Primer salón de belleza ″social″, en París | Sociedad | DW | 04.05.2011
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Sociedad

Primer salón de belleza "social", en París

Las mujeres parisinas de escasos recursos ya no tienen que renunciar a los tratamientos de belleza: un salón con fines sociales les brinda servicios integrales por una suma simbólica de tres euros.

Belleza para todos.

Belleza para todos.


Carniceros "halal" árabes con el delantal manchado de sangre empujan carritos de carne cruda por la calle, mientras una mujer grita algo incomprensible desde la ventana y unos perros comienzan a ladrar. El cartel rosa en la puerta del Salon Joséphine, en la rue Charbonnière del 18º distrito parisino, parece sacado de otro mundo. "Por la belleza de las mujeres", se lee en el cristal del primer salón social de belleza de Francia.

Por tres euros: peinado, uñas, maquillaje y yoga

La belleza como portadora de alegría y satisfacción.

La belleza como portadora de alegría y satisfacción.

Las salas, pintadas de rosa y blanco, huelen a esmalte de uñas y champú con extracto de limón. Tres empleados fijos y unos 30 honorarios se ocupan de las mujeres que en lo último que pensarían es en sí mismas: desempleadas, a menudo madres con muchos hijos y poco dinero.

Por la simbólica suma de tres euros reciben un programa completo de belleza: peinado, maquillaje o masaje, cursos de Pilates o yoga Y para que sólo quienes realmente no tengan medios se beneficien de la oferta, se examinan cuidadosamente los ingresos de las mujeres. Quien gane demasiado, tendrá que irse.

Nadia Hanouf ha llegado demasiado temprano. Esta empleada del sector editorial, de 47 años, tiene su primera cita en el salón social de belleza. "No me importa esperar, tengo tiempo", dice sonriente. Hace año y medio que se quedó sin trabajo y dentro de dos meses ya no tendrá derecho a la prestación de desempleo. Entonces, sólo recibirá 450 euros (665 dólares) de ayuda social al mes. ¿Cómo arreglárselas en una ciudad donde alquilar un estudio de 15 metros cuadrados cuesta al menos 600 euros?

Pero Nadia no pierde la esperanza. Sigue enviando currículos y asiste a entrevistas. En este sentido, el Salon Joséphine es una gran ayuda: aquí puede pedir prestada ropa, donada por una marca francesa, antes de las entrevistas. "La primera impresión es extremadamente importante", opina Nadia. Por supuesto que uno tiene que convencer también con el carácter, señala, pero la imagen abre primero las puertas.


El Salon Josephine colabora con la antidiscriminación social.

El Salon Josephine colabora con la antidiscriminación social.

“Princesas por un día”

Lucía Iraci, fundadora de este salón social, señala que "quiere ayudar a las mujeres sin medios a sentirse guapas". "La imagen de uno mismo y el ánimo están estrechamente ligadas", señala esta maestra peluquera, que además posee un lujoso salón de belleza en un barrio parisino "chic". "¿Por qué la belleza debe ser un privilegio de las mujeres ricas?", se preguntó. Y hace unos años comenzó a peinar gratis a mujeres sin dinero en su salón.

La idea era demasiado buena para quedarse en algo pequeño. Así que en 2006 Iraci fundó la Association Joséphine pour la Beauté des Femmes, una fundación por la belleza de las mujeres. Pidió donativos a las firmas cosméticas y marcas de moda e hizo un llamamiento a empresas y particulares para que sumaran su apoyo. En marzo de 2011 inauguró el Salon Joséphine.

La esteticista Anne Pellegrino viaja tres veces por semana desde Normandía a París para trabajar en el Joséphine. Vio un reportaje sobre el proyecto en televisión y quiso unirse de inmediato, para lo que tuvo que abandonar su salón de belleza en el norte de Francia. "Trabajar aquí me aporta mucho", dice esta madre de tres hijos. "A menudo vienen mujeres con rostros tristes. Pero pronto sienten lo bien que puede hacerles el salón, hablan con nosotros sobre sus problemas. Durante un día son las princesas."

Volver a vivir

Desde peluquería hasta pedicuría, Salón Josephine presta servicios sociales.

Desde peluquería hasta pedicuría, Salón Josephine presta servicios sociales.

A Victoria, de 58 años, le están pintando las uñas de los pies. De rojo oscuro, un color que siempre quiso probar. Hace 14 años llegó a París desde Isla Mauricio y poco después murió su marido. Desde entonces, trabaja una hora al día como empleada de limpieza, y cobra diez euros. No tiene derecho a ayudas estatales, sólo posee un permiso de trabajo y vive en casa de una amiga. "Me las arreglo", dice Victoria. Y sonríe.

La mujer habla del pasado, cuando era joven y bella, con una larga melena negra. Cuanto más mayor es uno, más hay que invertir, pero para eso le queda poco dinero. Sin embargo, desde que existe el Salon Joséphine puede volver a permitirse el pequeño lujo de la belleza. "Me siento fenomenal cada vez que salgo del salón. Y también mis amigos notan el cambio", señala. Y ya está deseando que llegue el próximo mes: entonces podrá disfrutar de un masaje en Joséphine.

dpa
Editor: Pablo Kummetz

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