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América Latina

Sanciones a Venezuela, "combustible para Maduro"

Las sanciones de EE. UU. a Venezuela “echan combustible” al discurso antiimperialista de Nicolás Maduro, dicen expertos, y lo que se necesita ahora son mediadores neutrales para propiciar un diálogo con la oposición.

Las relaciones entre EE. UU. y Venezuela parecen estar en su punto más álgido. Barack Obama ordenó ayer, lunes (9/3/2015) implementar sanciones contra varios funcionarios destacados del gobierno de Nicolás Maduro y declaró una “emergencia nacional” debido al “riesgo extraordinario” que representa la situación en Venezuela para la seguridad de Estados Unidos. Venezuela, por su parte, informó a través de su canciller, Delcy Rodríguez, que instruyó a todas las misiones diplomáticas del país a que denuncien una “agresión imperialista del gobierno de Estados Unidos”. "Considerar a nuestra noble patria una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos solo pretende justificar el intervencionismo imperialista", señaló la jefa de la diplomacia del país caribeño en un mensaje en la red social Twitter.

Thorsten Benner, directror del GPPi, Global Public Policy Institute.

Thorsten Benner, directror del GPPi, Global Public Policy Institute.

“Las sanciones de EE. UU. se entienden como reacción a la creciente brutalidad de las acciones de Nicolás Maduro contra la oposición”, dijo Thorsten Benner, director del Global Public Policy Institute (GPPI), de Berlín, en conversación con Deutsche Welle. Al mismo tiempo, añadió el experto, “echan combustible al discurso de Maduro, que se define como luchador de la resistencia contra el siempre amenazante imperialismo de EE. UU.”

La calificación por parte de Obama de la situación en Venezuela como un “riesgo para la seguridad de EE. UU.” es necesaria para que el gobierno estadounidense pueda poner en marcha sanciones contra determinadas personas”, explicó a DW Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales y Coordinador de la Escuela de Historia y Ciencias Sociales de la Fundación Getulio Vargas (FGV), de San Pablo.

El presidente estadounidense puso en funcionamiento una ley aprobada por el Congreso de EE. UU. el año pasado, que establecía la posibilidad de sancionar a individuos, pero no al país, por actos concretos. Lo ha hecho sancionando a siete funcionarios principalmente vinculados a la Policía, al Ejército y a la Justicia de Venezuela.

Según Stuenkel, las sanciones le vienen, lamentablemente, “de perillas” al gobierno venezolano, que se sirve de ese tipo de medidas o amenazas para legitimar la represión. “La decisión de EE. UU. le ha facilitado ahora eso a Maduro”, opina Stuenkel, ya que dificulta aún más el diálogo con la oposición, y con EE. UU. mismo”. Esta postura “relativamente agresiva” de EE. UU. hacia Venezuela, dice, “hará que el gobierno de Venezuela siga culpando a la oposición de trabajar conjuntamente con EE. UU. y de querer derrocar al gobierno de Maduro”. Esto es, en su opinión, “paso muy negativo” de EE. UU.

“Elecciones libres y limpias

De cara a las elecciones parlamentarias de este año en Venezuela, Oliver Stuenkel piensa que “el objetivo de cualquier tipo de mediación debe ser que se lleven a cabo unas elecciones parlamentarias libres y limpias”. Según él, el gran problema es “que en Venezuela no hay actores neutrales que puedan ser considerados legítimos. Al tomar partido contra el gobierno, EE. UU. ha perdido la posibilidad de mediar en un diálogo entre el gobierno y la oposición.”

Ya la situación en Venezuela es de por sí muy compleja, y la esperanza de los observadores es que si se llevan a cabo elecciones limpias eso evitaría que se produjeran más enfrentamientos violentos como los de los últimos días. Lo importante es, según ellos, asegurar que se posibilite un diálogo entre las partes en conflicto.

“Las sanciones unilaterales de EE. UU. no son ni serán una solución al problema grave que enfrenta Venezuela en términos políticos, sociales y económicos”, dijo, por su parte, a DW desde sus oficinas en Bogotá Javier Ciurlizza, director para América Latina y El Caribe del think tank independiente International Crisis Group, con base en Bruselas. Sin embargo, añadió, son también el producto de la incapacidad de otros órganos y mecanismos que tendrían que haber contribuido a que la crisis se resuelva. Aun cuando las sanciones sean de algún modo razonables, Ciurlizza coincide con Stuenkel y Benner en que “alimentan el discurso antiimperialista del gobierno de Caracas y convertir lo que es una crisis nacional en un problema bilateral Washington-Caracas, algo que no es.”

Rol de la UE ante la crisis venezolana

Javier Ciurlizza, director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, de Bruselas.

Javier Ciurlizza, director para América Latina y el Caribe del International Crisis Group, de Bruselas.

“Las relaciones entre la UE y Venezuela tampoco son las mejores”, dice Javier Ciurlizza. Hay un gran distanciamiento, y ha habido llamados reiterados del Parlamento Europeo, del Servicio Europeo de Acción Exterior respecto de la situación de los derechos humanos, que no han sido oídos por Venezuela. Lo que está pasando va a tener un impacto en esas relaciones, que van a seguir enfriándose. De acuerdo con Ciurlizza, “lamentablemente, el gobierno de Maduro se está quedando casi sin amigos en la comunidad internacional”.

Sin embargo, subraya, es sumamente importante que la UE siga adelante con sus gestiones y recomendaciones, porque siendo un jugador más neutral en relación con el conflicto en Venezuela podría tener esa autoridad que hace falta para mediar en el conflicto, que “afectará la situación económica en cuanto a inversiones, así como la estabilidad regional.”

Lamentablemente, los expertos coinciden en que todos los factores indican que la situación en Venezuela puede agravarse: “No se trata de solo de una confrontación política, que se pueda resolver en un diálogo, sino de una profunda crisis económica, sumada a un estado calamitoso de los servicios para la población y una escasez que alcanza a gran parte de los venezolanos", añade el experto. Es decir, que a la crisis política se le suma una crisis económico-social, sin que existan instituciones que puedan proporcionar salidas en el corto plazo. “Pienso que la situación podría empeorar dramáticamente”, pronostica Ciurlizza.