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Alemania

Schröder defiende su línea anti-bélica

El canciller alemán refutó ante el parlamento las críticas opositoras y reiteró su convicción de que se puede evitar una guerra contra Irak. Dos mociones dirigidas a forzarlo a modificar su postura fueron rechazadas.

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Schröder previene de aceptar la guerra como instrumento político.

Los argumentos eran de sobra conocidos. No obstante, el debate que se realizó en el parlamento federal sirvió para aclarar conceptos de fondo relativos a la política alemana con respecto a Irak. El canciller Gerhard Schröder no se mostró esta vez como un gobernante abatido por los recientes fracasos electorales de su partido y los agobiantes problemas internos del país, sino como un estadista consciente de contar, en este punto, con el respaldo de una amplia mayoría de la población.

Alegato contra la guerra

En un apasionado discurso ante el Bundestag, subrayó que aún "no es demasiado tarde para lograr el desarme del régimen iraquí por la vía pacífica" y previno de volver a acostumbrarse paulatinamente a considerar que la guerra es un instrumento normal de la política.

No menos vehemente fue el ministro de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, quien advirtió contra el peligro de desatar una "guerra entre las civilizaciones", que podría acarrear "consecuencias fatales". En este contexto, criticó una vez más las prioridades que sienta Washington, puntualizando que hasta el día de hoy no ha recibido respuesta a la pregunta de cómo, a partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001, se puede derivar una guerra contra Irak. El jefe de la diplomacia berlinesa reconoció que la amenaza emanada de las armas de exterminio masivo debe ser tomada en serio, pero puntualizó que "no se puede elevar seriamente la guerra a la categoría de estrategia" para conseguir la erradicación de ese tipo de arsenales a nivel mundial.

Fidelidad a Estados Unidos

Ese es un argumento de fondo, que la oposición no abordó ni refutó. En cambio, la jefa de la Unión Cristiano-Demócrata, Angela Merkel, volvió a acusar al canciller de emplear el tema de Irak para fines políticos internos y de seguir una línea confusa y errónea en la materia. Desde las bancas opositoras se reprochó al gobierno no contribuir a evitar la guerra, sino volverla incluso más probable al debilitar la amenaza de represalias destinada a forzar a Saddam Hussein a enmendar rumbo. Además se hizo hincapié en el aislamiento en que ha caído Berlín, y en la lealtad que Alemania debe a sus aliados, comenzando por Estados Unidos.

Tanto Schröder como su ministro de Relaciones Exteriores rechazaron categóricamente cualquier inclinación antiestadounidense, pese a las discrepancias imperantes en torno a la crisis iraquí. En la misma línea, el ministro de Defensa, Peter Struck, recordó que Alemania garantizó a Estados Unidos el derecho a sobrevolar territorio germano y a utilizar las bases norteamericanas existentes en el país, en caso de guerra. Igualmente hizo notar que cerca de 1000 soldados alemanes protegen las instalaciones estadounidenses. Por otra parte, en las filas gubernamentales se aseguró que los alemanes cumplirán los compromisos con la OTAN, donde probablemente el fin de semana se llegue a un acuerdo sobre el pedido turco de apoyo defensivo.

Dificultades opositoras

Más que eso no está dispuesto a hacer Berlín, fiel a su decisión de no tomar parte en una intervención militar contra Irak. Así lo reiteraron los políticos oficialistas en el debate, donde la oposición fracasó en su intento de acorralar al canciller y forzarlo a cambiar de rumbo, mediante dos mociones parlamentarias. Ambas fueron rechazadas en votación pública, por amplia mayoría. De hecho, a los detractores de Schröder les está resultando difícil convencer con su discurso de que no desean la guerra pero, al mismo tiempo, consideran fundamental secundar a Washington. En consecuencia, los puntos de hoy se los llevó el gobierno.

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