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Alemania

Rejas para la vejez

En Alemania existe un centro penitenciario especialmente dedicado a personas de la tercera edad. Los internos reciben un trato humano, pero esto sólo aminora las duras condiciones de la vida en prisión.

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Un interno atisba la ansiada libertad.

Peter M. tiene 68 años de edad. Se encuentra sentado traquilamente, enfundado en su camiseta blanca y sus pantalones del mismo color. Su celda con cama, armario y televisor luce impecable. “Trabajo en la cocina y me causa enorme placer. En casa era cocinero aficionado”, dice con ilusión. Pero cuando vuelve la mirada hacia la ventana enrejada, se le hace un nudo en la garganta.

Peter es uno de los 50 internos que cumplen condena en la única prisión especial para adultos mayores de Alemania. La prisión se ubica en la localidad de Singen, en el sur del país. Ahí ingresan hombres mayores de 62 años, sentenciados a penas mayores a 15 años de cárcel.

Ingreso seleccionado

“Aquí no entra nadie que corra el riesgo de darse a la fuga, o que represente un peligro para los demás internos”, dice la directora del centro penitenciario, Ellen Ahlbeck. Y es que los presos de Singen gozan de libertades excepcionales. La mitad de las celdas permanece abierta prácticamente todo el día, desde las siete de la mañana a las ocho de la noche.

Deutschlands einziges Seniorengefängnis in Singen

Thomas Maus, funcionario del reclusorio.

“Cerrada hacia fuera y abierta hacia adentro”: con estas palabras describe el concepto del penal Thomas Maus, funcionario del mismo. “En las otras cárceles son los jóvenes los que marcan el tono, mientras los viejos son dejados de lado”, agrega. Es por ello que desde 1970 se decidió construir un centro penitenciario exclusivo para adultos mayores.

La idea siempre se ha enfrentado a críticas. Pero la directora Ahlbeck las refuta. “No somos un cómodo ancianato”, dice. “Después de todo, un tercio de los internos están aquí por haber cometido delitos sexuales o violentos, o fraudes”.

Problemas de la vejez

La misión de este presidio es especial. Un aspecto fundamental consiste en mantener a los internos en buena condición física, a fin de mantener en lo posible su independencia. Así, son ellos quienes determinan su propio horario de actividades. Las instalaciones penitenciarias incluyen un gimnasio, así como mesas de billar y tenis de mesa. A todo ello se agrega una biblioteca.

Debido a su avanzada edad, muchos internos padecen de diabetes o trastornos del sistema circulatorio. Otros sufren enfermedades de la próstata. A algunos les espera un futuro incierto luego de abandonar la prisión de Singen: han sido abandonados por sus familias debido a la naturaleza de sus crímenes.

Adolf B. sitzt am 18.11.2008 in seiner Einzelzelle im einzigen Seniorengefängnis Deutschlands in Singen Landkreis Konstanz

Las celdas son estrechas, pero limpias.

Otros, como Peter, tienen una perspectiva más clara. Él tendrá un espacio propio en la casa de su hija y podrá disfrutar de sus ansiados paseos por el bosque. Bajo estas condiciones, las cárcel de Singen le parece como un “sanatorio”. Pero no se engaña acerca del presente. “La vida aquí es muy, muy difícil”, dice Peter, a manera de despedida.

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