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El Mundo

Prohibido reírse

Muchos humoristas y caricaturistas árabes critican la situación política en sus países, algo que no hace mucha gracia a sus gobernantes. Con argumentos poco convincentes, intentan hacer callar a sus críticos.

Portada de la revista marroquí Nichane sobre el humor en ese país árabe.

Portada de la revista marroquí "Nichane" sobre el humor en ese país árabe.

Un combatiente del grupo terrorista 'Estado Islámico' que viaja en un taxi se disgusta con el chófer y le ordena apagar la radio y la calefacción, puesto que estos aparatos todavía no existían en los tiempos del profeta Mahoma. Entonces, el taxista le pregunta a su cliente si en aquel tiempo ya había taxis. Claro que no, responde el combatiente. A lo cual el taxista frena en seco, y lo echa del automóvil. Este chiste fue transmitido en el programa de televisión libanés Ktir Salbe Show.

Al igual que muchos otros en el mundo árabe, este programa se burla de los combatientes del Estado Islámico (EI) y de su ideología. Esto puede ser peligroso, sobre todo en Siria, donde la milicia yihadista domina amplias zonas. Por ello, los actores que se mofan del EI prefieren cubrirse la cara ante las cámaras. Temen la venganza de los terroristas.

"De ninguna manera los combatientes del EI representan el verdadero islam", explica Nabil Assaf, uno de los autores y productores de Ktir Salbe Show. "Por ello, nos burlamos de ellos. Así, mostramos nuestro rechazo al extremismo", añade.

Bromas sobre política, sexo y religión

Las bromas y caricaturas políticas no lo tienen fácil en el mundo árabe. A muchos de los líderes de los países de Medio Oriente no les gusta que uno se ría de ellos. En 2006, por ejemplo, la revista semanal marroquí Nichane publicó una sátira sobre el humor en ese país. A los marroquíes les gustan los chistes y las bromas. Se ríen de política, sexo y religión. Estos chistes se cuentan en los patios de las escuelas, en las universidades, en las oficinas. Sin embargo, no está permitido leerlos. Quien los imprima y difunda, se hace culpable de "ofensa a la religión". De ahí que un tribual ordenara la suspensión de la publicación de la revista Nichane durante tres meses.

El dibujante de las manos rotas

En 2011, poco después de que estallaran las manifestaciones contra el gobierno sirio, el caricaturista Ali Farzat publicó algunos dibujos en los que criticaba al presidente Bashar al Assad. En agosto de ese año, hombres encapuchados lo asaltaron, y le rompieron una mano. Los agresores le advirtieron que no siguiera burlándose del régimen.

En 2011, hombres encapuchados agredieron al caricaturista Ali Farzat, y le rompieron una mano.

En 2011, hombres encapuchados agredieron al caricaturista Ali Farzat, y le rompieron una mano.

Ambos ejemplos demuestran que los caricaturistas en el mundo árabe tienen numerosos enemigos, tanto del ámbito religioso como del secular. Sin importar la ideología que representan, una cosa une a los líderes de los países árabes: temen las risas, son alérgicos a las bromas que retan el orden establecido. Por ello, las acusaciones de "ofensa" o "difamación" son instrumentos adecuados para hacer callar a humoristas indeseados. Pero, ¿dónde comienza la ofensa y dónde termina la libertad de expresión? Los caricaturistas que trabajan bajo regímenes autoritarios enfrentan altos riegos. "Como caricaturista árabe y musulmán que vive y trabaja en Cercano Oriente, el miedo a indignar a las personas equivocadas forma parte de la vida diaria", explica el dibujante sursudanés Khalid Albaih, en declaraciones a la emisora Al-Jazeera.

Censura y autocensura

La caricaturista egipcia Doaa al Adl comparte esta opinión. Los dibujantes siempre están bajo la sospecha de trabajar para organizaciones políticas, cuenta a DW. "El mayor problema es que siempre te asignar a un partido. Cuando dibujo caricaturas que critican al gobierno, sus adeptos sostienen que trabajo para los Hermanos Musulmanes. Cuando critico a estos, me acusan de trabajar para el gobierno".

A causa de sus propias experiencias, Albaih opina que es correcto que las sociedades occidentales insistan en la plena libertad de expresión. La tendencia de Charlie Hebdo muchas veces la considera hiriente y racista. No obstante, también en este caso aboga por la libertad de expresión. "De todo corazón me uno a aquellos que condenan el atentado de estos tres jóvenes".