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Política

Seguridad, defensa e intereses

En una Conferencia sobre Política de Seguridad y Defensa, en Berlín, quedó de manifiesto una gran divergencia de intereses entre países involucrados en el conflicto de Afganistán.

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Panel en la V Conferencia sobre Política de Seguridad y Defensa: intereses divergentes.

En la "Conferencia sobre Política de Seguridad e Industria de Defensa", organizada anualmente por el periódico económico alemán "Handelsblatt" y que este año tiene lugar en Berlín los días 9 y 10 de septiembre, participan políticos de alto rango y expertos de las áreas de defensa, armamento, militar y de seguridad.

Una de las principales enseñanzas de la historia de Afganistán es que ningún ocupante logró permanecer en el país por mucho tiempo. Así la experimentó por ejemplo la Unión Soviética, que invadió Afganistán en diciembre de 1979 y lo abandonó en febrero de 1989, luego de perder, según cifras oficiales, casi 14.500 soldados, mientras que las víctimas afganas se calculan en más de un millón.

En esa guerra, las milicias islamistas, que se filtraban en Afganistán desde Pakistán, fueron apoyadas por Estados Unidos con material de guerra. Decisivos fueron sobre todo los cohetes antiaéreos "Stinger", con los que las guerrillas islámicas, entre otras también la de Osama bin Laden, abatieron entre 200 y 300 aparatos aéreos soviéticos, entre helicópteros y aviones.

Proceso con rostro afgano

Sin duda teniendo presentes esas experiencias históricas, el ministro alemán de Defensa, Franz Josef Jung, subrayó que es absolutamente necesario "dar al proceso un rostro afgano", es decir, traspasar la responsabilidad de la guerra mayoritariamente a fuerzas armadas regulares locales, "porque sólo militarmente no vamos a ganar la guerra".

Consciente de ello, el ministro de Relaciones Exteriores de Afganistán, Rangin Dadfar-Spanta, advirtió que si los esfuerzos de la comunidad internacional en Afganistán fracasan no sólo fracasa el país, sino toda la región y el mundo. Dadfar-Spanta afirmó también que la comunidad internacional no posee una estrategia civil-militar unitaria para la reconstrucción del país, aludiendo a la división del país en sectores en los que diversos países han asumido responsabilidades militares y de asistencia civil.

Progresos ve, no obstante, el vicesecretario general de la OTAN, el italiano Claudio Bisogniero, quien destacó que "desde el comienzo de la misión internacional en Afganistán, hace siete años, mucho se ha alcanzado" y que "mientras la OTAN esté presente en Afganistán, los talibanes no volverán al poder".

Sin embargo, tampoco Bisogniero ahorró críticas, sobre todo a Pakistán, que "puede y debe hacer más". Un representante del gobierno pakistaní manifestó que no entendía la falta de confianza y resaltó que miles de efectivos pakistaníes, entre soldados y policías, luchan contra el terrorismo.

"La verdad es todo lo contrario"

Todo lo contrario opina Dadfar-Spanta, que acusó a Pakistán de apoyar al terrorismo internacional con informaciones de los servicios de inteligencia y fuerzas militares. Pero el ministro también ve errores en el propio Afganistán. Entre ellos que "ex comandantes irregulares locales continúan siendo hoy figuras centrales con ejércitos propios". Además dijo que en el país reina una "cultura de la impunidad", los barones de la droga "adquieren cada más importancia" y la red terrorista de Al Qaeda "desarrolla nuevas conexiones".

En vista de la enmarañada situación, no puede sorprender que el ministro alemán de Defensa constatara que la situación de seguridad en el norte de Afganistán, de responsabilidad alemana, se haya vuelto más crítica en los últimos tiempos. Una razón de ello ve Jung en que "los talibanes no tienen en el sur el éxito que desean", por lo que se han volcado más hacia el norte.

Claro quedó ya en el primer día de la conferencia que la realidad afgana es complicada, con numerosos actores con intereses divergentes y un desenlace a largo plazo impredecible. Ello no es en realidad nada nuevo.

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