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Global Ideas

Sobre la conservación de árboles y el compromiso local

En Armenia se talan muchos árboles ilegalmente para la calefacción o comercialización. Para frenar esta situación, las organizaciones tratan de divulgar la importancia de la conservación de bosques.

Practicando a temprana edad: los ecologistas apuestan porque la educación ambiental en Armenia comience en la escuela.

Practicando a temprana edad: los ecologistas apuestan porque la educación ambiental en Armenia comience en la escuela.

Con la disolución de la Unión Soviética en la década de 1990, y una constante guerra con Azerbaiyán, en Armenia se produjo en una profunda crisis energética. En su apogeo, el combustible cada vez era más escaso y la gente buscaba desesperadamente calor y suministro de energía. Para ello, quemaron todo lo que les cayó entre manos: los bancos del parque, sus propios muebles e incluso libros y árboles.

Más de 20 años después, la tala ilegal sigue siendo un problema en Armenia. La madera extraída se utiliza como combustible y, a menudo, se vende como un bien de exportación lucrativo. Hace cien años, una cuarta parte del montañoso país todavía estaba cubierta de bosques. Hoy, apenas engloba un ocho por ciento de la zona.

"Desafortunadamente, las agencias estatales aún no se han ocupado del problema. No se preocupan por la reforestación y la gestión de bosques. Como consecuencia, los recursos forestales siguen disminuyendo", explica Tom Garabedian, director de la organización sin ánimo de lucro Armenia Tree Project (ATP) (proyecto bosque de Armenia).

Los bosques son un tesoro de la biodiversidad. En esta región hay más de 120 tipos diferentes de árboles frutales y de frutos secos, como los pistachos y las almendras. Y, por supuesto, los árboles presentan otras ventajas: mantienen la estabilidad del suelo y protegen contra la erosión. Además, ayudan a la circulación del agua y purifican el aire.

El sistema empeora a medida que desaparece más bosque. Por ello, la organización ATP, al igual que un buen número de otras organizaciones armenias, lucha por la conservación del bosque y trabaja con comunidades comprometidas a nivel local.

Opciones alternativas para ganarse la vida

Las comunidades locales necesitan fuentes alternativas de ingresos para que puedan conservarse los árboles.

Las comunidades locales necesitan fuentes alternativas de ingresos para que puedan conservarse los árboles.

Casi un 35 por ciento de los tres millones de armenios vive por debajo del umbral de la pobreza, según un informe de 2013 del Banco Mundial. Muchos de ellos viven en zonas remotas y rurales, bordeando los bosques. No obstante, Karen Aghababyan, profesora de temas ambientales en la Universidad Americana de Armenia y directora general de la organización Towards Sustainable Ecosystem (TSE) (Hacia Ecosistemas Sostenibles), ve oportunidades suficientes para crear fuentes alternativas de ingresos para estas comunidades, y poder conservar al mismo tiempo los árboles.

Desde su creación en 2014, la TSE trabaja en un programa que tiene como objetivo la formación de la población local para que ésta sea capaz de generar sus propios ingresos. Se trata de la venta de bienes de producción propia, como las bayas, la miel y las setas. Incluso también son concebibles diversos souvenirs de madera, hechos de viejas raíces o ramas. El plan también prevé la acogida de ecoturistas, que se acercan a esta región para observar aves raras o mariposas.

"Si tenemos éxito en el desarrollo de fuentes alternativas de ingresos para la gente de aquí también será posible utilizar fuentes alternativas de energía, como por ejemplo el gas natural ", explica Aghababyan. Y añade: "la gente simplemente no tendrá más motivos para destruir el bosque, mas bien harán todo lo posible para conservarlo."

La clave para la comunidad

Las organizaciones combinan actividades de conservación con actividades de repoblación forestal. En 2014, ATP plantó árboles frutales, con la ayuda de voluntarios y personal propio, que se han traducido en cerca de 200.000 kilogramos de fruta. Garabedian explica que los miembros de la comunidad o bien pueden utilizar estos productos ellos mismos o venderlos.

Gente plantando en una fila.

Gente plantando en una fila.

En 2015, 200.000 voluntarios repartirán robles, pinos y fresnos sobre una zona de dieciséis hectáreas en la región de Tashi, cerca de la frontera con Georgia. Además, se prevé la creación de bosques comunitarios, que incluirán 10.000 árboles, repartidos en cinco hectáreas de tierra.

