1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

El Mundo

Turquía, ¿un país de inmigrantes?

En Turquía trabajan cada vez más inmigrantes provenientes de Armenia, Georgia y también de países de la Unión Europea. Muchos viven allí ilegalmente, y el Gobierno turco decidió endurecer las leyes inmigratorias.


Hace tiempo que Alie Ismailova no veía a sus hijos ni a sus nietos, que viven en Bulgaria, su país. Alie trabaja y vive en la casa de la familia Özturk, en el floreciente barrio Ulus de Estambul. Allí cuida a los dos hijos de la familia Özturk: a Melis, de ocho años, y a Burak, de tres, y se ocupa de las tareas domésticas.

“En Bulgaria también podría trabajar como empleada doméstica. En Sofía tal vez ganaría 1.000 levas, unos 500 euros. Aquí en Estambul estoy lejos de casa, pero gano más. Y tuve la suerte de encontrar a una familia muy buena”, relata Alie Ismailova. Y subraya que por eso prefiere permanecer en Turquía. Debido al auge económico, ese país se está convirtiendo en un destino al que aspiran llegar los inmigrantes de países limítrofes.

 

Aspiraciones de mejora económica

Estambul: ciudad pujante sobre el estrecho del Bósforo.

Estambul: ciudad pujante sobre el estrecho del Bósforo.

Actualmente, en Turquía se pagan mejores sueldos que en Bulgaria o Rumania, que pertenecen a la Unión Europea. Y hasta se puede ganar mucho más que en Armenia o en Georgia. Ese es el motivo por el cual miles de mujeres de países fronterizos trabajan en Turquía como niñeras o cuidando enfermos y ancianos. Esin Özturk conoce varias familias que contrataron a una empleada como ayudante en las tareas hogareñas, como lo hizo ella.

“La mayoría tiene una buena formación, ya que muchas gozaron del sistema educativo de los países del Bloque Oriental”, explica Esin Özturk. Y añade que algunas son enfermeras y maestras de jardín de infantes. Oficialmente, entran a Turquía como turistas y sólo pueden permanecer allí tres meses, una norma que hasta ahora era posible eludir muy fácilmente saliendo del país y volviendo a ingresar, con lo cual la estadía se prolongaba otros tres meses. Pero desde el 1º de febrero de 2012 ya no es posible hacerlo. A quien haya permanecido 90 días en Turquía no se le permite ingresar por un lapso de otros 90 días. No es posible quedarse en ese país durante varios intervalos consecutivos de tres meses.

 

Destino inmigratorio

¿Será Turquía un gran destino para inmigrantes?

¿Será Turquía un gran destino para inmigrantes?

En la estación de ómnibus de Emniyet, en Estambul, salen vehículos hacia Tiflis, la capital de Georgia, o Eriván, la capital de Armenia, lo que significa un viaje de 40 horas, sin paradas intermedias, hasta llegar al Cáucaso que cuesta unos 45 euros. Una joven Armenia que despide a una amiga en la estación nos cuenta lo que piensa acerca de que Turquía haya decidido endurecer sus leyes de estadía: “No me interesa en absoluto. Hace casi 20 años que vivo aquí y nunca más salí. Me gusta vivir aquí, y no pienso en volver a mi país”, dice la joven, que trabaja como costurera en una fábrica textil, en negro.

Acerca de su situación laboral y de su imposibilidad, por ejemplo, de abrir una cuenta bancaria, dice que no necesita semejante cosa. Se siente segura, explica, ya que no hay controles frecuentes. Sin embargo, el Gobierno turco quiere frenar el empleo ilegal, lo cual afectará a los cerca de 100.000 extranjeros sin papeles. Con el endurecimiento del derecho de estadía, Turquía intenta combatir también la prostitución y el trabajo en negro en el sector de la construcción.

Alie Ismalova, la empleada de la familia Özturk en Estambul, teme perder su trabajo a causa de las nuevas normativas. Pero aún conserva un ápice de esperanza, ya que la familia Özturk se presentó como garante suya ante las autoridades policiales, gracias a lo cual logró obtener un permiso de estadía por seis meses. Y los Özturk incluso contrataron los servicios de un abogado para que Alie pueda obtener un permiso de trabajo permanente. Pero, dado el panorama legal actual en Turquía, no es seguro que lo consiga.

Autor: Thomas Bormann/ Cristina Papaleo
Editor: Enrique López

DW recomienda