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Cultura

Un gato habla en la cocina: el pabellón alemán de Liam Gillick

Alemania está representada por primera vez por un inglés en la bienal de arte de Venecia. En entrevista con Deutsche Welle, Liam Gillick explica cómo construyó el pabellón alemán y qué piensa del León de Oro.

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"¿Cómo te portarás? Habla un gato de cocina", de Liam Gillick.

DW-WORLD.DE: Ud., Liam Gillick, un británico, es responsable del pabellón alemán. ¿Bastante fuera de lo común, no es cierto?

Liam Gillick: Para cada país, diseñar un pabellón es algo diferente. Y cada nación lo hace a su manera. En Alemania aprecio especialmente que los curadores pueden decidir libremente, es decir, al elegir al artista que lo hará no se trata de una decisión política. Y dicha decisión la toma un experto, lo que se traduce para el curador en un alto grado de responsabilidad y una gran presión. En Gran Bretaña, esta decisión es más bien de corte político. Y en Francia es el mismo Ministerio de Cultura el que elije al artista, no un curador. En Alemania se considera al pabellón más bien como un museo con un límite temporal que está abierto durante pocos meses cada dos años. El curador debe pensar en todos los detalles y posibilidades. Muy difícil. Y muy interesante.

¿Qué tan difícil fue para usted crear en el Pabellón de Venecia una atmósfera que le hiciera honor a su arte?

Creo que es lo más difícil que he hecho jamás. No sólo por la historia del edificio, que fue reformado en 1930 por los Nazis (se le agregaron columnas monumentales al pabellón, N. de Red.). Todos los grupos totalitarios u obsesionados con el poder utilizan un tipo de arquitectura sacra. De este modo manipulan a la gente. El interior del pabellón es casi como una iglesia, lo que lo hace muy difícil, especialmente para alguien como yo, que no tiene mucho que ver con iconografía o elementos sacros. Yo quería develar el edificio, no esconder nada. Las ventanas están abiertas, la luz penetra por allí, se puede entrar y salir con facilidad. Y, al mismo tiempo, quería de algún modo ignorar el edificio. Eso fue difícil; un verdadero desafío.

¿Nos puede decir qué nos espera en el pabellón alemán?

Para mí era muy importante que las puertas estuvieran abiertas de par en par. El frente del edificio debe ser abierto y hospitalario. Nada debe ocultar el pabellón. El edificio se debe poder volver a ver. Al entrar, lo primero que se ve es una especie de protección contra los insectos como la tienen los puestos de comida callejeros, tiras de plástico a través de las cuales el visitante se va moviendo. Luego se ingresa a un espacio que parece una simple cocina. Una cocina de madera, algo entre cocina funcional y la cocina más elemental. Una especie de modernidad alternativa. No se trata de un gran simbolismo e ideas abarcadoras, sino de otro tipo de modernidad, la que conduce a una especie de cocina contemporánea.

Sobre la alacena de la cocina se ve además a un gato que cuenta una historia. Uno puede pararse en la cocina y escuchar al gato, que habla sobre ideas y posibilidades, sobre la tensión entre el amor y el intelecto, sobre malentendidos y deseos. El gato tiene mi voz – yo soy el gato. El gato es una criatura infiel que puede tener muchos dueños. Y es una figura que, en cierto modo, ha visto todo. Quería un ser que es desleal, pero que, al mismo tiempo, pide atención. Representa de alguna forma a la figura omnisciente de la Historia.

Todos los años se debate en Venecia sobre el “León de Oro”, premio con el cual se corona al mejor pabellón. Eso provoca mucha rivalidad entre los diferentes países representados en la Bienal de Venecia. ¿Se necesita un premio así?

No creo demasiado en un premio para los pabellones nacionales. Sería más productivo dirigir la mirada a los artistas más jóvenes y más viejos. Creo que los pabellones atraen la suficiente atención. Yo utilizaría el premio para promover a artistas jóvenes. Los artistas se conocen muy bien, al menos en lo que a su obra se refiere, y apenas hay rivalidades.

¿Qué importancia le otorga al diálogo con otros artistas en el pabellón alemán, o también entre los artistas de los otros pabellones?

Eso es muy importante, es una de las razones por las cuales estamos aquí. Por eso contratamos a un equipo de jóvenes artistas e historiadores del arte que trabajarán durante los próximos meses. Comenzarán un diálogo que influirá mucho en su forma de ver las cosas. Para mí es muy importante hablar con colegas y también con gente con las que no siempre estoy de acuerdo. Mucha gente piensa que Venecia es, más que nada, una celebración de sí mismo, pero también hay muchos momentos de suspenso y contradicciones.

Liam Gillick nació en 1964 y es artista, diseñador, crítico y escritor. Sus instalaciones, que llenan el espacio, tocan temas minimalistas. Trabaja a menudo con instalaciones de texto, construcciones de estanterías y biombos de colores llamativos. Utiliza plexiglás o rieles de aluminio. Su obra como publicista abarca ensayos, críticas y textos de ficción. En 2002 Gillick fue nominado para el Premio Turner. En el pabellón alemán puede verse su obra “El futuro siempre se comporta de otra forma”.

Entrevista: Brendáin O'Shea

Editora: Claudia Herrera Pahl

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