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Deportes

Uli Hoeness: Bayern de día, cárcel de noche

Uli Hoeness, expresidente del Bayern, regresó ya al club que hizo grande. Durante el día se ocupa de los chicos de la cantera y en la noche regresa a la cárcel para cumplir su condena por evasión de impuestos.

Como en los viejos tiempos, desde el pasado mes de enero los aficionados al Bayern que se acercan a la sede deportiva para ver los entrenamientos del equipo pueden contar con que sus probabilidades de encontrarse con Uli Hoenes son altas. Aún mejor: los cazadores de autógrafos tienen buenas opciones de poder llevarse a casa, como botín, el del expresidente que transformó al club en una potencia del fútbol internacional.

Lograr incluso una foto para el recuerdo tampoco es una idea descabellada, por lo menos no tanto como podría haber parecido hace poco más de seis meses, en junio del 2014, cuando Hoeness ingresó a la prisión acumplir una condena de 42 meses por evasión de impuestos. Y es que luego de haber recibido permiso para disfrutar de las fiestas de fin de año en su residencia privada, desde el 2 de enero, 214 días después de haber puesto su primer pie en la cárcel, la leyenda del fútbol bávaro goza oficialmente del régimen penitenciario abierto que le permite trabajar fuera del sitio de reclusión.

De presidente a empleado

Tres días después de haberse conocido la medida, el 5 de enero del 2015, la fecha en la que cumplió 63 años, Hoeness se reportó a trabajar de nuevo en el Bayern. El reencuentro con los integrantes del club fue emotivo y estuvo marcado por las lágrimas. “Cuando me dijeron que había llegado, salí a buscarlo, y cuando lo vi lo abracé con fuerza y me eché a llorar”, describió en conferencia de prensa el entrenador asistente de Pep Guardiola, Hermann Gerland, el primer contacto con el expresidente bávaro.

El astro francés Franck Ribery también contó haber sentido emociones muy fuertes al poder tener otra vez cerca suyo, y del Bayern, a Hoeness. “Él me abrazó muy fuerte y por largo tiempo. Luego me soltó y conversamos y nos reímos durante un rato. Luego le dije: Estoy feliz de que estés acá, tienes que luchar, ser fuerte, la vida es así”, relató el futbolista a la revista Sport Bild.

Tras cumplir ya un mes de actividades en el club, la rutina de Hoeness se ha afianzado. Allí el otrora presidente y hombre todopoderoso del Bayern desempeña actualmente una labor menos glamorosa, pero no por ello insignificante, como asistente en la cantera del club. En su área de trabajo, por ejemplo, está el proyecto del nuevo centro de formación juvenil del club, previsto para ser inaugurado en las inmediaciones del estadio Allianz Arena en Múnich a más tardar en el verano del 2017. En pocas palabras, Uli Hoeness sigue vinculado a la construcción del futuro del Bayern.

Este viejo monasterio es el actual sitio de reclusión de Uli Hoeness, quien duerme allí pero de día trabaja en el Bayern.

Este viejo monasterio es el actual sitio de reclusión de Uli Hoeness, quien duerme allí pero de día trabaja en el Bayern.

Un hombre diferente

Quienes han visto a Uli Hoeness en su condición de beneficiario del régimen penitenciario abierto cuentan que su cambio es evidente. No solo su apariencia física es diferente luego de haber adelgazado drásticamente; también la forma en la que interactuó con el público fue otra.

El nuevo Hoeness no solo tiene más arrugas, también luce cansado, tímido y reservado. “Parece incómodo, como si se sintiera extraño. Su expresión corporal no es la del hombre convencido de sí mismo que durante décadas llevó las riendas del Bayern”, describió un artículo de Focus el primer encuentro con los aficionados del equipo. En su oficina en la sede deportiva del Bayern, Uli Hoeness tendrá el tiempo suficiente para acostumbrarse de nuevo a la libertad, que de acuerdo al ordenamiento jurídico alemán podría recobrar plenamente en marzo del 2016, cuando se cumpla la mitad de su sentencia.

Entonces el expresidente del Bayern podrá organizar el día a su antojo. Pero por ahora tendrá que seguir apegado a la agenda del régimen penitenciario abierto que en su caso está programado así: en la mañana lo recoge un conductor del club en la puerta del viejo monasterio de Rothenfeld, su nuevo sitio de reclusión, para trasportarlo 35 kilómetros hasta la sede del club, donde trabaja hasta no más allá de las cinco de la tarde, pues a las seis debe reportarse para comer y dormir. Al fin y al cabo, aunque de día disfrute de beneficios, de noche Uli Hoeness es un preso común y corriente.

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