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Economía

¿Quién se llevó mi queso de siempre?

¿Cuánto de queso tiene realmente la pizza congelada o el pastel gratinado que se compra preparado en los supermercados? Mucho menos de lo que uno cree, según denuncia la Central de Consumidores de Hamburgo.

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Al queso de siempre le ha salido competencia.

Eso de pasar “gato por liebre” es una treta de antigua data. En este caso, se trata de pasar una masa compuesta de agua, grasas vegetales, proteínas lácteas y saborizantes... por queso. Queso análogo es la designación frecuentemente utilizada para designar este producto, que entretanto se abre paso en el mercado y suele aterrizar en pizzas, lasagnas y diversas comidas preparadas, entre las que el común denominador debería ser precisamente el queso.

Avance en el mercado

Pizza auf einem Teller

No todo lo que se derrite es queso.

Ya el año pasado, las organizaciones holandesas de consumidores hicieron sonar las alarmas ante el avance del pseudo-queso en el país del gauda. De acuerdo con los resultados de un test, dados a conocer por el canal de TV RVU, entre el 25 y el 40% del queso que se encuentra en productos preparados en Holanda corresponde a esta imitación. Y el porcentaje va en aumento.

En Alemania, el panorama tampoco difiere mucho. Según el programa Frontal 21, de la segunda cadena de la televisión germana (ZDF), se estima que en este país se producen anualmente unas 100.000 toneladas de queso análogo. Las ventajas son muchas... para los productores y comerciantes. En primer lugar, está el factor del costo. De acuerdo con informaciones publicadas en la página de la Central de Consumidores de Hamburgo, se trata simplemente de una estrategia para maximizar beneficios, ya que el sustituto resulta entre un 30 y un 40% más barato que el original.

Más resistente que el teflón

Otra ventaja para productores y comerciantes radica en que el queso análogo se puede adaptar mejor a las necesidades de la industria alimentaria y resiste temperaturas de hasta 400 grados. “Hasta el robusto teflón se derrite a 372 grados”, se hace notar en el reportaje de Frontal 21.

La imitación de queso no pone en peligro la salud de la gente. Pero sí constituye un engaño, a juicio de la central hamburguesa, porque la gente no sabe lo que está comprando y comiendo. He hecho, resulta extremadamente difícil diferenciar el sabor del queso auténtico del de esta réplica de la moderna industria alimentaria. Por eso, los defensores del consumidor alzan ahora la voz y exigen al menos que los productos en cuestión lleven la correspondiente identificación en la etiqueta. Y, en espera de que eso ocurra, han decidido tomar la sartén por el mango y revelar en su página de internet, con nombre y foto, algunos de los productos que contienen queso análogo en lugar del verdadero, para que al cliente no le sigan pasando gato por liebre.

Autora: Emilia Rojas

Editora: Eva Usi

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