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Sociedad

Schlöndorff: un golpe de suerte para el cine

Volker Schlöndorff llevó reconocimiento y prestigio al cine alemán. El director es mucho más que un buen trabajador y especialista en literatura. El 31 de marzo de 2009 cumplió 70 años.

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Volker Schlöndorff

Probablemente, si el cine alemán de los años 80 y 90 hubiera tendido más hacia su estilo, y menos hacia el intelectualismo y la supuesta comedia de especialistas, la cinematografía alemana no se habría hundido en un sinsentido que finalmente llegó a su fin en el nuevo siglo con una nueva y joven generación.

Volker Schlöndorff, que celebró su 70 cumpleaños el 31 de marzo de 2009, ha sido siempre un personaje con dos facetas: un trabajador y experimentado director, pero también alguien con muchas cosas que decir. Un profesional inteligente.

Die Blechtrommel

Cartel de la película "Die Blechtrommel" (El tambor de hojalata).

Cuando Schlöndorff recibió un Oscar en 1980 en Los Ángeles por su adaptación cinematográfica de la novela El tambor de hojalata, nadie sospechaba que un par de años más tarde la racha de éxito en el que se encontraba el cine alemán tocaría a su fin.

La muerte de Rainer Werner Fassbinder fue tan sólo el trágico preludio de la consiguiente caída. Como otros antes que él, Schlöndorff aprovechó su reciente fama tras su triunfo en la Gala de los Oscars para poner sus miras en Norteamérica.

Literatura en los EE. UU.

Con su incursión en EE. UU., Schlöndorff se separó por primera vez del cine alemán en los años 80. No obstante, aún viviendo en Hollywood, nunca olvidó la raíz de su ser: la literatura.

La versión cinematográfica de la novela de Arthur Miller La muerte de un viajante (1985), con Dustin Hoffman, fue uno de sus primeras películas importantes que rodó allí. El cuento de la criada, novela de Margaret Wood, fue otro ejemplo.

Filmszene Homo Faber

Escena de la película "Homo Faber".

Con otra de sus versiones para la gran pantalla de una novela, el joven Schlöndlorff se lanzó directamente en 1966/67 hacia la cima del nuevo cine alemán. El joven Törless, de Robert Musil, era sin duda un material nada fácil de llevar al cine, pero Schlöndorff se las arregló para llevar a cabo semejante tarea con maestría.

Así, abrió la puerta a su nuevo estilo, que en sus mejores momentos se caracterizó por su profundidad literaria, impecable trabajo cinematográfico y profusión de momentos inolvidables.

Triunfo con el tambor

A partir de ese momento, Schlöndorff fue considerado como un “especialista de la literatura”, a pesar de que seguramente él nunca aspiró a ello. Hijo de un médico, perdió a su madre cuando era joven a causa de un accidente, y siempre ha sido un lector entusiasta. Cada noche se iba a la cama con un libro.

La literatura era para él, según sus propias palabras, tan importante como el cine, y entendía ambos conceptos como complementarios. El tambor de hojalata, con el genial papel protagonista del joven David Bennent, fue una obra que admiró incluso el mismo autor de la novela original, Günter Grass. Y eso dice mucho de la calidad de la actuación de aquellos tiempos.

Pause beim Dreh der Blechtrommel

Günter Grass, David Bennent y Schlöndorff durante el rodaje de "El tambor de hojalata".

Pero Schlöndorff también podía hacer otras cosas. Un hecho que ha desaparecido en el olvido con los años, quizás porque Schlöndorff , dentro del círculo de conocidos productores de su generación, nunca se destacó especialmente.

Nunca llegó a flotar en la gloria de la que gozaba, por ejemplo, Alexander Kluge. Siempre permaneció con los pies en la tierra, como el trabajador eternamente ausente Wim Wenders, y nunca se permitió escapadas insólitas con sus actores, como lo hizo Werner Herzog en su viaje a la jungla del Amazonas.

Elocuente trabajador público

Schlöndorff siempre ha tenido buenas relaciones con la opinión pública, se mostró elocuente y abierto, interesado en el trabajo de sus colegas y en la situación del cine en Alemania en general. También podía haber hablado de sus malos momentos allí, como lo demuestra su autobiografía publicada en 2008, cuya lectura es más que recomendada: Luz, sombra y movimiento. Una sorprendente obra sobre cómo y dónde aprendió el director sobre su trabajo, las cualidades que lo hacen único en el cine alemán de la posguerra.

Louis Malle

Louis Malle, profesor e íntimo amigo de Schlöndorff.

Schlöndorff adquirió este conocimiento con los franceses. Como escolar y estudiante, permaneció muchos años en el país vecino. El productor cinematográfico aprendió pasando por todos los niveles conducido por las grandes figuras del momento: Jean-Pierre Melville, Alain Resnais, y ante todo, Louis Malle. Éste último fue su querido profesor e íntimo amigo.

Más adelante en el tiempo, Schlöndorff volvería una vez más a mirar al cine francés con la poco afortunada Un amor de Swann, de Marcel Proust.

Comprometido con la política alemana

Schlöndorff se ha mostrado esporádicamente en su tierra natal una y otra vez como un director políticamente activo y comprometido. Durante la producción de la obra de Böll El honor perdido de Katharina Blum, se involucró en proyectos de cooperación, como Alemania en otoño y Guerra y Paz.

Recientemente, realizó un impresionante estudio sobre el tema de la responsabilidad en los tiempos nazis ( El día noveno), el procesamiento terrorista El silencio tras el disparo, o también el drama interpretado en Polonia sobre el movimiento pro-demócrata polaco Strajk- la heroína de Danzig. Asimismo, trabajó ocasionalmente en Babelsberg como director de un estudio de cine local.

Filmszene Die verlorene Ehre der Katharina Blum

Fotograma de la película "El honor perdido de Katharina Blum".

El cine alemán puede considerarse afortunado durante las últimas cuatro décadas por haber conocido un productor de tan alto nivel. No sólo porque atrajo gran reconocimiento para las películas nacionales con la palma dorada de Cannes y un Óscar, sino, sobre todo, porque produjo muchos largometrajes de gran importancia y dignos de ver durante un largo periodo de tiempo sin perder nunca de vista su vida y su realidad como artista y permaneciendo siempre tan humano como en sus orígenes, conservando su integridad.

Autore: Jochen Kürten

Editor: Pablo Kummetz

Del mismo modo, Homo Faber, de Max Frisch, fue otro impresionante testimonio del manejo de Schlöndorff del material literario. El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll, fue uno más.

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