UE-América Latina: un laboratorio para la cohesión social | América Latina | DW | 01.07.2014
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América Latina

UE-América Latina: un laboratorio para la cohesión social

¿Cómo traducir el crecimiento latinoamericano en seguridad social? ¿Cuál es el papel de Europa en esto? Urge reflexionar sobre nuevos instrumentos, afirman especialistas reunidos esta semana en París.

Durante esta semana que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) dedica a reflexionar sobre nuevas sendas de cooperación, uno de los focos de atención ha sido América Latina. Sus previsiones de crecimiento se sitúan entre el 2 y el 2,5% -después de años de un promedio del 5%-. En el Viejo Continente, en tanto, los indicadores siguen a la baja.

Por otro lado, el 55% de la población latinoamericana labora en condición de informalidad; “esto significa que 130 millones de personas en este momento no están inscritas en ningún programa de seguridad social”, recordó en París Angel Gurría, secretario general de la OCDE. Además, el 20% de la población más pobre accede sólo al 5% de las riquezas y el 20% más rico, posee más del 50%.

Symbolbild Armut in Venezuela

130 millones de personas viven en este momento en América Latina sin protección social.

En este contexto, uno de los desafíos de la cooperación entre la Unión Europea y América Latina es velar porque “los royalties de los recursos naturales se conviertan en recursos renovables, en educación”, decía en París Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, recordando una vez más que no es el crecimiento económico, sino el reparto de éste lo que aportará a la cohesión social.

Nuevos Instrumentos

“La evolución en el panorama de América Latina, con cada vez más países de renta media, genera nuevas expectativas y cambia necesariamente el sentido de la relación y la cooperación con Europa”, explica a DW Peggy Martinello, especialista de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Politicas Publicas(FIAPP).

Dado que no es un problema de fondos, ya no cabe una relación de donante-receptor, sino de intercambio de experiencias «entre socios ». Para ello, la UE y los países latinoamericanos definen en este momento estrategias e instrumentos nuevos para trabajar en la cohesión social. La FIAPP gestiona uno de ellos: “Las políticas públicas que acompaña Eurosocial tienden especialmente a reducir la brecha entre las poblaciones y los territorios”, explica Martinello.

Interés recíproco

Los actores también han cambiado: hasta ahora han sido mayormente España, Italia, Francia y Alemania los más activos en el campo de la cooperación. Pero “para América Latina resulta ahora muy interesante intercambiar con Finlandia, que tiene muchísimas políticas sociales innovadoras, muy progresistas. También la experiencia de los países del Este de Europa, que en los últimos diez o quince años, en su proceso de integración, han tenido que cambiar sus políticas públicas, son de interés”, afirma la especialista.

¿Y en la otra dirección? “En políticas de rendición de cuentas y transparencia de las instituciones con leyes de acceso a la información, países como Chile y México están muy adelantados; y es fuerte el interés de europeos por saber cómo lo están haciendo”, responde.

Desafíos para ambos

Así las cosas, “la región más desigual” -cuyas materias primas le han traído el auge económico actual- y el tecnologizado Viejo Continente –en el que la crisis económica va minando sus sistemas sociales- buscan nuevas sendas para actuar en educación, transparencia, salud, empleo.

“Para nosotros en Eurosocial, más que de estrategias se trata de instrumentos”, explica Martinello, según quien este renovado diálogo será un laboratorio que “irá en función de las prioridades de los diferentes gobiernos”. Su impacto –que rebasa los cinco años que se encuentran en este momento en discusión- se verá en diez o quince años, prevé la especialista.

Como fuere, “el momento es decisivo”, recuerda desde París Gurría, urgiendo a elaborar un plan regional de reformas para construir economías más resistentes e inclusivas.

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