Tarsicio Granizo: “Es hora de pensar en una economía sin recursos fósiles” | América Latina | DW | 20.04.2018
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América Latina

Tarsicio Granizo: “Es hora de pensar en una economía sin recursos fósiles”

El ministro del Ambiente de Ecuador asistió al 2º Encuentro Global de Bioeconomía en Berlín, donde habló con DW sobre los retos que enfrenta su país para proteger la biodiversidad.

Tarcisio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador, durante 2º Encuentro Global de Bioeconomía en Berlín.

Tarcisio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador, durante 2º Encuentro Global de Bioeconomía en Berlín.

La bioeconomía es un modelo económico basado en los recursos biológicos renovables, alejado de los recursos fósiles. Los expertos coinciden en que este modelo aúna el progreso económico con el cuidado del medio ambiente y la biodiversidad.

Países como Ecuador están apostando con fuerza por dejar las actividades extractivistas a un lado y promover el uso sustentable de los recursos naturales para promover el desarrollo nacional.

El ministro del Ambiente de Ecuador, Tarsicio Granizo, fue invitado al 2º Encuentro Global de Bioeconomía en Berlín, desde el 19 hasta el 20 abril, para presentar los avances que ese país está llevando a cabo en este campo, así como los desafíos a los que se enfrenta.

Señor Granizo, la bioeconomía es una de las grandes apuestas de su mandato. ¿Cómo entiende usted este modelo y qué beneficios le puede aportar este al pueblo ecuatoriano?

 Tarsicio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador.

Tarsicio Granizo, ministro de Ambiente de Ecuador.

La bioeconomía es el uso de la biodiversidad con fines económicos pero de forma sostenible. Es hora de ir pensando en una economía alejada de las explotaciones petrolera y minera. A pesar de ser un país muy pequeño, Ecuador es uno de los 17 países megadiversos del mundo y podemos usar esa biodiversidad de manera sostenible. Aspectos tan básicos como la gestión de los desechos pueden resultar en un negocio sostenible que ayude a nuestra gente a salir de la pobreza. Eso es lo más importante.

Más concretamente, ¿cómo favorece la bioeconomía a la gente más desfavorecida?

La gente que vive dentro o alrededor de las áreas protegidas del país es la más pobre por las restricciones de uso que tienen. Nosotros queremos cambiar esa lógica y conseguir que esa gente se beneficie de vivir en esos lugares. No hay que olvidar que tenemos el 20 por ciento del territorio dentro de áreas protegidas y, si sumamos otras categorías de manejo, llegamos al 30 por ciento. Este es sólo un escenario, pero, en general, los modelos de negocio que ofrece la bioeconomía pueden realmente ayudar a los más pobres a superar la precariedad.

Elementos de la bioeconomía como los biocombustibles pueden tener un impacto negativo en el medio ambiente y en las comunidades locales. ¿Cómo afronta usted este conflicto?

No podemos destinar áreas que sirven para garantizar la soberanía alimentaria para hacer biocombustibles. Eso es un error. Por eso, otro de los grandes ejes de nuestra administración es la necesidad de tener un verdadero ordenamiento territorial y determinar los límites de las diferentes actividades: hasta dónde crece la actividad bananera del país, la producción de camarones, la minería… Hay que poner ciertos límites para que sea beneficioso para todos.

Parque Nacional Yasuní, en Ecuador.

Parque Nacional Yasuní, en Ecuador.

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¿Para cuándo se puede esperar una implementación visible de la bioeconomía?

No es una cuestión de corto plazo. Recién estamos empezando a desarrollar un andamiaje para transitar por la bioeconomía. Hemos empezado por desarrollar una política pública sobre bioeconomía, una estrategia nacional, hablando con la banca pública y privada para tener incentivos. Hemos lanzado un programa de incentivos económicos para innovaciones y ya hemos identificado entre 400 y 500 bioemprendimientos. Lamentablemente, gran parte de estas innovaciones está todavía en fase experimental. Ahora queremos dar el salto de una economía de pequeña escala a un emprendimiento que permita, por ejemplo, exportar productos. Eso es un trabajo de mediano y largo plazo, pero dentro del Plan Nacional de Desarrollo ya hemos fijado que, antes del 2040, el 20 por ciento del Producto Interno Bruto industrial provenga de la bioeconomía.

¿Podría darnos algún ejemplo concreto sobre bioemprendimientos en Ecuador?

Hay dos grandes corrientes dentro de nuestra bioeconomía. Por un lado, el uso directo de la biodiversidad; por ejemplo, hay una pequeña industria en el centro del país que desarrolla platos hechos de hojas de banano. Por otro lado, está la biotecnología, en la que varias universidades del país están trabajando. Como ejemplo, la tagua, una palmera conocida como "marfil vegetal”, se está usando para desarrollar microcelulosa, una especie de plástico que se podría llegar a exportar. También se están estudiando las pieles de las ranas para utilizarlas en temas medicinales, entre otros. Pero hay que recordar que no todo lo "bio” es sostenible, hay que cuidar los detalles para evitar que sea peor el remedio que la enfermedad.

Grillo de matorral (Panacanthus cuspidatus). (Parque Nacional Yasuní, Ecuador).

Grillo de matorral (Panacanthus cuspidatus). (Parque Nacional Yasuní, Ecuador).

Eso lleva a pensar en la biopiratería, ¿Cómo se protegen ustedes contra eso? 

Siempre hay personas inescrupulosas que buscan hacer las cosas ilegalmente, pero nosotros contamos con marcos nacionales e internacionales que nos protegen. Acabamos de ratificar el Protocolo de Nagoya, que permite la trazabilidad de los productos genéticos y el control sobre la distribución de beneficios. Si uno de nuestros recursos acaba en una medicina, por ejemplo, esas ganancias deberían ser redistribuidas entre las poblaciones que encontraron la planta o el animal que produce esa sustancia. Por otro lado, contamos con la decisión 391 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, la unión de países andinos, que también blinda al país frente a los robos de recursos genéticos.

En el último año tuvieron una estrecha cooperación con Alemania para promover la bioeconomía en el país y proteger el medio ambiente. ¿En qué consistió?

La cooperación con Alemania es de lejos la que más ha apoyado los temas ambientales en el Ecuador, no sólo en la bioeconomía, sino en temas de conservación, de biodiversidad, de protección de nuestras áreas protegidas. El haber sido invitados a esta reunión es parte del apoyo alemán. Las posibilidades de colaboración entre los dos países son ahora más fuertes que nunca y esperemos que así continúen en los próximos años.

Autora: Irene Baños (CP)

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