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Europa

¿Qué sabía la UE sobre el espionaje de EE.UU.?

Un estudio sugiere que en la Unión Europea se conocía desde hace más de un año el alcance de las prácticas de vigilancia del Gobierno estadounidense. ¿Por qué no se hizo nada para proteger a los ciudadanos comunitarios?

Cuando el diario británico The Guardian y el estadounidense The Washington Post hicieron público el alcance de las prácticas de vigilancia secreta de la Casa Blanca, posibilitadas por el programa PRISM, muchos europeos reaccionaron con asombro e indignación. Pero a los expertos en informática que dominan el tema de la protección de datos no les sorprenden para nada las revelaciones que Edward Snowden –ex asistente técnico de la CIA y empleado indirecto de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA)– le hizo a esos periódicos.

“La información que Snowden filtró sobre PRISM ya era conocida”, sostiene Benjamin Bergemann, uno de los autores del influyente blog alemán netzpolitik.org y miembro de la asociación Digitale Gesellschaft, dos voces fuertes en el debate germano sobre los límites de la vigilancia estatal y la regulación de las redes de comunicación. Según Bergemann, un informe solicitado por el Parlamento Europeo en 2012 dejó claro que la estrategia estadounidense de vigilancia global estaba activa desde el año 2008.

Edward Snowden, ex asistente técnico de la CIA y empleado indirecto de la NSA.

Edward Snowden, ex asistente técnico de la CIA y empleado indirecto de la NSA.

El informe dejaba muy mal parados a las instituciones comunitarias. Sus autores criticaban severamente el hecho de que “ni la Comisión Europea, ni los parlamentarios nacionales ni el Parlamento Europeo supieran nada sobre el ‘FISAA 1881a’. Esas siglas aluden a la ley Foreign Intelligence Surveillance Amendment Act que autoriza a los servicios secretos de Estados Unidos a escudriñar los datos contenidos en las “nubes” de los usuarios de Internet, independientemente de que sean ciudadanos estadounidenses o no.

La conclusión del estudio citado por Bergemann es que la Unión Europa (UE) no está protegiendo a sus ciudadanos como debería hacerlo. A juicio de Julien Jeandesboz, del Centro de Estudios de Conflictos (CEtC) y coautor del reporte en cuestión, el problema radica en que los europeos discuten sólo sobre los hackers, el robo de identidades virtuales o la regulación de las empresas de Internet. Y cuando se advierte sobre actividades de vigilancia estatal, se hace con la atención puesta en China o Rusia.

Cuando en la UE se advierte sobre los riesgos del espionaje estatal, no se suele aludir a EE.UU.

Cuando en la UE se advierte sobre los riesgos del espionaje estatal, no se suele aludir a EE.UU.

Durmiendo con el enemigo…

“Por razones políticas, las frágiles relaciones con Estados Unidos nunca estuvieron en el foco de Europa”, enfatiza Jeandesboz. Por otro lado, aclara Bergemann, cabe tomar en cuenta las especulaciones oreadas por el diario The Guardian: los servicios de inteligencia europeos pueden estar sacando provecho a las prácticas de vigilancia estadounidenses. Otro aspecto inquietante para muchos europeos es el desconocimiento de sus posibilidades de defensa legal frente a abusos cometidos por el Gobierno estadounidense.

Los internautas europeos pueden defender su derecho a la privacidad y al control de sus datos personales en los tribunales del bloque comunitario, pero no en Estados Unidos. ¿Qué pueden hacer entonces frente a la transferencia transnacional de sus datos? “Muchas de las leyes que se aprueban en Estados Unidos afectan a los ciudadanos de la UE”, señala Nicholas Hernanz, del Centro para el Estudio de las Políticas Europeas, un think tank con sede en Bruselas.

ARCHIV - Abgeordnete stimmen am 17.06.2008 während einer Sitzung im Europäischen Parlament in Straßburg ab. Am Mittwoch (13.03.2013) stimmen die Abgeordneten des EU-Parlaments über den Finanzrahmen bis 2020 ab. Foto: Christophe Karaba/epa/dpa +++(c) dpa - Bildfunk+++

Abstimmung im Europäischen Parlament in Straßburg ARCHIVBILD 2008

“Los lobbyistas estadounidenses han conseguido que las cláusulas de protección de datos desaparezcan de los convenios entre Estados Unidos y la UE cuando éstas son muy rigurosas”, denuncia Bergemann, coincidiendo con Jeandesboz en que la revelación de Edward Snowden sobre el uso dado al programa PRISM debería inspirar a Europa a defender sus nociones de derechos humanos y legalidad con mayor entereza. “La seguridad es el medio, pero no el fin”, subraya Jeandesboz.

Para Bergemann, excesos estatales como el uso del programa PRISM demuestran hasta qué punto se da por sentada la preeminencia de la lucha contra el terrorismo y la defensa de la seguridad nacional. El activista informático insiste además en que la tendencia a sacrificar el control de los propios datos en el altar del combate contra el terrorismo debe ser debatida, no sólo de cara a las prácticas de vigilancia de Estados Unidos, sino también frente a las ambiciones de control ciudadano de ciertos Gobiernos comunitarios.

Autores: Nina Haase / Evan Romero-Castillo

Editora: Emilia Rojas Sasse

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