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Política

Sarkozy insta a construir la paz en el Mediterráneo

Más de 40 gobernantes de la UE, del norte de África y Medio Oriente se reunieron en París para dar vida a la Unión por el Mediterráneo. Nadie extrañó a Gaddafi, el gran ausente en la cumbre en que se lució Sarkozy.

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Mahmoud Abbas, Nicolas Sarkozy y Ehud Olmert: ¿buenos presagios para el Medio oriente?

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, estaba en su elemento y disfrutó a todas luces de su papel como anfitrión de la cumbre en que nació oficialmente la Unión por el Mediterráneo, una oportunidad ideal para presentarse como un estadista visionario, que juega en la primera liga de la política internacional. “Construiremos juntos la paz en el Mediterráneo, como la construimos en el pasado en Europa”, afirmó el mandatario galo con toda la solemnidad del caso. Y, para comenzar, pudo servir a sus huéspedes y al mundo, en bandeja, la buena noticia de que Siria y el Líbano están dispuestos a intercambiar embajadores, lo cual constituye todo un acontecimiento en vista de la historia de ambos países.

El “Club Med” de Sarkozy

La idea del acercamiento entre las riberas del Mediterráneo no es

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Mubarak y Sarkozy comparten la jefatura inicial.

nueva. Nació en 1995, cuando se puso en marcha el llamado “proceso de Barcelona”. Pero, no es mucho lo que se ha avanzado desde entonces. De ahí la determinación de Sarkozy de reflotar la iniciativa, en un marco políticamente mucho más ambicioso, con una estructura sólida al más alto nivel, que incluye cumbres cada dos años y una presidencia binominal para garantizar una igualdad entre los socios del norte y los del sur. El timón lo compartirán en esta primera etapa él y su homólogo egipcio, Hosni Mubarak.

Más de un año viene el presidente francés batallando por sacar adelante este “sueño” que ahora se cumple, aunque no sea en

Frankreich Mittelmeer-Gipfel Merkel Sarkozy

Merkel fue clave para la forma que adquirió la Unión por el Mediterráneo.

forma idéntica a la que había concebido originalmente. Sarkozy había imaginado en realidad un “club” más reducido, en el que sólo tuvieran cabida los países ribereños del Mediterráneo, lo cual no causó gracia en otras latitudes europeas. Sobre todo la canciller alemana, Angela Merkel, se opuso al surgimiento de una estructura paralela a la Unión Europea, imponiendo finalmente la inclusión de los 27 socios. Así, la Unión del Mediterráneo quedó convertida en esta “Unión por el Mediterráneo” que vio la luz en París.

Intenciones y realidades

El alcance que tendrá la nueva entidad es difícil de predecir. Algunos, como Alemania, apuestan principalmente por los aspectos prácticos contenidos en la agenda, como la construcción de plantas de energía solar y carreteras en la ribera sur del Mare Nostrum. En esta línea, el ministro de Relaciones Exteriores germano, Frank Walter Steinmeier, se mostró reservado en cuanto a los impulsos que podría imprimir la Unión por el Mediterráneo al conflicto del Medio Oriente. Demasiado grande es el abismo que separa a varios de los miembros de la Unión, que por lo visto ni siquiera pudieron superarlo para la tradicional foto de grupo.

Pero el realismo alemán no está a tono con el entusiasmo que desbordaron las autoridades francesas hoy en París, que llegó incluso a contagiar al primer ministro israelí, Ehud Olmert, induciéndolo a declarar que, a su juicio, “nunca se había estado tan cerca de un acuerdo en el proceso de paz como ahora”. Por lo pronto, se puede registrar que el mero hecho de que la cumbre haya podido reunir a figuras como Olmert y el presidente Sirio, Baschar al Assad, es todo un logro. Y eso basta para que Nicolas Sarkozy pueda celebrar un lucido éxito en el escenario político internacional, aunque el proyecto adolezca de múltiples debilidades.

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