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América Latina

Un año de Raúl Castro y pocos cambios en Cuba

El 24 de febrero de 2008, el Parlamento cubano nombró presidente a Raúl Castro. El acto puso fin a 49 años de Fidel Castro en el poder y llevaba acoplada la esperanza de un cambio que, un año después, aún no llega.

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Raul Castro no ha traído todos los cambios que se esperaban.

Los cubanos siguen esperando. Esperando en las infinitas colas frente a los comercios, esperando en las carreteras por las que apenas circulan coches, esperando a que mejoren sus condiciones de vida, esperando a que soplen los aires de cambio que un día de hace 12 meses prometiera la nominación de Raúl Castro como jefe del Estado.
Kuba Wahl Raul Castro

Raúl Castro habla en el Parlamento cubano tras ser investido presidente, 24 de febrero de 2008.

A sus 77 años, Raúl Castro no encarna precisamente el relevo generacional. Pero al menos, tras casi medio siglo, había una cara nueva al frente del país. Y además, en su discurso de investidura Raúl Castro habló de las limitaciones a las que se enfrenta el pueblo cubano y de la necesidad de ir solventándolas poco a poco, empezando desde abajo, primero las más sencillas y después, con el tiempo, las que requiriesen mayores esfuerzos.

Algunas cosas han cambiado en Cuba a lo largo del último año, aunque, desde el verano de 2008, el tímido proceso modificador ha quedado en suspenso. Al final, cuando Carlos, conserje en una empresa pública, saca cuentas, llega a la conclusión de que todo sigue igual. “La única diferencia es que el transporte público mejoró un poco y los salarios aumentaron, ¡pero ya!”, dice.

Legalizar lo que ya era habitual

Kuba Internetcafé

El acceso a Internet sigue siendo para los ciudadanos corrientes una odisea en Cuba.

En abril y mayo el Gobierno cubano introdujo una serie de reformas relacionadas sobre todo con el consumo. Desde entonces, ordenadores, televisores, reproductores de DVD o bicicletas de impulsión mecánica se han convertido en productos cuya compra-venta está permitida. Los cubanos pueden alojarse en los hoteles de la isla y adquirir teléfonos móviles. Pero, ¿era éste el cambio prometido?

“Esas fueron las primeras reformas y, en realidad, no hacían más que legalizar lo que en la práctica era ya algo habitual”, comenta Richard Heep, trabajador en Cuba de Agro Acción Alemana, Deutsche Welthungerhilfe, “cualquier cubano que quisiera y tuviera el dinero para pagarlo podía hacerse con un móvil: bastaba con pedirle a un extranjero que cerrara el contrato por él. Ésta era una de las muchas prohibiciones absurdas. Puede que las modificaciones en este sentido generaran eco a nivel internacional, pero aquí no tienen la más mínima importancia”, opina.

Kuba - Raúls Reformen

Los cambios van despacio en Cuba.

“Claro que ahora podemos comprar computadoras, pero una cuesta 800 CUC. ¿De dónde los vamos a sacar, si ganamos al mes 20? ¡Es una burla! ¡El Gobierno se está burlando de nosotros!”, dice el conserje Carlos. A los CUC, los pesos cubanos convertibles, sólo tienen acceso unos pocos privilegiados: quienes reciben divisas porque tienen familiares en el extranjero o los que trabajan en el sector turístico. Al resto no le alcanza para disfrutar de las nuevas libertades.

Más realismo en el discurso político

Kuba Fidel Castro und sein Bruder Raul Castro

Fidel Castro (izq.) con su hermano Raúl Castro, cuando éste era aún ministro de Defensa, diciembre de 2007.

Sin embargo, las esperanzas que en los cubanos despertaron las palabras de Raúl Castro el día en que fue investido presidente no estaban injustificadas. Hay algo que sí adquiere nuevas formas en Cuba: “el discurso político es otro, es decir, la clase política ha cambiado el modo en que se dirige a la población”, opina Bert Hoffmann, del Instituto de Estudios Globales de Hamburgo, GIGA por sus siglas en alemán.

“Del triunfalismo histórico propio de Fidel Castro”, continúa Hoffmann, “Raúl ha pasado a mencionar los problemas de la gente, a hablar de los salarios, que continúan siendo insuficientes, de la profunda crisis que afecta al país. Se ha impuesto cierto realismo y la población lo percibe como algo positivo”.

Pero también aquí reconoce Hoffmann un cúmulo de esperanzas frustradas. “Mucha gente está decepcionada”, asegura el experto, “se dijo que iba a fomentarse el debate pero, a la hora de la verdad, los que se atrevieron a iniciarlo fueron llamados al orden por el aparato del Partido”.

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