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El Mundo

Siria y el peligro de la radicalización islámica

La creciente fuerza de grupos radicales islámicos y de combatientes yihadistas en Siria plantea un dilema a la política occidental.

Cooperación, sí. Fusión, no. Ese es el tenor del acercamiento entre los grupos terroristas islámicos Al Qaeda y Frente Al-Nusra en territorio sirio. El martes, el líder de Al Qaeda en Irak, Abu Bakr al-Bagdadi, había afirmado que el Frente Al-Nusra es “una rama del Estado islámico de Irak“. El jefe del Frente Al-Nusra no lo quiso confirmar del todo y explicó que su grupo seguiría las instrucciones de Al Qaeda, pero no habría fusión.

Sea como fuere que se coordinen los grupos terroristas en Siria, su fuerza de combate ya es considerable, aunque no se dispone de cifras oficiales. Jassim Mohamad, especialista sirio en materia de terrorismo, señaló a DW que calcula que hay cerca de 10.000 combatientes radicales islámicos en Siria. No todos, pero la mayor parte de ellos pertenecen al Frente Al-Nursa, cuyo nombre significa algo así como “Frente para la Victoria“. Mohamad estima que el grupo cuenta con unos 7.000 hombres.

Combatientes extranjeros

La mayoría de estos combatientes llegaron a Siria tras el estallido del levantamiento contra el gobierno de Damasco. Los yihadistas extranjeros persiguen sus propios objetivos, indica Jassim Mohamad. “Ellos no fueron a Siria para combatir a Bashar al Assad, sino para erigir allí un Estado islámico“, afirma. Por eso, tampoco se retirarán del país tras la caída del régimen. “Lo que les importa es presentarse como la vanguardia de la yihad islámica contra Israel“, subraya el entendido.

De manera similar se ven las cosas en Berlín. En una entrevista con el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung, el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, planteó el miércoles las dificultades ante las que se ve la política exterior germana debido a la presencia de los yihadistas en Siria: “Por una parte, queremos ayudar a las fuerzas moderadas de la oposición. Por otra, queremos evitar una propagación del conflicto que podría grandes repercusiones en Irak, Jordania, el Líbano, Turquía e incluso Israel. Temo que algunos islamistas radicales vean a Damasco sómo como una escala en el camino hacia Jerusalén“.

Syrien Bürgerkrieg Kämpfer von Al Nusra Front in Rakka

Combatiente del Frente Al Nusra en Siria.

El problema de las armas

Apoyar a la oposición siria con armas resulta por ello muy problemático, señala Roderich Kiesewetter, político cristianodemócrata y miembro de la Comisión de Exteriores del Parlamento alemán. Hace notar que en Afganistán y en otros conflictos de índole religiosa se ha visto que las armas pueden volverse rápidamente contra grupos no musulmanes y también contra fuerzas occidentales.

Similar es la apreciación de Jassim Mohamad. A su juicio, si Occidente quisiera contribuir al derrocamiento de Assad, tendría que usar sus propias tropas; armar a la oposición sería un error. De acuerdo con sus informaciones, los yihadistas ya están almacenando armas para utilizarlas después de la caída de Assad contra otros blancos, “ya sea el ejército sirio, la OTAN o Estados Unidos“.

Renunciar a enviar armas a los opositores sirios tiene, sin embargo, su precio: la población siria tiene la impresión de que los yihadistas son los únicos que la apoyan. Esto podría inducir a la agente a identificarse con su ideología extremista. El periódico panarábico Al Hayat teme que precisamente eso pudiera favorecer al gobierno de Assad: “Aparte del respaldo ruso e iraní y la indiferencia de Occidente, también el proyecto de un Estado islámico confiere al régimen de Damasco nueva fuerza“.

Los yihadistas en Siria plantean un dilema a la política occidental. Y con la eventual caída de Assad los problemas no se habrán resuelto. Por el contrario: “Entonces, las iras de la oposición se volcarán contra las minorías que hasta ahora han respaldado a Assad, incluyendo a los cristianos y los drusos. Y yo creo que debemos prepararnos para ese día“, advierte Roderich Kiesewetter.

Autor: Kersten Knipp/ ER

Editora: Cristina Papaleo

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