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Cultura

Sergio Ramírez y la traición del sandinismo

En su nueva novela, el escritor nicaragüense pinta un cuadro descarnado de corrupción en las filas de quienes alguna vez fueron venerados dirigentes revolucionarios sandinistas.

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Sergio Ramírez: "El cielo llora por mí".

Por primera vez, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez incursiona de lleno en el género de la literatura policial con su nueva novela, "El cielo llora por mí", ambientada en el mundo del narcotráfico en su país.

"Los protagonistas de la novela, viejos guerrilleros fieles a la ética original del sandinismo, ya no se hacen ilusiones y se refugian en el humor negro y el cinismo para sobrevivir en la Nicaragua de hoy", dice apesadumbrado Ramírez, de 66 años, en una entrevista concedida a dpa en Madrid con motivo de la publicación de su nuevo libro en España.

El hallazgo de un yate abandonado en la costa atlántica de Nicaragua, una camisa ensangrentada, un libro quemado y el cadáver de una joven mujer asesinada son las precarias pistas iniciales de lo que parece ser un simple crimen y que terminan llevando a una pareja de inspectores de la Policía, los dos antiguos combatientes sandinistas, a descubrir una amplia red de narcocorrupción en la que están involucrados viejos cuadros sandinistas reconvertidos en exitosos empresarios.

Nicaraguas Präsident Daniel Ortega

Daniel Ortega

"Al principio fueron leales a un solo poder, el poder sandinista, pero cuando los sandinistas pierden el poder, en 1990, decidieron ser leales a cualquier poder", señala Ramírez, quien participó en el movimiento de resistencia a la dictadura de Anastasio Somoza, fue miembro de la Junta de Gobierno instalada tras el triunfo de la revolución, en 1979, y ejerció de vicepresidente de Nicaragua, como segundo de Daniel Ortega, entre 1984 y 1990.

"Con el reparto entre ellos de bienes públicos, en 1990, la llamada 'piñata', los dirigentes sandinistas traspasaron una primera línea roja", dice el autor de las premiadas novelas "Castigo Divino" (1988) y "Margarita, está linda la mar" (1998).

Un pacto con el diablo

La segunda línea roja que cruza la vieja dirección sandinista, explica Ramírez, se presenta cuando Ortega, tras perder tres elecciones sucesivas, cierra un pacto del diablo con su enemigo histórico, el Partido Liberal, del ex presidente Arnoldo Alemán, condenado por lavado de dinero, para repartirse el poder judicial y legislativo.

Para Ramírez, quien se retiró de la política en 1996, tras dirigir brevemente la agrupación disidente Movimiento de Renovación Sandinista, Ortega se ha convertido desde su reelección, "dudosamente democrática", en 2007, en un "dictador que quiere eternizarse en el poder", como dijo en recientes declaraciones a la emisora televisiva árabe Al Yazira, "donde aseguró que va a seguir hasta los 97 años que vivió su madre".

A Ortega y compañía, a quienes acusa de haber traicionado los viejos ideales sandinistas, Ramírez contrapone en "El cielo llora por mí" a humildes ex combatientes sandinistas como el inspector Dolores Morales, un lisiado de guerra, y el subinspector Lord Dixon, de la Dirección de Investigación de Drogas, dos personajes incorruptibles "que representan lo mejor del sandinismo" y que terminan poniendo contra las cuerdas a influyentes ex compañeros sandinistas metidos de lleno en el negocio del narcotráfico.

Sin embargo, Sergio Ramírez esquiva hábilmente la trampa de una descripción en blanco y negro de los personajes -"no serían creíbles"- que representan dos mundos diametralmente opuestos.

Como lágrimas de Dios

Tanto Dolores Morales como Lord Dixon, personas insobornables, unidas en su repudio total al enriquecimiento personal y los abusos de poder de sus viejos compañeros sandinistas, no ocultan su condición de auténticos machos nicaragüenses, dispuestos a conquistar a cualquier mujer, preferentemente de "formidable nalgatorio".

Los dos comparten también el gusto por los placeres etílicos, aunque siempre defienden orgullosamente su origen humilde, como cuando Dolores Morales insiste en pedir en el lujoso casino Josephine de Managua "ron nacional, el ron de los pobres", o cuando satisface su apetito con "carne del diablo", un manjar del proletariado nicaragüense de terrible reputación gastronómica.

Managua, una ciudad nada cosmopolita, que aún el día de hoy muestra las heridas abiertas por el devastador terremoto de diciembre de 1972, es el escenario principal en el que se desarrolla la trama de esta novela policiaca "diferente".

En todas sus visitas a posibles testigos o cómplices del crimen, Dolores Morales lleva al lector en su desvencijado automóvil Lada, de fabricación rusa, cual "inspector Colombo", por las calles de la ciudad, atascadas por un tráfico caótico, a menudo agravado por manifestaciones reprimidas violentamente por las fuerzas antidisturbios, o inundadas por alguna de esas lluvias de verano que caen del cielo como lágrimas de Dios.

Autor: PK/ELM/dpa

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