La estrecha colaboración entre las comunidades y sus dirigentes, o alcaldes, en estos proyectos es la clave, según explica Garabedian. Sin su apoyo, ATP siempre correría el riesgo de que, por ejemplo, los pastores dejaran a sus rebaños pastar en las zonas donde deberían prosperar especialmente los árboles jóvenes. Eso destruiría el bosque, antes de que pudiera desarrollarse.

"Antes de empezar un proyecto, necesitamos el apoyo de los municipios locales para asegurar que nuestra reforestación es eficaz", explica Garabedian. "Hemos trabajado con un número tan grande de ellos en toda Armenia que podemos evaluar muy bien cuál es su compromiso real". No obstante, a pesar del apoyo de la población, la reforestación no es exitosa al 100%. De los 4,5 millones de árboles plantados por la organización desde 1994, sólo se conservan de un 65 a un 85 por ciento.

ATP está trabajando duro para aumentar este número. Para ello, la organización siempre vuelve a los sitios de plantación, con el fin de comprobar lo que ha funcionado y lo que no. Además, trabajan en técnicas para garantizar que los árboles jóvenes no se cubran de maleza y otra vegetación, según Garabedian.

La intervención del Estado en la crítica

El Gobierno de Armenia también ha tratado de tomar medidas contra la tala y la deforestación. En 2007, por ejemplo, abrió el Centro de Monitorización Forestal del Estado. Aquí hay siete equipos de voluntarios trabajando en el seguimiento del desarrollo de los bosques. Para ello comparan imágenes de satélite con las que evalúan los cambios en la cubierta forestal.

Los equipos también planean actividades de tala legal para observar su impacto en la biodiversidad local. Para ello no sólo deciden cuántos árboles serán talados, sino que también cómo y dónde serán transportadas las maderas resultantes. Con ello se pretende simular irregularidades naturales en ciertos puntos de la selva y evaluar lo que sucede en el bosque, cuando mueren árboles viejos, que dan paso a nuevos. Por otro lado, las sanciones oficiales para la tala ilegal de árboles siguen siendo bajas, así como la capacidad de las instituciones estatales para hacer cumplirlas, cuenta Aghababyan. Por ello, la tala ilegal aumenta. En 2014 se talaron 2114 árboles, más que en los dos años anteriores, según un informe de las autoridades armenias.

La gente debe comprender el valor de los bosques, dicen ecologistas.

La gente debe comprender el valor de los bosques, dicen ecologistas.

Los activistas acusan al gobierno de estar detrás de los proyectos forestales ilegales, o al menos evaluarlos de forma incorrecta. Así, analizaron críticamente el Programa de Cobre Armenio (ACP), aprobado recientemente, y que permite la extracción de cobre de las Montañas Teghut, durante un período de 24 años. La construcción de la mina inevitablemente convierte en víctimas a los árboles más longevos.

El gobierno simplemente ha ignorado una carta de protesta, que habían firmado tanto organizaciones nacionales como internacionales, entre ellas la Red Ambiental de Armenia (AEN) y la ATP. La carta pedía una declaración clara sobre el impacto ambiental de la minería del cobre, según afirma el director gerente de la AEN, Serda Ozbenian.

"Lo que necesitamos es una ejecución más efectiva", enfatiza Ozbenian. "Si bien hay más presión sobre el gobierno para hacer frente a la tala ilegal y la corrupción, esa presión debe ser constante."

La educación ambiental es un comienzo

Ozbenian cree que el primer paso para proteger el bosque, consiste en transmitir su importancia a la población. Esto debe hacerse lo más temprano posible. En la mayoría de las aulas de educación apenas se tocan materias de medio ambiente, sobre todo, cuando se trata de los efectos de la deforestación. La generación más joven desconoce lo devastadores que pueden llegar a ser los efectos de una crisis energética. Para ello, AEN ha publicado recientemente una guía para profesores, en la que fomentan las excursiones a la naturaleza con el fin de conocerla y experimentarla de cerca. Las clases necesitan salir del enfoque didáctico de "yo enseño, usted escucha", una reminiscencia de una época en que Armenia era parte de la Unión Soviética, según Ozbenian.

"Afortunadamente, muchos maestros parecen estar abiertos a este método, lo cual es muy alentador", afirma Ozbenian. Y añade: " al igual que con muchas otras cosas aquí, creo que el problema principal está en la falta de compromiso."

Autora: Rachel Stern (AR/PK)

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