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Cultura

Rowohlt: una editorial y una leyenda de 100 años

La editorial Rowohlt cumple cien años. La exitosa casa de libros alemana es inseparable de la historia alemana del siglo XX y de la figura de dos generaciones de singulares editores.

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El logotipo de la editorial Rowohlt en un libro reciente

Ernst Rowohlt fundó hace un siglo una casa editorial que sufrió los altos y bajos de la historia alemana del siglo XX. A la vez, Heinrich María Ledig-Rowohlt, su hijo por muchos años ilegítimo, cumpliría ahora cien años. Esta exitosa empresa librera celebra y también homenajea a sus singulares fundadores con un extenso programa que comenzó en marzo en la feria del libro de Leipzig y culminará en la de Fráncfort, en octubre.

Una leyenda viva

“Arrastrando tras sí a escritores norteamericanos y con un Montecristo en la comisura de los labios, Heinrich Maria Ledig-Rowohlt se consumía las noches en la Reeperbahn”, así describe la emisora Deutschlandfunk las noches en la zona roja de Hamburgo de las cuales era asiduo el entretanto exitoso editor de los folletines ro ro ro: los rowohlt rotations romane costaban en 1945 menos que un paquete de cigarrillos. Y en la maltrecha Alemania de la inmediata postguerra se vendieron por millones.

Poco después, Ledig-Rowohlt viajó a Nueva York y se introdujo en el mundo de los libros de bolsillo. Y se trajo la semilla para plantarla en Alemania. Fue la revolución democrática del mercado del libro: de pronto hubo libros de Simone de Beauvoir, Sartre, Camus, Nobokov, Jean Genet, Italo Svevo y John Dos Passos para todos, en edición de bolsillo, por poco dinero. En la edición jubilar de los cien años de la editorial se recalca la tenacidad y singularidad de ambos Rowohlt; que convirtieron una editorial en un hogar para escritores. Ernest Hemingway y Henry Miller se contaban entre ellos.

100 Jahre Rowohlt Verlag

Edificio de la editorial

El primer Rowohlt

Con un librito de poemas de un amigo comenzó Ernst Rowohlt su carrera el 10 de marzo de 1908; dos años después fundaba junto con Kurt Wolff en Leipzig una casa editorial que en cuatro años publicó más de 30 títulos. El éxito de la empresa no pudo evitar “el choque entre la delicadeza de Wolff y la fiesta permanente que representaba Rowohlt”, asevera el diario Die Welt. En 1919 fundó otra vez su casa, esta vez en Berlín y durante los dorados años veinte. Su ingenio y personalidad lo convirtieron pronto en una institución cultural. Kurt Tuscholsky, Hans Fallada y Walter Benjamin publicaron en Rowohlt. Luego vinieron los escritores norteamericanos.

Y luego fueron dos

Durante la gran crisis económica mundial, Rowohlt se trajo a trabajar con él a su hijo, hasta ese momento ilegítimo. Si la empresa estaba en 1931 al borde de la quiebra, para 1933 había recobrado bríos. Pero llegó el nacionalsocialismo, y la mayoría de sus autores pasaron a las listas negras de los nazis. En 1943, la editorial Rowohlt fue clausurada y Heinrich Ledig-Rowohlt fue enviado al frente. Pero ni la crisis ni la guerra pudieron con ellos. Ya en 1945 había conseguido de los aliados una licencia para publicar.

Rororo Logo

ro ro ro, en la página web

Después de la muerte del primer Rowohlt, un tercero se unió a la empresa, Harry Rowohlt, que más que por pasión por la editorial se hizo famoso por su amor a las traducciones. Hasta 1982 llevaron los dos hermanos la empresa; ahí pasó a manos del consorcio Holtzbrinck de Stuttgart.

Aunque ya no le perteneciera, Heinrich siguió unido a Rowohlt hasta su muerte en Nueva Delhi, en un congreso internacional de editores. Poco antes de ello y siendo toda una leyenda viva recordaba al primero de la dinastía: “Una vez volví de Londres completamente infectado de Faulkner . Entonces nos decidimos a comprar Luz en agosto…Es que con mi padre uno podía ir a robar caballos literarios”.

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