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Europa

República Checa entregó Presidencia de Unión Europea

La Presidencia de la Unión Europea cambia de manos este 1º de julio: Suecia asume el mandato con grandes retos y la República Checa culmina una gestión marcada por sus conflictos internos, pero pocos pasos en falso.

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Paisaje urbano de Praga, capital de la República Checa.

“Desde un principio estuve convencido de que la República Checa tendría éxito en la presidencia de la Unión Europea. El hecho de que, a pesar de su crisis política, Praga haya obtenido logros tan notables es digno de elogio. A la República Checa no se le pueden echar en cara errores mayores”. Con estas palabras se pronunció José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión Europea, sobre la gestión de una de las naciones comunitarias más jóvenes.

“Hemos demostrado que también un nuevo miembro de la Unión Europea, aún siendo uno pequeño, puede mover algo en el continente; no solamente agitando el polvo, sino dejando un rastro memorable”, dijo, por su parte, el propio Jan Fischer, Primer Ministro checo, haciendo un balance de lo que han representado los últimos seis meses para el país que lidera. El miércoles 1º de julio, la República Checa entrega la Presidencia de la Unión Europea a Suecia.

Dos pruebas de fuego

La presidencia comunitaria de la República Checa comenzó el 1º de enero de 2009 respondiendo a dos pruebas de fuego. Pocos días después de que el otrora Primer Ministro checo, Mirek Topolánek, asumiera la silla de mando, Europa se vio amenazada por un desabastecimiento de gas a causa del conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania.

A la “crisis del gas” se sumó la intensificación de la coyuntura palestino-israelí en Gaza. La primera fue resuelta exitosamente por Topolánek; pero la segunda se erigió en un reto mayor para la República Checa, un país con poca experiencia en materia de negociaciones a escala internacional.

Una gestión accidentada

La cumbre Europa-Estados Unidos representó uno de los momentos estelares de la República Checa como presidente de la Unión Europea. El importante encuentro celebrado en Praga en abril de 2009 sirvió de escenario para la primera presentación pública de Barack Obama –quien entonces se estrenaba como primer mandatario de la nación norteamericana – y también para atenuar los temores, surgidos recientemente, de que el país de Europa Oriental no estuviera en capacidad de atender sus responsabilidades.

Y es que a finales de marzo de 2009, poco antes de la cumbre Europa-Estados Unidos, el Gobierno conservador de Mirek Topolánek fue derribado por una moción de censura iniciada por sus opositores socialdemócratas en el Parlamento checo. En su lugar quedaría Jan Fischer –antiguo jefe de la Oficina Nacional de Estadística checa –, quien se mostró decidido a resguardar el orden constitucional hasta octubre de 2009, cuando se celebrarán las elecciones adelantadas en su país, y a terminar la presidencia semestral de la Unión Europea.

Fricciones con secuelas

Se estaría mintiendo si se dijera que la República Checa y su imagen en el Viejo Continente no sufrieron debido a los sucesos de su política interior. Puertas adentro se forcejeó durante meses para ratificar el Tratado de Lisboa, el documento que sustituye a la polémica Constitución para Europa en la búsqueda de darle a la Unión Europea una personalidad jurídica y capacitarla para firmar acuerdos internacionales a escala comunitaria.

Aunque ambas cámaras del Parlamento checo terminaron aprobando el Tratado, la firma del Presidente Václav Klaus sigue brillando por su ausencia hasta hoy. Klaus, que es un conocido escéptico en lo que a los beneficios de la Unión Europea se refiere, atrajo la atención del continente más de una vez al orear sus dudas en torno al sentido de las elecciones de diputados para el Parlamento Europeo.

De Topolánek a Fischer

No obstante, hacia el final de su gestión como Presidente de la Unión Europea, el país gobernado oficialmente por Jan Fischer desde el 9 de mayo, tuvo oportunidad suficiente para sumar puntos a su favor. Algunos observadores señalan que el contraste entre el talante reservado de Fischer y el carácter más bien tosco de su predecesor, Mirek Topolánek, hicieron posible que la República Checa culminara su mandato exitosamente.

“Con frecuencia se afirma que el éxito de nuestro paso por la Presidencia de la Unión Europea se debe medir por el éxito de la última cumbre celebrada. Yo espero que así sea, porque nuestra cumbre de junio fue un éxito absoluto”, exclamó Fischer, refiriéndose a la Cumbre del Consejo Europeo celebrada el 18 y 19 de junio de 2009 en Bruselas.

Lo que heredan los suecos

De hecho, la República Checa alcanzó todas las metas que ella misma se había propuesto. Solamente un punto quedó sin resolver: las negociaciones para la entrada de Croacia a la Unión Europea fracasaron debido a las querellas fronterizas entre Croacia y Eslovenia. Este es solamente uno de los problemas que heredará Suecia al hacerse cargo de la Presidencia de la Unión Europea el 1º de julio de 2009.

El debate en torno al Tratado de Lisboa; la crisis financiera global; los crecientes niveles de desempleo a escala continental; la cita de diciembre en Copenhague para debatir sobre protección ambiental y sus efectos sobre la economía; y las riñas entre los países miembros de la Unión Europea por los cargos de la Comisión Europea, tras las elecciones del Parlamento Europeo, le asegurarán, no sólo a los suecos, un semestre bastante entretenido.

Autor Evan Romero-Castillo

Editor: José Ospina-Valencia

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