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Europa

Premio al europeísmo de Merkel

Por su “sobresaliente aporte a la superación de la crisis de la Unión Europea”, Angela Merkel se convirtió en la cuarta mujer en recibir el Premio Carlomagno, que otorga desde 1950 la ciudad de Aquisgrán.

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Angela Merkel y el rey Juan Carlos tiene ya otra cosa en común: el Premio Carlomagno.

Los 5.000 euros con que está dotado son modestos. Pero el Premio Carlomagno, de la ciudad de Aquisgrán, es uno de los más prestigiosos de Europa y, sin duda, el más lucido galardón a los esfuerzos en pro de la integración del Viejo Continente. Este 1 de mayor lo recibió, con toda la solemnidad de rigor, la canciller alemana, Angela Merkel. Su mérito: haber sacado a la UE del empantanamiento en que se encontraba tras el fracaso de la proyectada Constitución Europea, logrando gestar los acuerdos necesarios para sustituirla por el menos ambicioso pero funcional Tratado de Lisboa.

Loas de Sarkozy

Angela Merkel erhält Karlspreis Rede Sarkozy

Sarkozy enfatizó los lazos franco-germanos en Aquisgrán.

Significativo resulta que haya sido el presidente francés el encargado del discurso laudatorio en esta oportunidad, teniendo en cuenta que fue precisamente el referéndum de Francia (y luego el de Holanda) lo que echó por tierra el sueño original de una Constitución para la Unión Europea. Nicolás Sarkozy alabó expresamente el “compromiso” y la “fuerza de voluntad” de Ángela Merkel, quien jamás se dio por vencida durante el semestre en que Alemania ocupó la presidencia de turno de la UE, ni dio su brazo a torcer cuando las negociaciones corrieron peligro de fracasar en la recta final.

Sarkozy destacó también la voluntad de continuar con el proceso de integración. “Estamos construyendo Europa”, dijo en la ceremonia a la que acudieron también anteriores galardonados con el Premio Carlomagno, como el rey Juan Carlos de España. Al mismo tiempo, subrayó que desde la II Guerra Mundial Alemania y Francia cargan con una “responsabilidad histórica” y “no tenemos el derecho de permitir que surjan malentendidos”. Estas palabras de seguro sonaron gratas a oídos alemanes, especialmente después de que hace unos meses se especulara sobre un enfriamiento en las relaciones entre París y Berlín.

Destino compartido

La canciller alemana retribuyó las gentilezas, comprometiendo el respaldo de su país para el segundo semestre en que Francia presidirá la Unión Europea. “Europa fue, es y será nuestro destino común”, subrayó Angela Merkel en Aquisgrán.

Angela Merkel erhält Karlspreis

''Somos el futuro de Europa", se lee en el cartel.

Y basta con dar una mirada a lo conseguido en las últimas décadas para comprender que no se trata de mera retórica, como lo expresó la gobernante alemana, recordando que “tras siglos de violentas confrontaciones, hemos logrado lo que apenas parecía imaginable: una convivencia pacífica y cordial en Europa”.

Recordar la esencia del gran sueño europeísta es, de hecho, el propósito de jornadas como la que se vivió en Aquisgrán con la entrega del Premio Carlomagno. Ello resulta tanto más necesario cuando la discusión política y la sobredimensionada burocracia de la UE amenazan con distraer de los enormes frutos de este proceso de integración que, sobre todo los más jóvenes, consideran ya algo común y corriente. Pero eso también es todo un logro.

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