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El Mundo

"Querer derrotar al EI y a Al Asad al mismo tiempo es una ilusión"

Todas las partes tienen sus propios intereses a la hora de ofrecer sus teorías sobre la tragedia del avión ruso en el Sinaí. Michael Lüders, experto en Cercano Oriente, explica a DW su visión sobre el asunto.

Deutsche Welle: Señor Lüders, Washington y Londres parecen estar seguros de que a bordo del avión que se estrelló en Egipto iba una bomba y que se trataría de un atentado del Estado Islámico. ¿Cómo explica usted que hasta ahora los rusos se hayan mostrado tan reservados al respecto?

Michael Lüders: Creo que, en general, hay que ser muy cauto con la atribución de posibles autorías, sobre todo en los primeros momentos. Hasta ahora no está nada claro quién está detrás de la tragedia aérea. Cada parte que se pronuncia al respecto tiene sus propios y divergentes intereses. A Egipto no le conviene que se considere al Sinaí como un lugar donde opera el terrorismo del Estado Islámico. Ello implicaría un desplome total del turismo en la región. Los rusos no quieren inquietar a sus compatriotas ni dar la impresión de que una nave rusa puede ser alcanzada por un misil del Estado Islámico. Ahora, británicos y estadounidenses sospechan que a bordo del avión podría haber viajado una bomba. Hasta el momento no hay pruebas de ello, aunque no puede descartarse que en el aeropuerto de Sharm el Scheij alguien haya conseguido introducir un artefacto explosivo en la nave. Las normas de seguridad en los aeropuertos egipcios son más bien laxas, si las comparamos con los aeropuertos europeos. Pero hay que andarse con cuidado. Los americanos y los británicos se apresuran, porque quieren hacer entender a los rusos que ese es el precio que pagan por su compromiso en Siria.

¿Han pretendido los rusos abarcar más de lo que pueden en Siria?

Los bombardeos rusos en Siria y la tragedia aérea del avión ruso son dos cosas diferentes. Rusia lleva a la práctica su política de poder en Siria. A los rusos les interesa que sobreviva el régimen de Al Asad, pues Siria es para los rusos, como para los iraníes, el único aliado que le queda en el mundo árabe y a ninguno de estos dos países, ni tampoco a China, le interesa que Siria caiga “en manos” de Occidente o que sea completamente conquistada por el Estado Islámico. Occidente critica los ataques rusos, pero, después de todo, lo que Rusia hace es llevar a la práctica una política de poder tan desconsiderada como ya en el pasado hicieron algunos Estados occidentales, Turquía y países del Golfo que desean la caída del régimen de Al Asad. Finalmente, la población siria es la que paga el precio de todo esto, pues la paz está muy lejana.

Michael Lüders es experto en Cercano Oriente.

Michael Lüders es experto en Cercano Oriente.

¿No es motivo de preocupación que el Estado Islámico haya retado a un poderoso enemigo?

Desde la perspectiva del Estado Islámico, nada es más deseable que una intervención de potencias extranjeras, también con tropas terrestres, en Siria o en Irak. Por supuesto que los ideólogos del Estado Islámico saben que ninguna potencia extranjera puede ganar en Siria, Irak o Irán una guerra de guerrillas. La intervención de un Estado occidental o incluso de la propia Rusia con tropas terrestres sería bienvenida por el Estado Islámico, porque así podría presentarse como un baluarte contra el imperialismo.

¿No bastaría una alianza de las potencias occidentales, EE.UU. y Europa, con Rusia para vencer al Estado Islámico?

En principio sí, pues todos tienen al mismo enemigo. Los estadounidenses intentaron coordinar con los rusos sus ataques militares contra el Estado Islámico, pero, naturalmente, todavía hay diferencias en lo tocante al régimen de Al Asad, que Occidente quiere derrocar, y los rusos y chinos, que quieren evitar precisamente eso. Hasta ahora, la lógica occidental se proponía luchar contra el Estado Islámico y derrocar a Al Asad. Este objetivo se ha revelado como una ilusión, no es algo que pueda hacerse militarmente. Aunque el régimen de Al Assad llegara a estar tocado y no pudiera sobrevivir sin los apoyos de Irán Rusia, siempre habrá sirios, y eso suele pasarse por alto, que, puestos a elegir entre Al Asad y el Estado Islámico, prefieran al actual Gobierno. Y esa es en realidad la disyuntiva. Muchos defensores de una intervención militar occidental en Siria creen que, tras Al Asad, vendrán la libertad, la democracia, los derechos humanos y un Gobierno moderado, pero eso no es así.

Michael Lüders es islamólogo, politólogo y escritor. Preside la Fundación alemana para Oriente y la Sociedad germano-árabe

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