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Un día que cambió el mundo

¿Qué ha cambiado en estos diez años, después del 11 de septiembre de 2001? Poco, a primera vista, pero, en realidad, mucho, opina Marc Koch, jefe de redacción de Deutsche Welle.

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911 Editorial

Tras 10 años parecería que nada ha cambiado: Estados Unidos sigue siendo responsabilizado de todo lo malo que acontece en nuestro mundo. Alemania se ocupa de sí misma. Y cuando un comando de asalto estadounidense liquida al fundador de Al Qaeda, Osama bin Laden, los moralistas salen a expresar su estupor.

10 años después de los ataques terroristas más terribles de la historia moderna se publican libros que afirman poder probar científicamente que el 11 de septiembre no hizo cambiar el mundo.

Estos intentos inconsistentes por medir con parámetros humanos tan increíble catástrofe para convertirla en un evento histórico como cualquier otro son comprensibles desde el punto de vista psicológico, pero políticamente son equivocados y moralmente recriminables.

El 11 de septiembre de 2001 cambió el mundo como pocos días en las décadas pasadas. Hay un “antes” y un “después”. Esta fecha es una grieta en cuyas profundidades se derrumbaron conceptos, ideas y teorías globales. Muchos de esos huecos no han podido ser llenados hasta el día de hoy.

Y eso vale especialmente para Occidente, que en los últimos 10 años ha preferido expresar comprensión de forma precipitada, en vez de enfrentarse con conceptos y propuestas claros el reto del terrorismo islamista y sus seguidores.

Uno de los más absurdos ejemplos fue la reacción atemorizada a la reacción desatada por la publicación de un par de malas caricaturas del profeta Mohammed. Este ejemplo fue superado por el debate, surgido sobre todo en Alemania, de si era o no compatible con el derecho internacional matar a un asesino de masas como Osama bin Laden, en cuyo nombre fueron mal utilizadas la cultura y la religión islámica.

Estos debates demuestran la fuerza con la que los atentados del 11 de septiembre de 2001 han impactado la escala de valores occidental: George W. Bush – quien indudablemente no se cuenta entre los más destacados presidentes de Estados Unidos – anunció dos días tras los atentados terroristas: “Vamos a defender la libertad, lo bueno y lo justo.” Esta simple pero decisiva frase ha sucumbido a la legítima ira contra Guantánamo, Abu Ghraib y los miles de muertos que se ha cobrado la lucha contra el terrorismo.

La clara e inequívoca postura de Bush (jr.) ha sido manchada. Una bofetada no sólo para las víctimas del 11 de septiembre, aquellos que perecieron en el infierno del World Trade Center o tuvieron que decidirse a saltar a la muerte desde 400 metros de altura. Ello trastoca los papeles de victimarios y víctimas.

Se han olvidado las sólidas y –esperemos– irrevocables consecuencias de la frase de Bush: Afganistán ya no está en manos de una banda de fanáticos teócratas que desprecian al ser humano. Que Irak se libró de su dictador y hoy se encuentra camino hacia la democracia. Que las revoluciones del Cercano Oriente son, a fin de cuentas, el resultado de la clara convicción, repetida una y otra vez, a favor de la democracia y la libertad.

El terrorismo no puede ser aceptado jamás; tampoco como una “forma violenta de expresión”, como ocasionalmente intenta interpretarlo gente supuestamente comprensiva.

Este especial multimedia de Deutsche Welle lo muestra en todas sus facetas: en historias individuales, en la de regiones completas y con las perspectivas para todos nosotros, 10 años después del 11 de septiembre de 2001: un día que cambió el mundo.

Autor: Marc Koch
Editora: Claudia Herrera Pahl