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Economía

Un clima distinto para un modelo empresarial distinto

El mundo quiere ser más ecológico y cada vez se presiona más a los consorcios energéticos. Ahora, los inversores quieren saber los efectos de la nueva legislación sobre los beneficios. ¿Cambiará el modelo de negocio?

En total, las diez empresas unidas en torno a Investment Leaders Group administran más de cuatro mil millones de dólares de patrimonio. Tienen mucho peso en los mercados y cuando compran acciones mueven enormes cantidades. Sin embargo, cada vez son más cautelosas a la hora de negociar acciones de eléctricas, empresas de gas o refinerías. En una época en la que todos queremos ser más ecológicos, nadie puede prever el futuro de este modelo de negocio.

En la cumbre de París del pasado diciembre, la comunidad internacional acordó más medidas para paliar el cambio climático. La Unión Europea aprobó los objetivos del clima para 2030, mientras en China se experimenta con un mercado de gases contaminantes y en EE.UU. se aplicó el Clean Air Act, regulación destinada a limitar las emisiones.

Protestas contra las energías fósiles en Berlín.

Protestas contra las energías fósiles en Berlín.

Ahora, la gran incógnita es el efecto que todo esto tendrá sobre los beneficios. Algunos grandes fondos ya recurrieron a estrategias de divestment (desinversión), eliminando de sus portafolios las acciones de consorcios energéticos convencionales. Pero Investment Leader Group (ILG) tiene otra visión. En lugar de rechazar completamente las energías fósiles, sería necesario analizar cada empresa por separado. “Con nuestro planteamiento saldrían beneficiadas las empresas que reduzcan los daños ecológicos e inicien una transición lenta”, apunta Andrew Mason, analista de Standard Life Investments.

¿Beneficios en peligro?

De la mano de los investigadores del Instituto de Liderazgo Sostenible de la Universidad de Cambrigde, los analistas del ILG desarrollaron un modelo para calcular cómo estas leyes “ecológicas” afectarán al beneficio empresarial. Para su estudio, los expertos analizaron tres sectores (generación de electricidad, tratamiento de petróleo y extracción de gas) en cinco países (Gran Bretaña, España, Alemania, la provincia canadiense de Alberta y el estado de California en EE.UU.).

Entre los resultados, se ve que la influencia de las leyes ambientales sobre las empresas no siempre es negativa. “Si las nuevas leyes sirven para reforzar el uso de renovables, España estaría mejor posicionada que Inglaterra”, aclara Mason. En la isla sigue produciéndose mucha electricidad basada en el carbón que provocaría perdidas, frente a un alto porcentaje de renovables de España, que generaría un aumento de beneficios en torno al 76%.

Para mitigar estos riesgos, el estudio aconseja que las empresas reaccionen al cambio. Así, los ingleses podrían evitar pérdidas y aumentar beneficios si consiguen entrar a tiempo en un modelo energético combinado e invierten en tecnología, cargando los costos a los consumidores. Aún es pronto para decirlo, pero cuando este modelo esté desarrollado, sería una gran herramienta para que los inversores sepan donde invertir su capital.

El difícil acceso a los datos

El gran problema es que este modelo necesita muchos datos para poder funcionar y las empresas no están obligadas a darlos. Hasta ahora, solo diez compañías lo han hecho y los investigadores ni siquiera pueden publicar el nombre de los participantes, porque si destacan empresas por buenas prácticas, significaría que hay otras empresas peores.

Pero Mason confía en que más empresas aporten sus datos para el análisis en un futuro, aunque así dejen sus debilidades al descubierto. “Cuantos más datos, mejor diagnóstico podremos hacer”, aclara. “Creo que las empresas mejor posicionadas serán las primeras en ofrecer sus datos. “A las demás, habrá que pedírselos, pero en ese caso también los inversionistas se preguntarán la causa”, concluye Mason, destacando que también la UE terminará exigiendo esos datos. Una presión que aumenta día tras días sobre este modelo de negocio. Por lo menos, así lo muestran los malos resultados de grandes consorcios como Eon o RWE sin necesidad de recurrir a complicados modelos.

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