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Mujeres de Batalla

“Transformé mi dolor en una lucha por 10 mil personas“

En casi 20 años de búsqueda incansable de su hija desaparecida, la brasileña Ivanise Esperidião ha ayudado a cuatro mil madres a recuperar a sus hijos. “Mi hija vive en cada niño devuelto a su familia”, dice.

“Mi vida se detuvo el 23 de diciembre de 1995”. Ivanise Esperidião vive el dolor diario de la incertidumbre, desde la desaparición de su hija. Con 13 años de edad, Fabiana Esperidião fue vista por última vez aquella tarde de sábado, a unos 120 metros de la casa de su familia, en la zona oeste de Sao Paulo.

“Vivir la desaparición de una persona es mil veces peor que la muerte”, dice. En 19 años y ocho meses de búsqueda, Ivanise entró en favelas y prostíbulos, y siguió la pista de su hija por Sao Paulo, Río de Janeiro y Bahía.

Dolor y solidaridad

Su espera y su lucha se convirtieron en solidaridad. En contacto con madres que viven el mismo sufrimiento, apenas tres meses después de la desaparición de su hija, Ivanise fundó la Asociación Brasileña de Búsqueda y Defensa de Niños Desaparecidos, conocida como “Madres de Sé”. Ya ha ayudado a 4.233 madres a reencontrarse con sus hijos. “Cuando viví mi búsqueda solitaria, llegué al borde de la locura. Mi hija vive en cada una de esas personas que fueron devueltas a sus familias”, señala.

Ivanise se dedica íntegramente a la ONG. Concede innumerables entrevistas, para dar visibilidad al problema, y también participa activamente en la búsqueda de los hijos de otras madres”. “Son mujeres totalmente desconocedoras de sus derechos”, afirma, subrayando: “Lo que demandamos del Estado es una respuesta sobre lo que ocurrió con nuestros hijos”.

Los familiares que participan en la asociación se reúnen cada dos semanas en las escalinatas de la catedral de Sé, en Sao Paulo, portando fotos de los desaparecidos.

“Solo números”

Fabiana Esperidião, desaparecida desde 1995.

Fabiana Esperidião, desaparecida desde 1995.

“A partir del momento en que comencé a compartir mi dolor, aprendí a lidiar mejor con ese duelo inconcluso”, relata, indicando que “insistimos para que ninguno desista”.

La hija de Ivanisa es una de las 369 personas registradas en el Catastro Nacional de niños y Adolescentes Desaparecidos, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República (SDH).

Ni la SDH ni el Ministerio de Justicia poseen un registro nacional del número de desaparecidos. Tan solo Espíritu Santo, Santa Catarina y Sergipe, los tres estados que comparten con el gobierno datos sistemáticos sobre la materia, contabilizan siete mil personas que no han sido localizadas.

“Para la policía y el Estado, nuestros hijos son apenas números”, critica Ivanisa.

Corazón de madre

El gobierno brasileño no tiene políticas públicas para respaldar a esas familias. Sin recursos financieros propios, “Madres de Sé” presta apoyo social, psicológico y jurídico en cooperación con universidades.

“Transformé mi dolor en una lucha no solo por mi hija, sino por casi 10 mil personas registradas por la asociación que quieren encontrar a sus familiares. Ese trabajo es lo que me ha dado fuerzas para continuar la batalla”, afirma. Y no pierde las esperanzas: “Mi corazón de madre me dice que mi hija está viva en algún lugar de este planeta. La única cosa que le pido a Dios todos los días es que no permita que me muera sin encontrarla”.

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