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Cine

“Tempestad“: abusos e impunidad en México

La cineasta salvadoreña Tatiana Huezo hizo cimbrar a la Berlinale con su documental “Tempestad“, que recorre México mientras se escuchan los testimonios de dos mujeres víctimas de abusos, secuestro e impunidad.

La documentalista salvadoreña Tatiana Huezo.

La documentalista salvadoreña Tatiana Huezo.

El largo viaje comienza en Matamoros, Tamaulipas, donde una de las protagonistas se encuentra injustamente encarcelada. Pero no es la cárcel lo que ve el espectador, sino lo que parece ser una vieja fábrica en ruinas, con huellas de óxido, de lo que podría ser sangre. La mujer, a la que nunca se le ve la cara, trabajaba en un puesto migratorio en Cancún y fue encarcelada injustamente por un delito que no cometió. Es un chivo expiatorio al que le achacan tráfico de migrantes. La joven termina en una cárcel controlada por un cártel, cuyos hombres abusan brutalmente de las reclusas.

El relato de la primera se entrelaza con el de la segunda. Una mujer que trabaja en un circo, cuya hija es secuestrada y desaparecida por policías. La cinta es un caleidoscopio visual y emocional de México. Visual por la riqueza plástica del recorrido y emocional por los testimonios de las protagonistas que hablan de los abusos, las arbitrariedades, la brutalidad e impunidad que impera en el país desde la desgarradora perspectiva de las víctimas. El estreno tuvo lugar con una sala a reventar y las expectativas no quedaron defraudadas. La laureada ópera prima de la cineasta nacida en El Salvador, “El lugar más pequeño“, se sumerge en la historia de un pueblo salvadoreño borrado del mapa durante el conflicto armado en el país.

Recorrido a lo largo de México.

Recorrido a lo largo de México.



Deutsche Welle: ¿Por qué el género documental?

Tatiana Huezo:
Me interesé por el documental como género porque a través de él puedo hablar de una manera más cómoda sobre las cosas que me afligen, que me preocupan, lo que me duele, e inquieta. Encontrar la voz de uno a través de la voz de los otros es algo muy grande. Es mi búsqueda narrativa al contar historias. Lo fui descubriendo poco a poco. Lo emocionante, lo delicioso y lo bello que es encontrar espejos, otras voces a través de las cuales poder decir lo que uno piensa o siente sobre el mundo.

¿De igual manera encuentra esas historias que abordan sus películas?

Me atrapa el ser humano. Sus sueños, sus pesadillas y sus dolores. La historia que hice en El Salvador fue el pueblo en donde nació mi abuela. Ella me llevó a conocerlo y había muchos retratos en la Iglesia de muertos, de niños guerrilleros. Algunos se parecían a mí o yo a ellos. Era un pueblo en donde llamaban a misa tocando una campana que era una bomba que no reventó y que quedó ahí en la Iglesia. Encuentro imágenes que me atrapan, que me detonan alguna emoción y una necesidad de saber más. Ese es el caso de “Tempestad”. Nació a partir de unos poemas que leí, unos poemas desgarrados escritos en unos retazos de papel escritos en una cárcel. Había mucho dolor y mucha oscuridad en esas palabras. Hablo de la realidad en la que habito y en donde estamos inmersos ahora en México.

Una de las protagonistas trabaja como payaso en un circo.

Una de las protagonistas trabaja como payaso en un circo.



¿Fue la protagonista la que escribió esos poemas?

Los escribió Miriam, la protagonista de “Tempestad”. Ella es una amiga de la adolescencia a la que dejé de ver por muchos años. Cuando salió de la cárcel me hizo llegar estos escritos. Después yo tuve un encuentro con ella. Estaba muy enferma, muy trastornada por la experiencia que vivió en ese lugar. Después de un tiempo en el que yo pude asimilar y masticar el dolor que había en sus palabras, en su rostro tembloroso, decidí proponerle que contáramos su historia. Para ella era importante romper el silencio. Así nació la película.

La otra protagonista es una madre de una adolescente que es desaparecida por policías. ¿Cómo percibe esta problemática en México?

Hay cientos de casos con desaparición forzada hecha por autoridades mexicanas, por instituciones como la policía. El caso de Adela me cimbró mucho también porque hace diez años que esta madre está buscando a su hija y está peleando con uñas y dientes porque el caso no se cierre, por tener resultados por parte de la Justicia. La atención a este caso ha sido nula. En México las autoridades son incapaces de resolver los casos de desaparición, sean recientes o antiguos. La hija de Adela fue secuestrada por policías judiciales. Hasta donde la familia ha podido investigar la secuestraron para meterla en una red de trata de personas.

La oscuridad del dolor.

La oscuridad del dolor.



¿Hay algún indicio de que viva la joven?

No, y este es el gran drama de las familias que tienen seres queridos desaparecidos. El gran drama de la desaparición es vivir cada día y cada noche con la incertidumbre de no saber si tu hijo está vivo o muerto. Esa es la gran tragedia porque un hijo desaparecido no es un muerto, no hay un duelo, no hay un cuerpo que llorar, no hay una tumba a la cual acudir para limpiar el dolor que tienen las familias encima y el agotamiento buscando a su gente.

¿Hasta qué punto la película es una denuncia política sobre un problema que afecta a México y Centroamérica?

Es un drama que va más allá de lo local. Lo que le sucede a las protagonistas de “Tempestad” es universal porque toca las fibras más esenciales del ser humano como es la pérdida y el dolor. Pero mi intención no fue hacer una película de denuncia. Está hecha desde el profundo deseo de que esta situación cambie. Es una película que da voz a estas mujeres que son gotas en un océano de casos anónimos. Está hecha desde el profundo deseo de romper la indiferencia, para que vuelva a haber empatía con el otro, y nos miremos en el espejo.

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