama se repite en otras ciudades de África y Asia. “Nos enfrentamos a un tsunami de chatarra eléctrica sin precedente”, dice el director del PNUMA, Achim Steiner durante la presentación del documento.

Los países mas afectados de África son Ghana, Nigeria, Costa de Marfil y la República Democrática del congo. En Asia resienten las consecuencias China, India, Pakistán y Bangladés.

La ONU estima que el volumen de chatarra eléctrica es de 42 millones de toneladas anuales. Cuando los artefactos llegan a estos y otros países, los intermediarios en el comercio ilegal ya han ganado grandes sumas de dinero. El PNUMA calcula que el reciclaje y desguace clandestinos dejan ganancias por unos 17 mil millones de euros en todo el mundo.

Matthias Buchert, del Instituto Ecológico de Darmstadt

Matthias Buchert, del Instituto Ecológico de Darmstadt

El papel de los países ricos

Alemania pertenece al grupo de los grandes productores de basura electrónica. Cada alemán produce en promedio 21,6 kilogramos de ésta, cada año. Y aunque la exportación de aparatos electrónicos defectuosos está prohibida, innumerables contenedores cargados con chatarra de este tipo salen de los puertos alemanes.

El ministro alemán de Desarrollo, Gerd Müller, reconoció durante una visita a Agbogbloshie que Alemania es corresponsable por las consecuencias humanas y ecológicas. “La mayoría de los aparatos electrónicos desechados en Europa vienen a parar aquí, tanto de manera legal como ilegal”, dijo.

Por su parte, Buchert trabaja actualmente en un proyecto que incuye a Ghana y a Egipto. Ahí, empresas locales colaboran con firmas alemanas de reciclaje, para recolectar piezas reciclables y enviarlas de nuevo a Alemania a fin de ser reutilizadas.

“En algunos aspectos, esto funciona muy bien”, dice. “Pero los retos siguen siendo gigantescos”.

También se piensa en otras soluciones alternativas como el pago de una especie de fianza por cada aparato electrónico o teléfono celular que se compre en Europa. El monto sería restituido al cliente cuando éste devuelva el producto.

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